Cosas de Escocia (III) – Ladies Walk

Una de las primeras paradas por el norte de Escocia fue la ciudad de Inverness. Pequeña para ciudad, grande para pueblo. La llaman la capital de las Highlands. Pasar por allí es sólo un breve anticipo para la vista de lo que queda por pasar ante tus ojos una vez te adentras en el verdadero corazón de las tierras escocesas del norte.

El tráfico era horrible y pronto entendimos por qué. El lago Inverness atraviesa toda la ciudad y consecuentemente hay multitud de puentes que son la única forma posible de comunicar un lado con el otro. Pasemos por una zona algo alejada del bullicio del centro y nos encontramos con sucesivos puentes peatonales. Me llamó poderosamente la atención éste por el que ¿alguna vez sólo pudieron caminar mujeres?

Cosas de Escocia (III) - Ladies Walk

Atardecer bicolor

Era una tarde de finales de septiembre. Habíamos estado todo el día sin parar visitando pueblecitos de los alrededores de Sagres. A la vuelta, no queríamos perdernos la recomendación de ver atardecer en el Cabo de San Vicente. Llegamos con el tiempo justo y nos encontramos el lugar repleto de gente que se amontonaba en las rocas esperando la caída del sol.

Todo el mundo en silencio y de fondo sólo el ruido tranquilo del mar chocando con las rocas más bajas. De repente, el sol decidió empezar a esconderse tras las nubes y comenzar a descender en el horizonte. Y acto seguido el color naranja del cielo se transformaba para dejar ante nuestros ojos un precioso atardecer teñido de rosa y azul.

Atardecer bicolor

Viaje por Cantabria | Día 5: Picos de Europa, Covadonga y Cangas de Onís

Lo se. Esto llega con retraso, con demasiado retraso. Pero aún así, no quería dejar sin completar la publicación de la ruta que hemos hecho este verano.

Dejamos Cantabria temprano y ponemos rumbo a Asturias por la autovía en dirección a Oviedo. En el tramo en el que la autovía se convierte en carretera más vale armarse de una paciencia infinita. El denso y lento tráfico sólo se soporta gracias al camino que discurre en un entorno privilegiado. A la derecha, la playa con imperfectos acantilados y el cantábrico medianamente revuelto; a la izquierda, se levantan los imponentes Picos de Europa que presiden el paisaje.

Poco antes de llegar a Ribadesella nos desviamos hacia Arriondas y entramos en el Parque Nacional Picos de Europa. Después de poco menos de media hora, llegamos a nuestro hotel justo a la entrada de Covadonga.

Como de momento tenemos sol, decidimos subir a los Lagos de Covadonga, teniendo en cuenta que una servidora viene con la experiencia previa 3 años atrás de una tremenda mojada en este mismo sitio.

Nada más llegamos arriba, entendemos lo que nos ha dicho el conductor de que aquí “huele a la más pura Asturias”. Y Asturias huele a tierra y vaca. No es de extrañar, porque estamos rodeados de estos simpáticos animales y sus correspondientes moñigas.

Lagos de Covadonga

Dando el primer paseo, comenzamos a subir y atravesamos la antigua mina en dirección al lago Enol. Mientras camino, pienso en lo extraño que me resulta este paisaje si tengo en cuenta que esto en lo más alto de los Picos de Europa. Apuesto a que si no pusieran aquí de repente sin ver la subida, pensaríamos tranquilamente que estamos en medio de cualquier valle.

Decidimos alejarnos de las hileras de turistas. Buscamos un rincón junto al lago en el que sentarnos a cmer. Sólo tenemos que disfrutar del aroma y el paisaje, un tremendo espectáculo que nos tenía reservado la naturaleza.

Hey you!

Después de haberlo visto y disfrutado todo, comenzamos a bajar y perseguimos a alguna pobre vaca con la que hacernos una foto. Estoy cansada y pienso en los atrevidos ciclistas que consiguen llegar pedaleando hasta aquí.

A la vuelta, toca hacer la visita de rigor al santuario de Covadonga. Antes de subir a la pequeña y poco entrañable capilla excavada en la roca, hay que cumplir con la turistada. Beber en la fuente de los 7 chorros y lanzar una moneda de espaldas al manantial, petición de deseo previo mediante.

Covadonga

Para rematar el día, vamos a dar un paseo por Cangas de Onís. Superado el reto de aparcar aquí en agosto, vamos a ver el puente romano, una preciosa construcción de la Edad Media y de cuyo arco central cuelga una reproducción de la cruz de la Victoria, símbolo fácilmente reconocible de Asturias.

Después de caminar un poco por sus callejuelas y toparnos con algún bonito edificio, decidimos volver. Tras chocar con las masas de turistas, lo mejor es abortar el plan de tomar una sidra y optamos por una cena tranquila en el hotel. El último día de vacaciones se antoja duro con el esperado descenso del Sella en canoa. Después de todo, Sevilla nos espera y tenemos que llegar vivas.

Viaje por Cantabria | Día 4: La comarca de La Liébana

Salimos en dirección a UNQUERA por la autovía y tomaremos la N-621 hasta adentrarnos en el DESFILADERO DE LA HERMIDA, sin duda la carretera más bonita del interior de Cantabria. Entramos en la garganta del Río DEBA, una garganta de 20 kilómetros donde el río ha ido escarbando en las rocas calizas de las primeras montañas de Picos de Europa y tallando un precioso camino para sus aguas.

La carretera se estrecha tanto que obliga a ir a una velocidad que permite disfrutar del paisaje. Éste es un recorrido para memorizar bien en la retina, ya que lo estrecho del camino que discurre entre el río y las piedras de la montaña no permite bajar del coche para hacer una fotografía casi en ningún punto.

Desfiladero La Hermida

El Liébana aparece ante nuestros ojos como un fértil valle de tierra verde cuya belleza se antoja mimar para no alterar nada de su fisonomía. Este trayecto invita a la intimidad de uno consigo mismo. La serenidad, la quietud y el sosiego del campo alrededor acompañan a un aire saturado por el sencillo olor del campo y a una naturaleza con razones para presumir de exuberancia.

Acompañados por el Río Deba llegamos hasta LEBEÑA, donde hacemos un alto en el camino para visitar la Iglesia de Santa María de Lebeña, una preciosa y pequeñísima joya mozárabe del siglo IX que descubrimos en medio de la montaña rodeada de árboles.

Lebeña

Este monumento fue patrocinado por los Condes de Liébana con la intención de depositar en él los restos de Santo Toribio trayéndolos desde el monasterio donde se encontraban. Aunque no lo lograron, el lugar quedó como sitio de predicación y posteriormente de peregrinaje.

Desde aquí, seguimos por el desfiladero hasta llegar a Cabezón de Liébana, desde donde llegaremos a PIASCA, una diminuta aldea de apenas un par de casas que conserva un monasterio románico precioso, el Monasterio de Santa María, aunque de conservación dudosamente bien planteada.

Volvemos por FRAMA y nos dirigimos hacia POTES, plato fuerte del día, que se alza ya sobre el Río Quiviesa, y principal localidad de la comarca. Potes es una antigua ciudad militar y señorial que creció con el apoyo de Diego Hurtado de Mendoza en la época medieval, lo que nos hace entender su porte señorial e histórico.

Potes

El enclave es imponente; un sitio bordeado por los Picos de Europa que nos observan desde lo alto. Además de sus calles empedradas, destacan la Torre del infantado y la Torre del Orejón de la Lama, que presiden el viejo barrio con puentes que sortean el curso del río. Es un buen lugar donde comer, aún a riesgo de necesitar después un buen paseo por sus rincones y callejuelas para bajar entre las casonas la copiosa comilona.

Cantabria-4

Subimos después al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, gran centro de peregrinaje cántabro. desde la montaña en la que se eleva es posible ver todo el valle de Potes y situarse algo más cerca de los Picos de Eurpa que están erguidos a nuestra derecha. Cuenta la tradición que Santo Toribio refresó de su viaje a tierra santa portando importantes reliquias de alto valor que decidió proteger en este lugar construyendo un monasterio, a donde hoy llegan gran cantidad de peregrinos que caminan hacia Santiago.

Picos de Europa

Pensamos si acercarnos  Fuente Dé pero desechamos la idea. Lo que nos ofrecerá será una vista desde lo alto de los Picos y pensamos que eso podremos cubrirlo con la visita de mañana a los Lagos de Covadonga, ya en Asturias.

Terminaremos así un día dominado por impresionantes paisajes, profundos desfiladeros, ruidosas aguas y preciosas carreteras. Antes de volver a casa, y teniendo en cuenta que mañana abandonamos Cantabria, decidimos acercarnos a SANTANDER a dar un paseo.

Santander

Aparcamos el coche por la zona de El Sardinero y caminamos por el paseo marítimo que bordea la playa viendo toda la bahía. Desde ahí, vamos subiendo por la playa de la concha hasta llegar a la Península de la Magdalena, donde disfrutamos del Palacio Real y las preciosas vistas hacia la isla.

Decidimos no pasar por la zona del centro, porque en base a lo que nos han dicho, es todo comercios e intuimos, por lo visto hasta el momento, que Santander no es una ciudad de calles ni edificios especialmente bonitos, sino de paseos con el mar de fondo.

Así ponemos punto y final al día subiendo al Faro de Cabo Mayor y sorprediéndonos con la belleza de sus sugerentes acantilados.

Viaje por Cantabria | Día 3: Valle de Cabuérniga y la Costa Occidental (San Vicente de la Barquera, Comillas, Santillana del Mar y Suances)

Salimos en dirección a CABEZÓN DE LA SAL desde Torrelavega por la N-634, lugar que pasamos de largo hasta llegar a UCIEDA. En este punto, la carretera se convierte en un estrecho camino asfaltado con curvas que sortean las casonas típicas montañesas y bordean los muros de piedra que separan las fincas de ganado de la carretera.

Nos adentramos en el PARQUE NATURAL SAJA-BESAYA, también conocido como Bosque de Ucieda. Entramos en un tupido bosque verde y asombrosamente húmedo, por donde correo el Río Saja que nos acompaña en un agradable paseo a pie más que recomendable para empezar el día. La frondosidad apenas deja pasar la luz, aunque algún débil rayo se cuela por entre las ramas reflejándose en las brillantes hojas y dando aún más magia al lugar.

Bosque de Ucieda

Gracias a la humedad, los helechos se amontonan a ambos lados del riachuelo, las enredaderas diminutas y grandes trepan los troncos de los árboles y el musgo cubre sin excepciones piedras y raíces tiñendo de verde todo el panorama. Esto, unido al olor a tierra mojada que tanto me gusta, el sonido del agua correr y el ruido de los pájaros junto con algún que otro cencerro que suena a lo lejos, nos dan la tranquilidad para disfrutar de la mañana.

Bosque de Ucieda

Después continuamos camino a RUENTE, donde paramos para ver la famosa Fontona, un manantial natural que surge del interior de una pequeña cueva formando un riachuelo. A parte de que es un rincón acogedor, no hay mucho más con lo que entretenerse.

Nos ponemos en marcha hacia BÁRCENA MAYOR y atravesamos el VALLE DE CABUÉRNIGA por una carretera que se presta como de costumbre a la embobada contemplación.

En las distintas aldeas se dispersan valiosas construcciones representativas de la región. Las casonas populares se mezclan con los palacetes nobles formando conjuntos homogéneos donde la piedra de sillería y la madera de roble se convierten desde el principio en una constante.

Nada más aparcar en BÁRCENA MAYOR y ver la diminuta aldea que es a lo lejos, presiento que el lugar va a enamorarme. Me atrevería a decir que éste sea el pueblo cántabro de interior más auténtico y mejor conservado con el que voy a encontrarme.

A orillas del Río Argoza, nos ofrece un conjunto arquitectónico tradicional denso y concentrado en sus escasas pero maravillosas calles. Una aldea donde la piedra lo domina todo dejando en calles y casas el sabor de lo típico, lo rural y lo remoto; un lugar donde todo es tradicionalmente homogéneo, donde nada desentona y todo se cuida.

Barcena Mayor

Absolutamente todo es de robusta piedra y oscura madera, ambas cosas salpicadas de los colores de las macetas que adornan la balconada de cada casa. Un conjunto histórico típico de su lejano pero permanente origen rural y montañoso. Es una delicia pasear por sus calles hasta llegar al puente que cruza el río y darse un capricho culinario con una buena carne.

Vaques

De vuelta, atravesamos el resto del valle y llegamos a CARMONA. Sus calles esconden más casas adornadas con blasones familiares muy bien conservados. Además de ser casas algo más grandes que las vistas, ser una aldea más extensa y gozar de un enclave más bonito, no hay nada más que ver en detalle, a pesar de la tan pretendida fama.

Terminamos así la ruta interior y nos dirigimos a la costa, la que quizás sea la parte más conocida de Cantabria de todas las que vamos a visitar.

Comenzamos con una primera parada en SAN VICENTE DE LA BARQUERA, un pueblo marinero bañado por el agua de su ría y donde ¡no, no me encuentro con David Bustamante!

San Vicente de la Barquera

Comenzamos viendo el puente, la zona del puerto y un santuario bello por fuera pero de dudoso gusto por dentro. Además, conserva un curioso conjunto medieval de construcciones en la conocida como puebla alta, la zona antigua donde destacan un castillo del s.XIV y la iglesia gótica de Santa María de los Ángeles. No obstante, lo mejor aquí son las hermosas vistas de la ría desde lo más alto.

San Vicente de la Barquera

En la carretera desde aquí a COMILLAS paramos en un mirador para ver la costa y el paisaje del PARQUE NATURAL DE OYAMBRE, una de las zonas litorales más bellas de Cantabria donde conviven diversos ecosistemas de la costa en una exclusiva superficie de 5.000 hectáreas.

Oyambre

Llegamos a COMILLAS, antigua villa señorial y aristocrática de veraneo que vive su esplendor en el siglo XIX gracias al Marqués de Comillas. Un pueblo cuya entrada impresiona al contemplar la explanada que deja ver en lo alto el exquisito PALACIO DE SOBRELLANO y a su lado el CAPRICHO DE GAUDÍ, construcción que, de no ser por el nombre del arquitecto, pasaría bastante desapercibida.

Comillas

Desde aquí vemos en la colina frente a nosotros la UNIVERSIDAD PONTIFICIA, a la que decidimos no subir por estar en fase de reconstrucción, parcialmente tapada y rodeada de grúas.

Aquí las casonas rurales dejan paso a palacetes y casa nobles que convierten la localidad en un lugar más señorial. Terminamos en la empedrada plaza del ayuntamiento y nos marchamos.

Nos ponemos camino de SANTILLANA DEL MAR, una villa medieval de empedradas calles y casas y uno de los centros culturales de la comunidad. La villa se articula en torno a varios centros: la Plaza de las Arenas con la Colegiata de Santa Juliana, una villa sobria y elegante del románico cántabro; la Plaza de Ramón Pelayo y la Plaza Mayor.

Santillana del Mar

Es una localida preciosa que se hace complicado describir por su deliciosa sencillez. Sólo ver las casas, las calles y su perfecta conservación es impresionante. Además, se puede disfrutar de nobles edificios como el PALACIO DE LOS VELARDE, la CASA DE LOS HOMBRONES o LA CASA DE LOS ABADES. Hay que pasear, pasear y pasear y perderse por los rincones.

Sin tiempo de nada más y con el día totalmente exprimido, nos saltamos la visita a Altamira, algo que tampoco me apena teniendo en cuenta que la cueva original no puede visitarse.

En Santillana sólo pondría un punto negativo: hay que armarse de paciencia y respirar hondo para sobrellevar las masas de gente y sortear la enorme cantidad de turistas que abarrotan las calles.

De vuelta a casa, aún decidimos pasar por SUANCES. Paramos en UBIARCO para ver el acantilado y la ERMITA DE SANTA JUSTA refugiada entre las rocas. Terminamos el día viendo anochecer en el acantilado de la playa de los locos en Suances.

Ubiarco