Era una tarde de finales de septiembre. Habíamos estado todo el día sin parar visitando pueblecitos de los alrededores de Sagres. A la vuelta, no queríamos perdernos la recomendación de ver atardecer en el Cabo de San Vicente. Llegamos con el tiempo justo y nos encontramos el lugar repleto de gente que se amontonaba en las rocas esperando la caída del sol.

Todo el mundo en silencio y de fondo sólo el ruido tranquilo del mar chocando con las rocas más bajas. De repente, el sol decidió empezar a esconderse tras las nubes y comenzar a descender en el horizonte. Y acto seguido el color naranja del cielo se transformaba para dejar ante nuestros ojos un precioso atardecer teñido de rosa y azul.

Atardecer bicolor

Lo se. Esto llega con retraso, con demasiado retraso. Pero aún así, no quería dejar sin completar la publicación de la ruta que hemos hecho este verano.

Dejamos Cantabria temprano y ponemos rumbo a Asturias por la autovía en dirección a Oviedo. En el tramo en el que la autovía se convierte en carretera más vale armarse de una paciencia infinita. El denso y lento tráfico sólo se soporta gracias al camino que discurre en un entorno privilegiado. A la derecha, la playa con imperfectos acantilados y el cantábrico medianamente revuelto; a la izquierda, se levantan los imponentes Picos de Europa que presiden el paisaje.

Poco antes de llegar a Ribadesella nos desviamos hacia Arriondas y entramos en el Parque Nacional Picos de Europa. Después de poco menos de media hora, llegamos a nuestro hotel justo a la entrada de Covadonga.

Como de momento tenemos sol, decidimos subir a los Lagos de Covadonga, teniendo en cuenta que una servidora viene con la experiencia previa 3 años atrás de una tremenda mojada en este mismo sitio.

Nada más llegamos arriba, entendemos lo que nos ha dicho el conductor de que aquí “huele a la más pura Asturias”. Y Asturias huele a tierra y vaca. No es de extrañar, porque estamos rodeados de estos simpáticos animales y sus correspondientes moñigas.

Lagos de Covadonga

Dando el primer paseo, comenzamos a subir y atravesamos la antigua mina en dirección al lago Enol. Mientras camino, pienso en lo extraño que me resulta este paisaje si tengo en cuenta que esto en lo más alto de los Picos de Europa. Apuesto a que si no pusieran aquí de repente sin ver la subida, pensaríamos tranquilamente que estamos en medio de cualquier valle.

Decidimos alejarnos de las hileras de turistas. Buscamos un rincón junto al lago en el que sentarnos a cmer. Sólo tenemos que disfrutar del aroma y el paisaje, un tremendo espectáculo que nos tenía reservado la naturaleza.

Hey you!

Después de haberlo visto y disfrutado todo, comenzamos a bajar y perseguimos a alguna pobre vaca con la que hacernos una foto. Estoy cansada y pienso en los atrevidos ciclistas que consiguen llegar pedaleando hasta aquí.

A la vuelta, toca hacer la visita de rigor al santuario de Covadonga. Antes de subir a la pequeña y poco entrañable capilla excavada en la roca, hay que cumplir con la turistada. Beber en la fuente de los 7 chorros y lanzar una moneda de espaldas al manantial, petición de deseo previo mediante.

Covadonga

Para rematar el día, vamos a dar un paseo por Cangas de Onís. Superado el reto de aparcar aquí en agosto, vamos a ver el puente romano, una preciosa construcción de la Edad Media y de cuyo arco central cuelga una reproducción de la cruz de la Victoria, símbolo fácilmente reconocible de Asturias.

Después de caminar un poco por sus callejuelas y toparnos con algún bonito edificio, decidimos volver. Tras chocar con las masas de turistas, lo mejor es abortar el plan de tomar una sidra y optamos por una cena tranquila en el hotel. El último día de vacaciones se antoja duro con el esperado descenso del Sella en canoa. Después de todo, Sevilla nos espera y tenemos que llegar vivas.

Salimos en dirección a UNQUERA por la autovía y tomaremos la N-621 hasta adentrarnos en el DESFILADERO DE LA HERMIDA, sin duda la carretera más bonita del interior de Cantabria. Entramos en la garganta del Río DEBA, una garganta de 20 kilómetros donde el río ha ido escarbando en las rocas calizas de las primeras montañas de Picos de Europa y tallando un precioso camino para sus aguas.

La carretera se estrecha tanto que obliga a ir a una velocidad que permite disfrutar del paisaje. Éste es un recorrido para memorizar bien en la retina, ya que lo estrecho del camino que discurre entre el río y las piedras de la montaña no permite bajar del coche para hacer una fotografía casi en ningún punto.

Desfiladero La Hermida

El Liébana aparece ante nuestros ojos como un fértil valle de tierra verde cuya belleza se antoja mimar para no alterar nada de su fisonomía. Este trayecto invita a la intimidad de uno consigo mismo. La serenidad, la quietud y el sosiego del campo alrededor acompañan a un aire saturado por el sencillo olor del campo y a una naturaleza con razones para presumir de exuberancia.

Acompañados por el Río Deba llegamos hasta LEBEÑA, donde hacemos un alto en el camino para visitar la Iglesia de Santa María de Lebeña, una preciosa y pequeñísima joya mozárabe del siglo IX que descubrimos en medio de la montaña rodeada de árboles.

Lebeña

Este monumento fue patrocinado por los Condes de Liébana con la intención de depositar en él los restos de Santo Toribio trayéndolos desde el monasterio donde se encontraban. Aunque no lo lograron, el lugar quedó como sitio de predicación y posteriormente de peregrinaje.

Desde aquí, seguimos por el desfiladero hasta llegar a Cabezón de Liébana, desde donde llegaremos a PIASCA, una diminuta aldea de apenas un par de casas que conserva un monasterio románico precioso, el Monasterio de Santa María, aunque de conservación dudosamente bien planteada.

Volvemos por FRAMA y nos dirigimos hacia POTES, plato fuerte del día, que se alza ya sobre el Río Quiviesa, y principal localidad de la comarca. Potes es una antigua ciudad militar y señorial que creció con el apoyo de Diego Hurtado de Mendoza en la época medieval, lo que nos hace entender su porte señorial e histórico.

Potes

El enclave es imponente; un sitio bordeado por los Picos de Europa que nos observan desde lo alto. Además de sus calles empedradas, destacan la Torre del infantado y la Torre del Orejón de la Lama, que presiden el viejo barrio con puentes que sortean el curso del río. Es un buen lugar donde comer, aún a riesgo de necesitar después un buen paseo por sus rincones y callejuelas para bajar entre las casonas la copiosa comilona.

Cantabria-4

Subimos después al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, gran centro de peregrinaje cántabro. desde la montaña en la que se eleva es posible ver todo el valle de Potes y situarse algo más cerca de los Picos de Eurpa que están erguidos a nuestra derecha. Cuenta la tradición que Santo Toribio refresó de su viaje a tierra santa portando importantes reliquias de alto valor que decidió proteger en este lugar construyendo un monasterio, a donde hoy llegan gran cantidad de peregrinos que caminan hacia Santiago.

Picos de Europa

Pensamos si acercarnos  Fuente Dé pero desechamos la idea. Lo que nos ofrecerá será una vista desde lo alto de los Picos y pensamos que eso podremos cubrirlo con la visita de mañana a los Lagos de Covadonga, ya en Asturias.

Terminaremos así un día dominado por impresionantes paisajes, profundos desfiladeros, ruidosas aguas y preciosas carreteras. Antes de volver a casa, y teniendo en cuenta que mañana abandonamos Cantabria, decidimos acercarnos a SANTANDER a dar un paseo.

Santander

Aparcamos el coche por la zona de El Sardinero y caminamos por el paseo marítimo que bordea la playa viendo toda la bahía. Desde ahí, vamos subiendo por la playa de la concha hasta llegar a la Península de la Magdalena, donde disfrutamos del Palacio Real y las preciosas vistas hacia la isla.

Decidimos no pasar por la zona del centro, porque en base a lo que nos han dicho, es todo comercios e intuimos, por lo visto hasta el momento, que Santander no es una ciudad de calles ni edificios especialmente bonitos, sino de paseos con el mar de fondo.

Así ponemos punto y final al día subiendo al Faro de Cabo Mayor y sorprediéndonos con la belleza de sus sugerentes acantilados.

Salimos en dirección a CABEZÓN DE LA SAL desde Torrelavega por la N-634, lugar que pasamos de largo hasta llegar a UCIEDA. En este punto, la carretera se convierte en un estrecho camino asfaltado con curvas que sortean las casonas típicas montañesas y bordean los muros de piedra que separan las fincas de ganado de la carretera.

Nos adentramos en el PARQUE NATURAL SAJA-BESAYA, también conocido como Bosque de Ucieda. Entramos en un tupido bosque verde y asombrosamente húmedo, por donde correo el Río Saja que nos acompaña en un agradable paseo a pie más que recomendable para empezar el día. La frondosidad apenas deja pasar la luz, aunque algún débil rayo se cuela por entre las ramas reflejándose en las brillantes hojas y dando aún más magia al lugar.

Bosque de Ucieda

Gracias a la humedad, los helechos se amontonan a ambos lados del riachuelo, las enredaderas diminutas y grandes trepan los troncos de los árboles y el musgo cubre sin excepciones piedras y raíces tiñendo de verde todo el panorama. Esto, unido al olor a tierra mojada que tanto me gusta, el sonido del agua correr y el ruido de los pájaros junto con algún que otro cencerro que suena a lo lejos, nos dan la tranquilidad para disfrutar de la mañana.

Bosque de Ucieda

Después continuamos camino a RUENTE, donde paramos para ver la famosa Fontona, un manantial natural que surge del interior de una pequeña cueva formando un riachuelo. A parte de que es un rincón acogedor, no hay mucho más con lo que entretenerse.

Nos ponemos en marcha hacia BÁRCENA MAYOR y atravesamos el VALLE DE CABUÉRNIGA por una carretera que se presta como de costumbre a la embobada contemplación.

En las distintas aldeas se dispersan valiosas construcciones representativas de la región. Las casonas populares se mezclan con los palacetes nobles formando conjuntos homogéneos donde la piedra de sillería y la madera de roble se convierten desde el principio en una constante.

Nada más aparcar en BÁRCENA MAYOR y ver la diminuta aldea que es a lo lejos, presiento que el lugar va a enamorarme. Me atrevería a decir que éste sea el pueblo cántabro de interior más auténtico y mejor conservado con el que voy a encontrarme.

A orillas del Río Argoza, nos ofrece un conjunto arquitectónico tradicional denso y concentrado en sus escasas pero maravillosas calles. Una aldea donde la piedra lo domina todo dejando en calles y casas el sabor de lo típico, lo rural y lo remoto; un lugar donde todo es tradicionalmente homogéneo, donde nada desentona y todo se cuida.

Barcena Mayor

Absolutamente todo es de robusta piedra y oscura madera, ambas cosas salpicadas de los colores de las macetas que adornan la balconada de cada casa. Un conjunto histórico típico de su lejano pero permanente origen rural y montañoso. Es una delicia pasear por sus calles hasta llegar al puente que cruza el río y darse un capricho culinario con una buena carne.

Vaques

De vuelta, atravesamos el resto del valle y llegamos a CARMONA. Sus calles esconden más casas adornadas con blasones familiares muy bien conservados. Además de ser casas algo más grandes que las vistas, ser una aldea más extensa y gozar de un enclave más bonito, no hay nada más que ver en detalle, a pesar de la tan pretendida fama.

Terminamos así la ruta interior y nos dirigimos a la costa, la que quizás sea la parte más conocida de Cantabria de todas las que vamos a visitar.

Comenzamos con una primera parada en SAN VICENTE DE LA BARQUERA, un pueblo marinero bañado por el agua de su ría y donde ¡no, no me encuentro con David Bustamante!

San Vicente de la Barquera

Comenzamos viendo el puente, la zona del puerto y un santuario bello por fuera pero de dudoso gusto por dentro. Además, conserva un curioso conjunto medieval de construcciones en la conocida como puebla alta, la zona antigua donde destacan un castillo del s.XIV y la iglesia gótica de Santa María de los Ángeles. No obstante, lo mejor aquí son las hermosas vistas de la ría desde lo más alto.

San Vicente de la Barquera

En la carretera desde aquí a COMILLAS paramos en un mirador para ver la costa y el paisaje del PARQUE NATURAL DE OYAMBRE, una de las zonas litorales más bellas de Cantabria donde conviven diversos ecosistemas de la costa en una exclusiva superficie de 5.000 hectáreas.

Oyambre

Llegamos a COMILLAS, antigua villa señorial y aristocrática de veraneo que vive su esplendor en el siglo XIX gracias al Marqués de Comillas. Un pueblo cuya entrada impresiona al contemplar la explanada que deja ver en lo alto el exquisito PALACIO DE SOBRELLANO y a su lado el CAPRICHO DE GAUDÍ, construcción que, de no ser por el nombre del arquitecto, pasaría bastante desapercibida.

Comillas

Desde aquí vemos en la colina frente a nosotros la UNIVERSIDAD PONTIFICIA, a la que decidimos no subir por estar en fase de reconstrucción, parcialmente tapada y rodeada de grúas.

Aquí las casonas rurales dejan paso a palacetes y casa nobles que convierten la localidad en un lugar más señorial. Terminamos en la empedrada plaza del ayuntamiento y nos marchamos.

Nos ponemos camino de SANTILLANA DEL MAR, una villa medieval de empedradas calles y casas y uno de los centros culturales de la comunidad. La villa se articula en torno a varios centros: la Plaza de las Arenas con la Colegiata de Santa Juliana, una villa sobria y elegante del románico cántabro; la Plaza de Ramón Pelayo y la Plaza Mayor.

Santillana del Mar

Es una localida preciosa que se hace complicado describir por su deliciosa sencillez. Sólo ver las casas, las calles y su perfecta conservación es impresionante. Además, se puede disfrutar de nobles edificios como el PALACIO DE LOS VELARDE, la CASA DE LOS HOMBRONES o LA CASA DE LOS ABADES. Hay que pasear, pasear y pasear y perderse por los rincones.

Sin tiempo de nada más y con el día totalmente exprimido, nos saltamos la visita a Altamira, algo que tampoco me apena teniendo en cuenta que la cueva original no puede visitarse.

En Santillana sólo pondría un punto negativo: hay que armarse de paciencia y respirar hondo para sobrellevar las masas de gente y sortear la enorme cantidad de turistas que abarrotan las calles.

De vuelta a casa, aún decidimos pasar por SUANCES. Paramos en UBIARCO para ver el acantilado y la ERMITA DE SANTA JUSTA refugiada entre las rocas. Terminamos el día viendo anochecer en el acantilado de la playa de los locos en Suances.

Ubiarco

mapa_besayaHoy es nuestro primer día por Cantabria y tenemos unas ganas enormes de empezar a ver todo. Aunque decidimos no madrugar, nos levantamos relativamente temprano para aprovechar bien.

Partimos de Torrelavega, capital del Valle del Besaya por la N-611 en dirección a Reinosa. Nuestro plan inicial es ir parando en todos los pueblos que encontremos entre estos dos puntos a lo largo del día.

Nuestra primera parada llega cerquita, en la Villa Real de CARTES, donde vemos las casas románicas montañesas del s.XII construidas en el antiguo camino real, vértebra principal (prácticamente única) de esta pequeña población. Cartes era el antiguo centro administrativo medieval de la zona. Disfrutamos de la calle estrecha, empedrada y repleta de coloridas macetas. Algún que otro vecino sale a la puerta haciendo gala de lo cuidado que está todo. Veo las primeras casas de piedra con balconadas balaustradas de madera y puertas pequeñas con arcadura coronadas por arcos y escudos familiares.

Villa Real de Cartes

Continuamos camino de RIOCORVO, una diminuta aldea al lado de Cartes por donde continúa el camino real que hemos visto. Mirando a nuestro alrededor, entendemos que las preciosas casas, las balconadas y las macetas se van a convertir en una constante en todo Cantabria. Nos quedamos mirando las casonas de los siglos XVII y XVIII organizadas en torno a una sola calle en lo que nos explican es la organización típica de aldea montañesa rural.

Villa Real de Cartes

Antes de seguir el camino, tomamos una carretera de apenas un par de kilómetros que nos lleva hasta YERMO. Tenemos nuestro primer contacto con el olor y  el color de Cantabria. Entendemos por qué nos han dicho que Cantabria huele a tierra y vaca y sabe a color verde. Más allá del bonito camino por carretera, no tiene demasiado que ver si tenemos en cuenta que su joya, la Iglesia de Santa María de Yermo, un antiguo monasterio del s.XIII que intuimos precioso, está cubierto de hierba y pastos y cerrado a cal y canto.

Seguimos bajando en dirección a Arenas de Iguña, por donde pasamos rápido porque no hay nada interesante que ver, y llegamos a MOLLEDO. De aquí me gustan las construcciones, esas casas que antes he descrito y que se apelotonan a los dos lados de la carretera. Pasamos la primera iglesia románica del día, la Iglesia de San Martín de Quevedo del S.XII, vemos algunas calles y continuamos hacia SILIÓ.

En el camino, merece la pena ir despacio en el coche para disfrutar del paisaje. Nos llaman la atención las grandes casonas, especialmente los jardines y terrazas que esconden tras los muros que las separan del asfalto. Conduciendo sin prisa, el camino se disfruta bastante porque sólo ver las casa merece la pena. Así llegamos a SILIÓ, una pequeña aldea donde es obligado visitar su iglesia románica de los santos Facundo y primitivo, una joya del s. XII guardada por una sosa y algo estúpida mujer a la que es mejor no hacer ni caso.

Iglesia Silió

Desde aquí, ponemos rumbo a BÁRCENA DE PIE DE CONCHA, una preciosa villa rural del s.XII que se brinda a un agradable paseo. Pasamos las calles más llenas (¡hasta aquí no habíamos visto a ningún turista!) y llegamos al puente que sortea el río que atarviesa la localidad. Llegamos a la Iglesia de San Cosme y San Damián, cuyo exterior da idea de lo bonito que debe ser un interior que nos perdemos por estar cerrado, según nos cuentan porque la autoridad religiosa competente en esa zona ha prohibido que entren turistas a fotografiar. Para terminar, seguimos subiendo hasta la antigua calzada romana y nos cruzamos con mimadas casonas montañesas y algún que otro vecino cabreado con los turistas despistados que saturamos su única calle donde sólo cabe un coche en una dirección.

Verde Cantabria

Decidimos parar a comer en REINOSA. La carretera que la separa de Bárcena de Pie de Concha también se presta al disfrute y el relax. Hay preciosas vistas de la montaña cántabra, la espesura de los árboles que se apelotonan en las laderas buscando el sol, el verde de nuevo, el río Besaya que va regándolo todo a la derecha y las vacas y caballos que salpican el paisaje. Una vez allí, paseamos por un pueblo bastante grande, donde lo que más merece la pena son las calles del centro donde se sitúan las construcciones oficiales y nobles típicas antiguas de la época bajo medieval (Plaza del Ayuntamiento, Iglesia barroca de San Sebastián y calles aledañas), las casas con galerías  y el puente que cruza el río Ebro.

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Como alguno se habra imaginado, si es que no lo ha visto por mi twitter o facebook, estoy de vacaciones.

El pasado jueves empece un merecido descanso de dos semanas que espero disfrutar y aprovechar al maximo.

Llevo desde el viernes de viaje por Cantabria, encantada con el paisaje, el fresco y los pueblos. El miercoles nos pasamos a Asturias para ver Cangas, Covadonga y hacer el descenso del Sella.

Ya el viernes volvemos para aprovechar el final de la feria de Valverde y disfrutar unos dias de la familia y los amigos.

Los ultimos dias vienen de visita a Huelva amigas de Madrid para ir a la playa.

En resumen, que tengo dos semanas por delante para descansar y disfrutar recargando pilas.

Como estoy en sitios sin demasiado acceso a internet, no posteare mucho. Pero lo hare intensamente a la vuelta con todo lo pendiente. Sin embargo, voy dejando noticias con la blackberry (por cierto que no me deja poner acentos) y fotos de estos dias por flickr, facebook y twitter.

Nos leemos a la vuelta. Sed buenos.

I am Amstedam

A pesar de que la última semana de trabajo ha sido cansada, no ha estado nada mal andar por Copenhague y Ámsterdam grabando. Me quedo con un viaje pendiente especialmente a esta última ciudad. Necesito pasear tranquilamente por sus canales, sentarme en una terraza, parar a comprar flores, dar una vuelta en bicicleta… Pero para haber sido un vistazo rápido a ambas ciudades, ha sido fantástico.

Quizás Copenhague me haya impresionado un poco menos. Me recordó a algunas de las ciudades Suizas que visitamos el año pasado. Edificios majestuosos, grandes avenidas, mucha bicicleta, escaso tráfico, enormes parques, gigantes lagos… Eso sí, la famosa sirenita es enana. Si miras de lejos hacia la piedra en la que está, ni siquiera la ves.

Pero me quedo especialmente con sus edificios. Tienen una arquitectura moderna sencillamente increíble. Por supuesto, hoteles y oficinas de compañías tienen construcciones impresionantes. Pero lo mejor es la zona nueva de viviendas que parece casi una exposición. Cualquier edificio de viviendas es una auténtica obra de arte.

Edificios Copenhague from Ana Asuero on Vimeo.

Después llegas a Ámsterdam y no tiene nada que ver. Gran error el de pensar que iban a ser siquiera parecidas. Ciudad cosmopolita donde las haya, de pequeñas casas, canales, barcos, bicicletas, gente rara, puestos de patata, coffee shops, puestos de flores… Podéis llamarme rara, pero lo que menos me gustó fue el Red Light District (Barrio Rojo). Para algunos sonará carca y tradicional, pero no me llama nada la atención ir por ahí oliendo a marihuana y observar a señoritas en escaparates en medio de la calle que esperan al siguiente cliente mientras hablan por el móvil. Más allá de que a mí no me gustase, es un sitio que hay que ver por lo que tiene de diferente y curioso.

Un poco de Amsterdam from Ana Asuero on Vimeo.

Tuvimos casi todo lo típico aunque en brevísima dosis. Paseo por el canal, mercado de flores, vacas, visita a una planta de tulipanes, molinos…

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A mi madre no le gustan los regalos fáciles. Este año para el día de Reyes decidimos sorprenderla. Pasamos de regalos típicos como un pijama, un perfume o un libro y le preparamos algo diferente. Cuando fue consciente de que tendría que hacer barranquismo por la Garganta Verde en Grazalema (Cádiz) a sus taitantos años, la cara le cambió a una tonalidad algo más pálida.

Hace algunas semanas por fin pudimos vivir la aventura. Creo que no me equivoco si digo que a los cuatro (mi madre, Pepe, mi hermano y una servidora) nos encantó la experiencia. De hecho, sospecho que no tardaremos en repetir. La organización estuvo fabulosa y la experiencia fue inolvidable.

Nervios para empezar, descarga de adrenalina en grandes proporciones durante y cansancio -mucho- al final. Comenzamos con casi 2 horas de senderismo desde donde habíamos dejado los coches hasta bajar al barranco. El paisaje escarpado y la vista de las buitreras durante la bajada es impresionante. Una vez llegamos al cauce del río, teníamos que empezar el descenso. Al principio, sorteando enormes piedras e intentarnos no reírnos demasiado de la estampa que formábamos todos los novatos enfundados en nuestros trajes de neopreno, con casco, guantes y arnés incluidos. Después, llegaron las primeras zonas con agua y los divertidos (aunque fríos) saltos a las pozas por toboganes naturales. A continuación el rappel para bajar las paredes más altas. Empezaba el cansancio pero había que seguir.

La última parte fue divertida. Pozas donde el agua te cubría por completo y donde había que nadar;  y un último salto a unos 3.5 metros del agua que a todos nos dió algo de vértigo. Para terminar, zonas con el agua por las rodillas donde los resbalones fueron frecuentes aunque se sobrellevaron con la diversión de las corrientes que nos arrastraban por los manantiales que brotaban a nuestro alrededor.

La experiencia duró unas 6 horas. Yo la repetiría con los ojos cerrados, aunque habrá que arriesgarse con el otro recorrido un poco más largo y de mayor dificultad. Eso sí, vaya descansados y con un buen desayuno en el cuerpo.

PD No pienses que voy a colgar fotos, aún me queda algo de vergüenza. Eso sí, les dejo ver un par de vídeos de mi momento rappelando.

Hoy, en lugar de una fotografía, os traigo una viñeta de Jesús Martínez del Vas. La he visto en Por si las moscas, el blog de Daniel Basteiro, y me ha llamado la atención por lo extremista. Los dos lados del periodismo, cada uno con sus exageraciones.

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3d-091 Debo empezar pidiendo disculpas. Hace bastante tiempo que no escribo por aquí nada que merezca realmente la pena. Probablemente algunos de los que pasáis por mi blog ya empezáis a estar hartos de no encontrar absolutamente nada.

Tengo que confesaros algo. No se si es que he perdido mi inspiración o es que, sencillamente, ha decidido tomarse unas vacaciones. No se me ocurren cosas o, cuando se me ocurren, no encuentro la manera de transmitirlas como me gusta.

Últimamente tengo la sensación de estar un poco abajo, como sin motivación. Adivino que nos está pasando un poco a todos. Es la sensación continua de vacío, de malos rollos, de cosas que temes, cosas que deseas, cosas que no encuentras…Hace algún tiempo que echo de menos la sensación de levantarme pensando con energía, ilusión y ganas en todo lo que tengo por hacer en tan pocas horas.

Yo soy yo y mis circunstancias, así que estoy segura de que mi inspiración está a punto de volver de sus días libres. Y apuesto a que cuando lo haga, llegará llena de ideas y con cosas que poner en marcha. Y entonces puede que incluso volváis a leerme con inquietud.

Mientras tanto sólo os pido un poco de paciencia. Con tanto pensar, ya tengo algunas ideas que os gustarán cuando las ponga en marcha. Dadme como máximo una semana.

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