El éxito ya no es una oficina con vistas

Desde que he vuelto a trabajar y a verme inmersa en un proyecto que me apasiona, pienso más en los que no trabajan de lo que lo hacía cuando yo era una de ellos. Quizás antes no lo hacía por miedo o porque sencillamente no tenía la capacidad de separarme de una situación propia y verla con perspectiva.

Ahora pienso en toda la gente brillante que conozco que están en trabajos que se le quedan pequeños o directamente no tienen ningún trabajo en el que aplicar y compartir todo lo que saben. Al mismo tiempo, pienso cabreada en la insultante cantidad de gente inepta, estúpida e inútil que ocupa puestos de importancia sin conocimientos, experiencia ni cualificación, impidiendo que las empresas o instituciones en las que están avancen y mejoren porque no tienen ni la más remota idea de cómo hacerlo, y teniendo únicamente claro que no pueden dejar pasar a aquellos que sí saben por temor a que pongan su tontura en evidencia.

Lo peor es que esto no se va a arreglar en España. Porque seguimos colocando al que conocemos en lugar de al que lo merece. Y así estamos. Con despachos con vistas llenos de gente que no saben ni siquiera en qué sentido está avanzando el mundo y se agarran al sillón.

Y entonces pienso en que el éxito ya no es una oficina con vistas. Es más que eso para algunos que trabajan desde casa con un portátil e intentan comerse el mundo mientras otros lo miran desde su ventana de la última planta sin entender de qué va la historia.

Oficina con vistas

 

 

Reiniciando de nuevo la vida en 2013

La vida es graciosa y de vez en cuando te enseña la lengua para que te rías de lo que te tenía reservado. Hace dos semanas mi vida iba a ser una. Vivía con mi madre después de 13 años, había vuelto de Dublín tras 8 meses de escapada, disfrutaba de la familia cada tarde y me daba largos paseos en bicicleta cada mañana en Valverde por la vía verde. Se presentaba un año más implicada con ganas en EBE y había planes de hacer exámenes de Sociología con tiempo y de seguir pasándolo bien con los peques y el inglés.

Hasta entonces, 2013 iba a ser un año de tránsito, de buscar otras oportunidades, de tener paciencia después de más de un año sin trabajo y de aprovechar para disfrutar de las pequeñas cosas que hacía tiempo que no tenía.

Ahora mismo escribo este post desde una mesa del Starbucks en el Paseo de Gracia en Barcelona. Vengo de encontrar un piso estupendo y dar un largo paseo, pero me he cansado de estar andando sola y, como no tengo otro plan mejor, me he sentado a escribir. Hace justo 8 días recibía una llamada que suponía el principio de algo que había estado esperando desde hacía demasiado tiempo. Muchos meses de esfuerzo después, de búsquedas sin resultado y de infinita paciencia propia y de los que me rodean, se presentaba la oportunidad de un nuevo proyecto en el que volcar todas mis ganas.

Como la vida es tan irónica, hizo coincidir el día. Justo el 6 de febrero de 2012 reiniciaba mi vida para irme una temporada a Dublín y me montaba en un avión desde Sevilla. El 6 de febrero de 2013 he tenido que hacer otro reinicio montándome en otro avión de Sevilla a Barcelona para comenzar un nuevo reto.

Dejo muchas cosas atrás y ciertas circunstancias familiares harán un poco odiosa la distancia algún fin de semana, pero tengo todas las ganas y la energía puestas para hacer que funcione. Me he unido al equipo de Zyncro para ser su Social Media Manager. Por lo que he visto en sólo dos días, se que hay un equipo estupendo del que aprenderé mucho, así que la experiencia promete ser genial.

Ahora sólo espero que la ciudad me acoja bien y que los días sin planes y las tardes de paseos sola no duren demasiado. Confío en que será así y que trabajo, familia y amigos volverán a hacer que este reinicio merezca la pena.

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Necesitaría ser un pulpo

Me gusta la sensación que tengo desde hace 2 meses. Tengo demasiado que aprender y mejorar, demasiadas cosas pendientes que hacer, demasiada gente con la que hablar, demasiadas cosas que mejorar, investigar o perfeccionar que duermo sólo lo necesario.

Hacía tiempo que no me pasaba y (creo que) empezaba a ser un problema. Cuando tienes tiempo casi de aburrirte o sencillamente te descubres en ocasiones sin nada que te impida irte a la cama sin remordimientos porque dejas cosas pendientes, es que algo pasa. Tu mente no tiene todo lo que necesita para estar felizmente ocupada con trabajo, placer o ambos a la vez.

Desconecto el cerebro tarde no porque quiera parar, sino porque se que tengo que hacerlo. Me despierto antes de que suene el despertador y aprovecho para hacer cosas antes de desayunar y activarme oficialmente.

Creo (y espero) que esto durará unos meses. Mi intención es que no pare durante al menos 40  o 50 años, por decir una cifra. Me gusta tener mi mente ocupada, estresada, con cosas pendientes. Odio las etapas en las que las cosas son tan relajadas o rutinarias que acabas desperdiciando el tiempo en el sofá.

Adoro tener tanto que aprender que siento que no me da tiempo. No me genera ansiedad; hay que saber medirse. Creo que estoy aprendiendo. Pero necesitaría que el día tuviera más horas.

Pero hace unos días estuve en el acuario en Bray y tuve una idea. ¿Y si tuviera más de 2 brazos y pudiera hacer una cosa distinta con cada uno? Querría ser un pulpo; necesitaría ser un pulpo. Eso sí que sería multitasking.

Brazos de pulpo

Cabeza de pulpo