El éxito ya no es una oficina con vistas

Desde que he vuelto a trabajar y a verme inmersa en un proyecto que me apasiona, pienso más en los que no trabajan de lo que lo hacía cuando yo era una de ellos. Quizás antes no lo hacía por miedo o porque sencillamente no tenía la capacidad de separarme de una situación propia y verla con perspectiva.

Ahora pienso en toda la gente brillante que conozco que están en trabajos que se le quedan pequeños o directamente no tienen ningún trabajo en el que aplicar y compartir todo lo que saben. Al mismo tiempo, pienso cabreada en la insultante cantidad de gente inepta, estúpida e inútil que ocupa puestos de importancia sin conocimientos, experiencia ni cualificación, impidiendo que las empresas o instituciones en las que están avancen y mejoren porque no tienen ni la más remota idea de cómo hacerlo, y teniendo únicamente claro que no pueden dejar pasar a aquellos que sí saben por temor a que pongan su tontura en evidencia.

Lo peor es que esto no se va a arreglar en España. Porque seguimos colocando al que conocemos en lugar de al que lo merece. Y así estamos. Con despachos con vistas llenos de gente que no saben ni siquiera en qué sentido está avanzando el mundo y se agarran al sillón.

Y entonces pienso en que el éxito ya no es una oficina con vistas. Es más que eso para algunos que trabajan desde casa con un portátil e intentan comerse el mundo mientras otros lo miran desde su ventana de la última planta sin entender de qué va la historia.

Oficina con vistas

 

 

Las absurdas colas al viajar con RyanAir

No voy a ponerme a criticar lo mal que RyanAir trata a sus viajeros. Creo que es evidente que la compañía tiene una política bastante estricta casi con todo y que juegan a pillar al cliente primerizo o despistado para hacer caja. Sin embargo, muchos volamos con RyanAir y casi todos repetimos. La razón es obvia: el precio.

Acepto que el dueño es un prepotente, que los asientos son pequeños, que al comprar un billete intentan venderte mil cosas más por si te equivocas y picas, que el bombardeo para que compres lotería y otras absurdeces es continuado y muy molesto, que hay que tener ojo con la maleta de mano que llevas, que no debes despistarte y no llevar impreso el billete… Pero una vez te informas bien de todo, si aceptas su forma de trabajar, puede que te compense ahorrarte mucha pasta al volar. Yo lo hago y seguiré haciéndolo. Admito volar con todo eso si lo hago por un precio barato y para un trayecto donde la incomodidad no resulte inaguantable.

Acepto casi toda la política de RyanAir excepto una cosa y el motivo es que no entiendo la lógica. Hablo de las colas que se montan en las puertas de embarque una hora antes de la salida del vuelo por el simple hecho de que los pasajeros no tengan asientos asignados. He intentado encontrarle una explicación pero no la encuentro.

Al principio, pensé que estaba justificado puesto que pretenden venderte que elijas asiento pagando un poquito u optes por el embarque prioritario. Sin embargo, creo que eso podrían solucionarlo asignando asientos por defecto que cada cual tenga la opción de cambiar por otro mejor si lo desea pagando. No es ni más ni menos que lo que hace Vueling.

Después, pensé que podría tratarse de intentar embarcar a los pasajeros con mayor rapidez si estos no tienen que buscar su asiento, pero creo que sería más efectivo al contrario, si cada uno tuviera claro dónde tienen que sentarse y nos ahorraríamos a los indecisos que tardan en pensar en qué lugar sentarse al entrar en el avión y retrasan la entrada del resto de pasajeros.

Puedo comulgar con muchas políticas que RyanAir nos exige al viajar con ellos. Las entendamos o no, les encuentro la lógica o el beneficio para ellos. Sin embargo, sigo sin verlo con las colas. Si se te ocurre algún motivo que me convenza, estaré encantada de escucharlo.

Colas RyanAir Ana Asuero

Sacar provecho al insultante spot de Campofrío parodiándolo

Ahora se que no fue la única que se cabreó mucho al ver el spot de Campofrío en navidad. No le di a “me gusta” en Facebook y me sorprendía cada vez que uno de mis contactos lo hacía porque me parecía un insulto a nuestra inteligencia. Escribí que la España de Campofrío es la que nos arruina porque miramos en viejas historias de éxito para no ver lo hechos polvo que estamos.

Un grupo de jóvenes decidió cabrearse tanto o más que yo y han hecho algo genial para remediarlo. Lo parodian en contra de los recortes en la educación pública. Desde luego, es de justicia que alguien grite ahora contra los que hicieron un chiste de los jóvenes que tienen que dejar el país porque su formación aquí no sirve de nada.

La España de Campofrío es la que nos arruina

No he podido dejar de sorprenderme esta semana con los que posteaban, tuiteaban y alababan en todas sus formas el último anuncio de Campofrío. Me parecía un optimismo inventado a base de glorias pasadas con las que pretenden que creamos que vamos a vivir siempre. Un optimismo forzado que, con el panorama que tenemos, pienso que no viene a cuento porque perjudica y atonta a quienes se quedan en la superficie del mensaje y no llegan a pensar más allá.

¿Por qué necesitamos mensajes optimistas para levantar el ánimo? Porque estamos hechos mierda. ¿Por qué necesitamos reafirmarnos con mejores tiempos pasados? Porque no tenemos casi nada que nos reafirme en 2012. ¿Por qué debemos sentirnos orgullosos con cosas que en realidad dan pena? Porque estamos hechos mierda y no queremos reconocerlo.

Dice Íñigo Sáez de Ugarte (@guerraeterna) en eldiario.es que La España de Campofrío nos hundirá en la miseria y creo que tiene mucha razón.

La España de Campofrío es la España de la que hay que huir corriendo. La que arruinada, como los viejos hidalgos, se siente obligada a continuar aparentando que todo va bien, que es una privilegiada por vivir bajo el sol de España.

Leía a Javier Barrera en Facebook decir esto también y me consolaba que no soy la única pesimista que piensa así:

Lo podría haber firmado yo, pero lo ha escrito Iñigo Saez de Ugarte, y sí, estoy de acuerdo. Hay que ser humilde, reconocer los errores, trabajar duro y dejarse de mirar al pasado y dejar de contemplar con benevolencia, por ejemplo, que los jóvenes se vayan al extranjero porque en España no se puede vivir. Hay que estar tristes, preocupados, contenidos y basta ya de masajearse los centros recordando a Picasso, el Quijote o Barcelona92. Toca sufrir y admitir el fracaso. Son tiempos para darse cuenta de que somos culpables, no para levantarnos la moral con anuncios blandengues ¿Viva la paella? Iros a la mierda.

Hay cosas de este anuncio que dan pena y verlas como algo positivo de lo que alegrarnos suena tan a humor negro que asusta que la gente se lo haya tragado. Se ríen de mí si quieren que me trague que somos buenos por el AVE, por la generación del 27, por el Quijote y por Velázquez. Y me toman por tonta cuando dicen que tenemos aeropuertos para aburrir, que exportamos jóvenes o que los jubilados mantienen a sus familias. Ahora en serio: ¿estáis orgullosos de esto?

Siete premios Nobel. No es que eso nos coloque en una posición de dominio. Trasplantes. Eso es cierto. Idiomas. ¿Idiomas? No será por el inglés. Ah, se refieren a los otros idiomas de España, esos que el PP suele contemplar con desconfianza. Cuando aparece la mención al AVE, ya está claro que el guionista ha perdido la cabeza. “El tren de alta velocidad. Que se lo hemos vendido a los chinos” (?), dicen dos humoristas. ¿Será todo esto una colección de chistes? Acto seguido, la generación del 27, el Quijote y Velázquez. Y por esto último no ha habido que pagar nada en los últimos años. “Infraestructuras, que aquí tenemos aeropuertos para aburrir”. ¿Presumimos de haber levantado las obras públicas que pagamos con dinero de los bancos alemanes en la época del dinero fácil? ¿Los españoles deben levantar el ánimo al ver las pistas vacías del aeropuerto de Castellón o la estatua en honor al cacique local? (…)

(…) Resulta que tenemos que presumir (va directo a la lista del orgullo) de que estamos expulsando a los jóvenes porque aquí no hay nada que hacer: “No te olvides de los jóvenes que exportamos, la generación más preparada de la historia”. No se exporta a las personas. No es ningún motivo de satisfacción perder a las personas cuya educación has pagado con fondos públicos. Y pasan al lado unos jóvenes y, en vez de reaccionar con la lógica violencia tras escuchar algo así porque el país en el que quieren vivir es un páramo y no tiene nada para ellos, se giran y dicen: “Pero volveremos”. Quizá, pero no se irán con una sonrisa en los labios ni sabiendo cuándo regresarán.

Luego, no falta la referencia elogiosa a los abuelos “que con su pensión están sosteniendo a sus hijos y sus nietos”. WTF? ¿Pensiones de 400, 500 y 600 euros están pensadas para mantener a tres generaciones diferentes? Ese es el progreso del que debemos sentirnos satisfechos.

¿Somos la generación X?

He leído esta mañana un blog que me ha hecho pensar mucho. Más aún cuando tiene que firmarlo una persona anónima. Tengo 30 años, así que parece ser que pertenezco a la Generación X. Me acabo de enterar, pero la descripción que leo me convence.

La generación X fuimos la primera que verdaderamente volvimos locos a los directivos de marketing. Éramos muy difíciles de categorizar, éramos cada uno de un padre y una madre. Con el inicio de internet, cada uno podía seguir los intereses más diversos con relativamente pocos recursos, y eso dio para muchísimos artículos.

Pero de repente, desaparecimos. El foco pasó a los Baby Boomers y al batiburrillo de generaciones que han venido después y que nadie se ha atrevido si quiera a categorizar por lo heterogéneo de ellas. Eso sí, de estas generaciones Y o Z, ya no sólo está mejor visto que emprendan, sino que dada la situación económica, es casi su obligación. Pero es que además, son los que llaman nativos digitales, son los que saben todo sobre redes sociales, nuevas tecnologías y son además mucho más divertidos que nosotros, que éramos unos pasotas y unos quejicas.

Estamos a medio camino: no tenemos la experiencia de los que llegaron alto cuando todavía creíamos en la titulitis y en que, para llegar a ser algo en la vida, cuantos más títulos universitarios tuvieras, mejor que mejor; pero tampoco somos los jóvenes hiperpreparados que vienen detrás con idiomas, tecnólogos, más jóvenes y más baratos que nosotros.

Sin embargo, no creo que esto nos convierta en inútiles. Tenemos la suerte de ser la primera generación que es analógica y digital al mismo tiempo. Hemos vivido el cambio, conocemos lo antiguo pero nos hemos adaptado.

Tenemos la experiencia. Estamos muy curtidos de vivir en el “mundo real”. Sabemos lo difícil que es vender, y lo difícil que es crear estrategias e implementarlas. Pero sabemos hacerlo. Tenemos también la experiencia del mundo físico. Todo el mundo habla de que la revolución que viene va a ser en la fabricación, en lo físico.

Somos la única generación que somos nativos digitales y analógicos, sabemos que las cosas se fabrican, no sólo existen en una pantalla. Tenemos también experiencia en trabajar con personas, en liderar, en hacer equipo y de estar a las duras y a las maduras. Y también sentimos que las empresas deben de ser sitios más respetuosos con el medio y con las personas. Hemos vivido de primera mano el ambiente corporativo y sabemos lo que funciona y lo que no funciona.

Con todo esto, ¿qué hacemos? Quiero pensar que hay un hueco esperándonos. Yo intento encontrar el mío, con trabajo, esfuerzo y preparación. Una recomendación con la que me quedo:

Recomendaciones para quien no os sintáis preparados: no pierdas contacto con las nuevas tecnologías. No dejes de interesarte por las nuevas tendencias en los negocios. No pierdas contacto con los jóvenes (de verdad) para intentar comprenderlos, recuerda que serán tus clientes. Y sobre todo, empieza a perder el miedo que tenemos desde nuestra juventud a emprender. El mundo ha cambiado, las empresas no duran 100 años, y los puestos de trabajo duran menos. Los únicos que durarán, serán los que creemos nosotros.