Si Weber levantara la cabeza…

Estudiando a veces estableces conexiones raras, muy raras. Hoy, sin darme cuenta, estaba leyendo las ideas de Weber para mis próximos exámenes de sociología y mi mente ha conectado tres nombres en un mismo pensamiento: Belén Esteban, Mariano Rajoy e Israel Ruiz. Tranquilos que ¡no me he vuelto loca! Todo viene a raíz de esta frase; y seguro que cuando la leáis, entendéis de qué hablo.

Un líder no necesita tener cualidades sobresalientes. Su carisma depende más del grupo de seguidores y del modo en que estos definan a su líder carismático. Si los seguidores definen a su líder como carismático, entonces es probable que éste se convierta en un líder carismático, independientemente de si posee o no cualidades sobresalientes. Un líder carismático puede ser entonces cualquier persona ordinaria; lo importante es el proceso por el cual dicho líder se distingue de la gente corriente y se le trata como si estuviera dotado de poderes sobrenaturales, sobrehumanos o al menos excepcionales, o de cualidades que no son accesibles a la gente normal.

Leí esto y me paré a pensar: ¿son más tontos Rajoy o Belén Esteban por pensar que son carismáticos o los tontos somos nosotros por darles un carisma que no merecen y olvidar a otros como Israel Ruiz?

El éxito ya no es una oficina con vistas

Desde que he vuelto a trabajar y a verme inmersa en un proyecto que me apasiona, pienso más en los que no trabajan de lo que lo hacía cuando yo era una de ellos. Quizás antes no lo hacía por miedo o porque sencillamente no tenía la capacidad de separarme de una situación propia y verla con perspectiva.

Ahora pienso en toda la gente brillante que conozco que están en trabajos que se le quedan pequeños o directamente no tienen ningún trabajo en el que aplicar y compartir todo lo que saben. Al mismo tiempo, pienso cabreada en la insultante cantidad de gente inepta, estúpida e inútil que ocupa puestos de importancia sin conocimientos, experiencia ni cualificación, impidiendo que las empresas o instituciones en las que están avancen y mejoren porque no tienen ni la más remota idea de cómo hacerlo, y teniendo únicamente claro que no pueden dejar pasar a aquellos que sí saben por temor a que pongan su tontura en evidencia.

Lo peor es que esto no se va a arreglar en España. Porque seguimos colocando al que conocemos en lugar de al que lo merece. Y así estamos. Con despachos con vistas llenos de gente que no saben ni siquiera en qué sentido está avanzando el mundo y se agarran al sillón.

Y entonces pienso en que el éxito ya no es una oficina con vistas. Es más que eso para algunos que trabajan desde casa con un portátil e intentan comerse el mundo mientras otros lo miran desde su ventana de la última planta sin entender de qué va la historia.

Oficina con vistas