El próximo paso. ¿Cómo te das cuenta de que debes cambiar de trabajo?

Hoy no es un lunes cualquiera. Cumplo 38 veranos y además arranco la que será mi última semana en Aplazame. Nada más, nada menos.

Esto empezó siendo un artículo para compartir con vosotros una reflexión que llevaba meses en mi cabeza: ¿cuándo hay que plantearse cambiar de trabajo? Al final tiene también bastante sabor a despedida de una etapa profesional que ha sido alucinante. Supongo que era inevitable.

Hace unas semanas Samuel Gil decía en twitter que en septiembre es cuando empieza el año. Yo suelo decir que julio es mes de balance y propósitos, agosto es mes de descansar y soñar, y septiembre mes de decidir y arrancar.

Desde hace unos meses estaba dándole vueltas a cuándo es el mejor momento para tomar la decisión de dejar un proyecto y saltar a otro. No es una decisión fácil, especialmente cuando el proyecto que abandonas ha sido el mayor y mejor viaje profesional hasta la fecha.

Hacer balance

El viernes digo adiós a Aplazame después de 4 años y 6 meses. Ha sido una etapa de una intensidad no comparable con nada que hubiera hecho antes. He tenido la suerte de vivir cosas que -ojalá me equivoque- dudo que vaya a volver a tener la oportunidad de vivir en primera persona.

Llegué a Aplazame cuando el equipo eran 6 personas en la habitación de un coworking. Hoy dejo un equipo que roza las 90 personas ¡y subiendo!

Aquí he tenido la oportunidad de crecer y pasar por etapas que considero un auténtico regalo. Pude montar la estrategia y el equipo de marketing desde cero, automatizando todo el ciclo de captación y nurturing de leads y fidelización de clientes con bastante éxito. He ayudado a crear y escalar la función de operaciones y atención al cliente de 0 a más de 10 personas.

Y, sobre todo, he montado y ayudado a crecer el equipo de diseño y gestión de producto desde no tener product owners ni diseñadores hasta ser un equipazo de 4 product owners que lideran 4 squads brutales de desarrollo y 2 diseñadoras que están creciendo como auténticos cohetes.

He vivido 4 due diligences, 2 binding offers y el proceso de adquisición por parte de WiZink hace justo ahora 2 años. Soy consciente de que eso es algo que pocas startups viven.

Aprender a soltar

Hace 4 años Aplazame era un único producto, un checkout delicioso con un panel de control para los comercios. Desde entonces, he tenido la suerte de liderar la ideación, ejecución y lanzamiento de dos productos más y una APP que ya ha empezado a transformar el sector del crédito instantáneo bien hecho en España. Me encontré Aplazame con un producto B2B que he hecho crecer y además lo dejo con una propuesta de valor B2C lanzada y con un equipo con el reto y la sobrada capacidad de hacerla crecer todo lo que se merece.

Durante todo este tiempo, mi obsesión ha sido cumplir siempre la mejor expectativa de nuestros clientes en todas las dimensiones que me tocaban (producto, atención al cliente y marketing). Fer me contagió la obsesión por dar a la gente productos de crédito honestos, transparentes y justos para ayudarles a comprar lo que les hace estar mejor.

Para mi, lo sexy de Aplazame es el «qué»: su propósito, sus principios, sus valores. Y el «cómo»: su cultura, la pasión por el producto hecho con honestidad y la filosofía de experimentación y aprendizaje.

Ahora el proyecto necesita otras cosas para seguir creciendo. La empresa ha entrado en una nueva fase. El market fit está más que probado y toca centrarse en crecer y maximizar la rentabilidad. Aplazame necesita mantener ese propósito y sus principios, pero se enfrenta a un reto más de ejecución, estandarización e integración. Procedimentar y escalar más, iterar y experimentar menos. Más planificación, menos exploración.

Ser honesta contigo misma

Podría seguir mucho tiempo más en Aplazame. Tengo la confianza de la dirección de WiZink que me da muchos grados de libertad para pensar en producto, quedan retos interesantes como hacer crecer la APP o la internacionalización y hay un equipazo con el que da gusto seguir aprendiendo cada día.

Sin embargo, tengo que ser honesta conmigo misma. La fase en la que Aplazame ha entrado no es la fase en la que yo más puedo aportar ni en la que más me divierto. Y aquí estamos para divertirnos, además de para ganar dinero. Lo responsable es dar el relevo a alguien para quien la nueva etapa sea tan ilusionante como ha sido para mi toda esta aventura.

¿Cuándo y cómo te das cuenta de que quizás es hora de cambiar de trabajo?

En realidad era esto lo que había venido a contaros. Soy bastante racional en mis decisiones, así que suelo analizar cuándo, cómo y por qué hay que dar por terminada una aventura para buscar la siguiente.

Es algo súper personal, pero os comparto algunas de las observaciones que me han hecho tomar esta decisión.

  • Empieza a no molar que llegue el lunes. Me resisto a odiar los domingos. ¿Por qué vas a odiarlos si el lunes en el trabajo te lo vas a pasar bien? Cuando un domingo por la noche te da pereza e incluso llegas a agobiarte revisando el calendario de la semana que arranca, es que algo va mal.
  • Los días dejan de pasar volando porque te lo pasas pipa trabajando en algo que te apasiona. En lugar de el viernes pensar «¿quién me ha robado la semana?» estás desde el martes en modo «ya queda menos para el finde». Trabajas permanentemente deseando dejar de hacerlo. Tu motivación no es trabajar, son las vacaciones.
  • Tu día a día empieza a ser cómodo. Te dedicas más a gestionar que a responder preguntas cuya respuesta no sabes y debes averiguar. Y por eso empiezas a dejar de aprender algo nuevo cada jornada. Te dedicas a transmitir conocimiento acumulado que ya tienes (porque eres de los más «viejos» de la compañía) a los demás, pero adquieres menos conocimiento nuevo del que es necesario para mantener tu motivación y tus ganas arriba.
  • Sientes que tu coste de oportunidad supera a tus ganancias. A ratos crees que podrías aportar más en otro contexto, tienes la intuición de que tus capacidades están relativamente infrautilizadas o crees que podrías ser más útil contribuyendo en otro proyecto. Lo que pierdes por posponer la decisión de marcharte es mayor que lo que ganas quedándote. Tu pepito grillo no deja de recordarte que llevas demasiado tiempo dejando pasar la oportunidad de sumarte a un nuevo proyecto.
  • El rendimiento marginal de la aventura es decreciente. Casi todo lo positivo que podía darte esta aventura ya ha sucedido. Lo que venga en adelante aportará cierto valor seguro, pero proporcionalmente ese valor irá a menos a medida que tu tiempo en el proyecto se alargue.
  • Sientes que necesitas ponerte a prueba en un nuevo contexto. Con el tiempo, las compañías se amoldan a las personas que las lideran y dejan de retar a los managers. Creo que he tenido éxito en un contexto concreto como Aplazame, pero ahora tengo que demostrar y demostrarme que puedo replicar ese éxito en un contexto completamente nuevo y de distinta naturaleza.
  • Notas que tu implicación con la estrategia y la visión a largo plazo va a menos. Igual hay alguna decisión estratégica que no compartes pero decides pelearla menos, ser menos challenger de lo que naturalmente eres. Es un síntoma de que, de alguna manera, el proyecto ha perdido importancia para ti.
  • Dejas de tener la sensación de estar rodeado continuamente de gente que te inspira. ¡Ojo! No digo que no trabajes con gente alucinante, pero están más centrados en sacar trabajo a paladas que en retarse unos a otros para lograr en cada ámbito siempre la solución excelente. Y seguramente tú también has dejado en parte de inspirarlos a ellos, porque eso se contagia. Es el resultado de valorar más la ejecución en tiempo que la obtención de la mejor experiencia posible y la superación continua de la expectativa de tus clientes.
  • Necesitas contagiar a otros. Has aprendido tanto de cosas que consideras tan importantes para otras compañías que sientes casi el deber ético o moral de llevarte esas prácticas a otro sitio. Ahora mi obsesión es impregnar a otras empresas de esa cultura centrada en el producto y el valor que añades con él a tus clientes; de ese enfoque en el que la misión, los principios y los valores son los que te obligan a superar siempre la mejor expectativa de tus clientes en cada interacción. Quiero y necesito crear cultura de producto, principios y propósitos en un nuevo entorno.
  • Sensación de pérdida. Cuando piensas en irte, todavía hay muchas cosas que sabes que vas a echar mucho de menos y que te cuesta dejar. Si te vas de un trabajo sin sentir que pierdes nada, es que te vas demasiado tarde.

Ser agradecida

En unas semanas empiezo una nueva aventura. La afronto con un profundo respeto pero con mucha ilusión y ganas. Seguro que os lo puedo contar muy pronto 🙂

Cierro esta etapa con una sonrisa enorme, un agradecimiento eterno y alguna lagrimilla en los ojos (ahora que nadie me ve).

He aprendido más en Aplazame que en el mejor MBA del mundo. Prometo terminar un post que lleva tiempo en borrador donde cuento lo mejor que he aprendido aquí.

Gracias a Fer por haber confiado en mi absolutamente todo, por haberte convertido en la mejor persona de referencia que puedo tener y por haber creado un contexto de confianza que me ha permitido crecer donde y como he querido en cada momento. Haber aprendido a hablar de producto, cultura, honestidad, sensatez y ethos habría sido imposible sin ir de tu mano.

Gracias Jorge por las largas reflexiones, confidencias y la ilusión compartida por aprender a ser mejores managers cada día. Gracias Gonzalo por enseñarme que desarrollar producto con un estándar de calidad y exigencia sin un CTO que lo entienda como tú y transmita los retos al equipo técnico con tanta claridad es imposible. Me quedo con el aprendizaje de una obviedad como que producto sin una relación muy cercana y sincera con tecnología no puede existir, y viceversa. Ana sin Gonzalo no habría logrado ni la mitad de los retos. Gracias Rocío por hacer que Aplazame, además de trabajo, sea familia y amistad ya para siempre. Honestamente no se cómo me las voy a apañar sin tus carcajadas, tus ganas, tu paciencia y tu apoyo incondicional. No tenerte cerca es uno de mis grandes miedos.

Gracias Manu, Cristian y Patri por enseñarme a valorar la pasión por la atención al cliente. Gracias Leti por la exigencia, la crítica y las ganas de remar y sumar siempre.

Gracias Irene por la excelencia, la capacidad de superación, el trabajo incansable y la responsabilidad que pones en todo. Gracias Emilio y Eva por tomar el relevo de manera tan magistral y ambiciosa. Ojalá Eva haberte tenido cerca más tiempo para seguir aprendiendo con tus propuestas. Fue una coincidencia demasiado breve.

Gracias Manu, Andrea y Belén por enseñarme mucho de lo que se de diseño y dar y recibir feedback para crecer con tan buena disposición y elegancia. Vuestra eterna paciencia para iterar siempre una vez más es una de las claves para la fantástica experiencia de usuario que alcanzamos siempre. Gracias Harek, Javi, Athenea y Elena por ayudarme a montar el mejor equipo de product management que Aplazame podía tener. Es exquisito defender ideas y principios y hacerlas realidad a vuestro lado. Gracias por adaptaros a mi honestidad, mis exigencias y mi manera de entender el producto con tanta flexibilidad y responsabilidad.

Gracias a todo el equipo de desarrollo, por soportarme en las demos, en los sprints plannings y demostrar excelencia, dedicación y constancia cada puñetero día. Jesús, Javi, Sergio, Héctor, Hugo, José Enrique, Antonio, Jasuch, Pedro y todos los demás… sois alucinantes (a pesar de los troleos dados y recibidos).

Gracias a todo el equipo (quedan muchos de ventas, finanzas, legal, HR….) por entender, soportar y seguir mi exigencia, mi intensidad, mi culo-inquietismo, mis bromas y mi manera de liderar desde la honestidad, la transparencia, la confianza, la autonomía y la libertad.

Ojalá los caminos se crucen en algún otro momento. Y si no es en lo profesional… ¡siempre nos quedarán los bares! Gracias y hasta la próxima.