A menudo, el estrés, la falta de tiempo y los agobios hacen que nos olvidemos de cosas básicas y nos anquilosamos en una rutina que difícilmente tratamos de romper. Cuando nos hemos acomodado en ella, la abrazamos como si fuese un cojín bien mullidito del sofá.

Era un domingo cualquiera, de un fin de semana cualquiera, algo monótono por haberlo pasado en encerrada en casa estudiando. Ella llevaba días aburrida, como desganada y hacía las cosas casi por inercia más que por ganas. Pero esa tarde de domingo hubo algo que la sacó de aquel aburrimiento y fue lo más sencillo del mundo: una sonrisa arrancada por una fugaz visita de sus sobrinos.

Sonreir

Hay veces en las que desearías que el tiempo pasara lo más rápido posible. Sin embargo, el tiempo parece hacer justo todo lo contrario a tus deseos y pasa leeeeeeeeeento, muy leeeeeeeeeeento. Casi como si el reloj fuese hacia detrás en lugar de hacia delante.

Vídeo de Antonio Rull

Me chiflan las mañanas como la que hemos tenido hoy en Sevilla. Me encantan las primera lluvias que dan paso al invierno. Son los pasos que marcan el cambio del otoño al invierno, cuando la lluvia moja a las últimas hojas caídas en el suelo.

alegria Después de una tortuosa relación de amor-odio con la ayuda de renta básica de emancipación del gobierno, puedo decir que estoy un poco más cerca de volver a creer (algún lejano día)  en las ayudas sociales que divulga a plena voz  Zapatero.

Han sido 15 meses de espera, de retrasos injustificados, de llamadas sin fin, de escuchar voces sin solución, de recibir correos de gente en la misma situación… 15 meses de atender a explicaciones absurdas, de mover uno y mil papeles buscando en alguna parte el motivo de la espera…

Lo máximo ha sido escuchar la voz de semi-desesperación de la gente de la atención telefónica del servicio de la renta de emancipación. Me repetían una y otra vez que, después de los obstáculos previamente salvados, ya todos mis papeles estaban en orden y sólo tenía que esperar la transferencia con el dinero.

Literalmente una amable señora me dijo: “Hija, ya está todo en orden. No hay nada más que puedas hacer. La orden de pago está dada, así que sólo te falta sentarte a esperar en el banco de la paciencia”.

Esa frase me la dijeron allá por el mes de julio. Me senté en el banco de la paciencia después de haberlo encontrado a golpe de cabezazos contra varios muros. Y, una vez lo encontré, me senté a esperar.

Hace unos días llegó el ingreso. Por supuesto es una buena noticia, aunque no podía ser completa. El Ministerio de Vivienda (aún me pregunto para qué narices sirve) ha tenido a bien ingresarme el dinero que me debía de los 13 últimos meses.

Sin embargo, aún se reserva el pago de 2 meses (más los que discurran en adelante) para dentro de un tiempo. Yo sospecho que llevan demasiado tiempo sin escucharme y deben echarme de menos. Presiento que la relación de amor-odio se alargará un poquito más.

Ayer volví de vacaciones. Como era de esperar, con pocas ganas. Pero diría más, con excesivamente pocas ganas. Supongo que será porque estas dos semanas han sido casi perfectas y porque me esperan ahora otras dos bastante intensas entre el trabajo y los exámenes de sociología.

Me lo tomaré con filosofía, lo prometo. Poco a poco, os iré contando de mi viaje por Cantabria y Asturias. He vuelto con las pilas cargadas y contenta como yo sola.

forjes

6a00d8341bf77853ef0115719f4d99970b-320wi Se que mañana durante al menos un ratito estaré de mal humor. Será el tiempo que aguante viendo o escuchando en las noticias lo cool y modernos que somos por celebrar un Día del Orgullo Gay que a mí me parece absurdo e ilógico. Se que a partir de esta frase muchos habrán dejado de entenderme y a veces todo el apoyo y la trascendencia que se le da a este día me hace dudar a mí misma.

Como decía, se de sobra que mañana me cabrearé con el mundo. De hecho, ya esta mañana me he cabreado temprano escuchando por la radio todas las celebraciones previstas para mañana. Más de un millón de personas, fiesta y conciertos servirán para celebrar en Madrid (por nombrar una de las muchas ciudades que lo harán) el orgullo de ser gay.

Perdonen que a mí me moleste soberanamente. Igual soy un bicho raro, pero no cabe en mi cabeza que la normalización de la homosexualidad pase por salir a la calle a celebrarlo. Menos aún cuando se hace gala de salir embadurnados en aceite, semidesnudos y gritando en lo alto de una estrambótica carroza.

Por descontado que no todos lo celebran así ¡sólo faltaba! Pero es que ni siquiera entiendo una celebración del orgullo gay, independientemente de las formas. Igual que no entiendo la celebración del día de la madre, ni el día del padre, ni el día de la mujer trabajadora… Si no es necesario celebrar un día del orgullo heterosexual ¿por qué si hay que hacerlo en este caso?

Obviamente hay que luchar por los derechos de estos colectivos, pero de otras muchas maneras. La homosexualidad aún no está normalizada por desgracia y hay mucho camino por andar, pero eso se va conquistando pasito a pasito. Hay que normalizarlo en la sociedad, en los trabajos, los colegios, con los vecinos, con la familia… y es necesario luchar por la igualdad en los derechos. Pero permítanme no entender que el camino sea éste. Por suerte, hay muchos otros que luchan por ello con caminos paralelos excelentes.

7(879) Hoy he vuelto a repetir el ritual de cada mañana. A las 7:00 suena el despertador, al que hago trabajar durante 20 minutos repitiendo esa alarma que me recuerda que me tengo que levantar ¡ya! Tras los 20 minutos que necesito para espabilarme, logro incorporarme y arrastrarme literalmente hasta una ducha que consiga de una vez que mis párpados se despeguen y mi cabeza espabile.

No es que ayer me acostase especialmente tarde. Es sólo la consecuencia del verano. Siempre todo lo hago más tarde. Salgo de trabajar con calma y una de dos, o hay gimnasio, o hay una cervecita con los amigos. Así que llego con retraso a casa, ceno con retraso y para colmo justo cuando se ha ido el sol es cuando menos apetece irse a la cama. Consecuentemente me acuesto mucho más tarde y siempre es para ver alguna serie en el ordenador mientras espero a que el sueño aparezca.

Cuando por fin el sueño hace acto de presencia es casi la 1 de la mañana. En ese momento se presenta la gran odisea de la noche. ¿Dormir con la ventana abierta o cerrada? Si duermo con la ventana abierta, estoy fresca pero el ruido y la luz son el inconveniente. Si bajo la persiana, el calor amenaza con asfixiarme.

Después de levantarme varias veces de la cama cambiando de opción a la vez que resoplo por el cabreo, decido tomar un camino intermedio. Persiana bajada a medias y ventana abierta. Intento calmarme y poco a poco suele empezar a entrarme sueño. A las 7 toca levantarse de nuevo así que consigo dormir unas 6 horas bastante escasas. El lunes no es un problema, ni tampoco el martes… pero los jueves el cuerpo ya pide unas horitas extra de sueño.

Al final siempre acabo acostumbrándome a este ritmo, pero las primeras semanas cuesta. Menos mal que a esta bendita estación se lo perdono todo.

toi-negroTengo un cabreo con la Administración Pública de mil demonios. Pretendí escribir sobre el asunto ayer pero de mi boca no salían más que insultos encadenados, así que decidí esperar y frenar los sapos y culebras que iba a disparar de manera irremediable.

Empecemos por el principio. El pasado mes de junio decido cambiar de piso y abandonar la vida de comparto-piso-con-desconocidos-que-siempre-me-salen-rana. Después de la horrible tarea de encontrar un piso de precio lógico, comienzo los trámites para recibir la famosa ayuda al alquiler del Estado.

Descargo de internet los formularios que hay que presentar y la relación de toda la documentación necesaria. Me planto un día a primera hora de la mañana con todos mis papeles estudiados bajo el brazo. Y ahí llega… la primera torta en la frente.

La ventanilla no abre hasta las 10 de la mañana, pero no tengo por qué preocuparme si estoy perdiendo horas de trabajo… ¡¡hasta tengo suerte!! Así puedo ser de los primeros en coger número para ser atendida.

Después de dos horas mirando el techo del edificio y pasando sin interés las páginas de uno de esos odiosos periódicos gratuitos, llega mi turno. Me planto en la mesa de la chica que me atiende contenta. Iba a terminar pronto porque lo tenía todo en regla. Pues nada, segunda torta del día.

La señorita de la ventana: “Uf hija… Es que esos son los documentos que se piden desde el Ministerio, pero aquí la Junta ha hecho algunos cambios”

Una servidora: “Pero hombre ¿y eso no lo actualizan en internet?”

Nuevamente la señorita de la ventana: “Es que claro, esa página depende del Ministerio y ellos la actualizan con su información”

Decido que es mejor no entrar en este diálogo de besugos. Pregunto qué papeles me faltan y digo que volveré al siguiente día. Me marcho a casa, lo preparo todo y al día siguiente vuelvo a ir. Ahora ya no me pillan de novata levantándome tan temprano ¡ésta es la mía! Llegaré sólo con tiempo de coger número para la ventanilla que abre a las 10.

Cojo número, espero mi turno y me planto ante la señorita.

“Ay hija… no… es que aquí es para la primera tramitación… para entrega de documentación pendiente es allí”. Tercera torta. Miro hacia donde indica su dedo. ¡Perfecto! Cola de unas 13 personas. Me lleno de paciencia, espero, espero, espero… y al final lo entrego todo. Estamos a 9 de julio y ya tengo el sello que indica que mi solicitud está en trámite.

Pasan unos meses. Noviembre. Recibo la notificación de que la ayuda me ha sido concedida con fecha 9 de Julio. Estupendo. Todo cuadra. En breve me llegará una carta que tendré que entregar al banco para que gestione el pago del alquiler automático y a partir de ahí comenzará a llegar el dinero prometido.

La famosa carta no llega hasta enero. En febrero empieza a pagarse automáticamente el piso cada mes. Pero del dinero ni rastro. Llamo para preguntar qué sucede… “Uf hija… no te preocupes… Es que eso tarda unos meses… Danos plazo”. ¿Creía yo que iba a ser fácil? Cuarta torta.

En abril sigo llamando y en mayo, ante mi voz de desesperación, un telefonista me da la clave:

“No mira… es que desde que empieza el pago automático de tu piso por el banco tienen que pasar tres meses… Cuando lleves 3 meses pagando así, te empiezan a ingresar de manera automática”.

Vale, hagamos cuentas. Empiezo a pagar en febrero. Junio es el mes. Me tienen que empezar a pagar. 1 de junio, 2 de junio, 3 de junio, 4 de junio, 5 de junio…. Antes de que llegue San Fermín decido volver a llamar.

Quinta y definitiva torta. Llamo, explico todo y me contestan mediante una absurda conversación…

Telefonista: “Pero bueno chica, es que tú ya deberías estar recibiendo la ayuda… que ya han pasado más de 3 meses desde que hiciste el último trámite…”

Una servidora: “Pues eso digo yo… es lo que me explicó la última vez un compañero suyo… pero sigo esperando y nada”

Telefonista: “Claro, pero es que desde que solicitaste la ayuda no has llamado nunca por ninguna incidencia…”

Servidora: “¿Cómo que no he llamado? Más de 5 veces y de ahí que sepa todo el proceso y haya estado esperando los 3 famosos meses…”

Telefonista: “Bueno, puede ser… pero lo has hecho como consulta… no señalando que era una incidencia…”

Servidora (cada vez más negra): “¿Me está diciendo que ahora el fallo es mío porque he llamado más de 6 veces para preguntar pero no he dicho la palabra incidencia?”

Telefonista: “Yo sólo te puedo decir que ahora tenemos que ver cuál es la incidencia… y ya te llamaremos”

Tengo que esperar unos minutos para que revise todos mis datos. Repetir mi nombre, DNI, dirección del piso… Y al final para nada… Dicen que ya me llamarán para explicarme la incidencia.

He deducido que llamarán incidencia a la crisis, la falta de fondos… El caso es que yo sigo sin ayuda, cabreada cada vez más y encima han intentado que pase por tonta. Y todo esto, 11 meses después. El 9 de julio por favor felicítenme en mi primer aniversario de la no-ayuda del alquiler.

descanso_feliz-1Tengo que empezar por disculparme. He andado las últimas semanas sin tiempo de nada y parando poco por aquí. El blog anda en estado de semiabandono y ni siquiera he dado explicaciones.

Todo ha sido por la falta de tiempo y el enorme curro de los últimos días. Anoche llegué después de 5 días por Copenhague y Ámsterdam grabando para unos reportajes.

Ha salido todo genial y aunque sigue quedando mucho curro, prometo recuperar este espacio a partir de ya. No me odien, ni dejen de pasar por aquí, ni abandonen el que compartamos cosas. Desde ya, estoy de nuevo por estas tierras de internet.

Sólo necesito el fin de semana para recuperar fuerzas y recomponerme. Estoy cansada como hacía mucho tiempo que no lo estaba. Pero una tarde de sofá y siesta lo arregla todo.

Quien me conozca bien sabe que soy una forofa auténtica de Mafalda. Si alguna vez quieren regalarme algo y no saben qué, sepan que con cualquier libro de la pequeña argentina me harán muy feliz.

Sin embargo, hay algo que no consigo tragar de Mafalda. Odia la sopa, algo que no puedo comprender. Quien me conozca bien, sabrá también que me encanta la sopa. A veces mi madre me dice que podría alimentarme a base de sopa y no protestaría.

Ahí tienen. Dos pistas más para conocerme. Adoro la sopa y Mafalda ¿es incongruente?

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