A pesar de que la última semana de trabajo ha sido cansada, no ha estado nada mal andar por Copenhague y Ámsterdam grabando. Me quedo con un viaje pendiente especialmente a esta última ciudad. Necesito pasear tranquilamente por sus canales, sentarme en una terraza, parar a comprar flores, dar una vuelta en bicicleta… Pero para haber sido un vistazo rápido a ambas ciudades, ha sido fantástico.
Quizás Copenhague me haya impresionado un poco menos. Me recordó a algunas de las ciudades Suizas que visitamos el año pasado. Edificios majestuosos, grandes avenidas, mucha bicicleta, escaso tráfico, enormes parques, gigantes lagos… Eso sí, la famosa sirenita es enana. Si miras de lejos hacia la piedra en la que está, ni siquiera la ves.
Pero me quedo especialmente con sus edificios. Tienen una arquitectura moderna sencillamente increíble. Por supuesto, hoteles y oficinas de compañías tienen construcciones impresionantes. Pero lo mejor es la zona nueva de viviendas que parece casi una exposición. Cualquier edificio de viviendas es una auténtica obra de arte.
Después llegas a Ámsterdam y no tiene nada que ver. Gran error el de pensar que iban a ser siquiera parecidas. Ciudad cosmopolita donde las haya, de pequeñas casas, canales, barcos, bicicletas, gente rara, puestos de patata, coffee shops, puestos de flores… Podéis llamarme rara, pero lo que menos me gustó fue el Red Light District (Barrio Rojo). Para algunos sonará carca y tradicional, pero no me llama nada la atención ir por ahí oliendo a marihuana y observar a señoritas en escaparates en medio de la calle que esperan al siguiente cliente mientras hablan por el móvil. Más allá de que a mí no me gustase, es un sitio que hay que ver por lo que tiene de diferente y curioso.
El pasado sábado fui a ver “Pagagnini” al teatro Lope de Vega después de escuchar la sabia recomendación de mi madre. “Pagagnini” es una nueva producción en la que el músico libanés Ara Malikian vuelve a trabajar con la compañía Yllana para disfrute de todos los amantes del teatro y la música.
Me pasé una hora y media disfrutando como una enana gracias a un espectáculo que sabe combinar a la perfección virtuosismo musical, humor e interpretación. Los cuatro cómico-músicos estuvieron excelentes, haciendo las delicias de todos los que estábamos allí.
La trama es sencilla. Cuatro músicos profesionales se unen para dar un concierto. Al final, acaban repasando algunas obras de la música clásica más conocida con estilos musicales propios en lo que ellos mismo dicen que acaba siendo un des-concierto.
Como humoristas estuvieron geniales, pero como violinistas dejaron bien claro su enorme nivel. Todavía siguen un tiempo de gira por España así que, los que puedan, que no se lo pierdan.
Quien me conozca bien sabe que soy una forofa auténtica de Mafalda. Si alguna vez quieren regalarme algo y no saben qué, sepan que con cualquier libro de la pequeña argentina me harán muy feliz.
Sin embargo, hay algo que no consigo tragar de Mafalda. Odia la sopa, algo que no puedo comprender. Quien me conozca bien, sabrá también que me encanta la sopa. A veces mi madre me dice que podría alimentarme a base de sopa y no protestaría.
Ahí tienen. Dos pistas más para conocerme. Adoro la sopa y Mafalda ¿es incongruente?
Son las 11 de la noche de un día en el que estoy muy contenta. A pesar del cansancio, el estrés, las ganas de que llegue el fin de semana, la escasez de tiempo, el calor que hace ya en mi piso… A pesar de todo eso, me siento feliz.
No me pregunten por qué. En realidad no tengo una buena explicación. Porque apenas tengo tiempo para nada, porque hoy me han clavado 240€ por la revisión del coche, porque cuento cada vez con menos minutos que dedicar a mi vida internauta, porque no se me ocurren cosas interesantes que publicar en el blog, porque llevo 3 semanas con fotos pendientes que subir y vídeos que editar, porque casi no he podido empezar a leer el libro que lleva ya 3 semanas esperando en la mesita de noche, porque me duelen los ojos después de un día de lectura intenso…
Pero estoy contenta. Esto me demuestra cómo puede llegar a influir en mi estado de ánimo mi satisfacción personal con el trabajo, los amigos y la familia. Parece que hoy está todo en su sitio.
Acabo de terminar de ver esta película por primera vez en mi vida y tengo un asfixiante nudo en el estómago. Ni siquiera he sido capaz de llorar. Ahora mismo mi mente trabaja a mil por hora intentando comprender lo que se que es absolutamente incomprensible y mis sentimientos andan divididos en trozos.
Por un lado, sólo acierto a sentir una profunda tristeza, pena y horror. Por otro, siento infinito odio, asco, repulsión, repugnancia, ganas de vomitar. Sin embargo, en el fondo todo esto se alivia con una gratificante alegría. Acabo de ver lo mejor y lo peor del ser humano. Los que hayan visto la historia, se imaginarán de qué hablo; para los demás, hablaré sólo lo justo para no estropearla.
Nos cuenta la historia real de Oskar Shindler y comienza en una Cracovia (Polonia) bajo un desarrollado régimen nazi. Schindler comienza siendo un empresario alemán dispuesto a beneficiarse de la guerra utilizando mano de obra judía para abrir una fábrica de esmaltados de uso militar.
Poco a poco entra en contacto con la realidad que vive la población judía y termina luchando por la vida de algunos de ellos intentando sacarlos de su campo de concentración. Es un perfecto, cruel y duro retrato de los campos de exterminio.
Me pregunto cómo el ser humano puede llegar a albergar tanta sin razón, cómo fue posible que unos cuantos cometieran las barbaridades que cometieron siendo capaces de conciliar el sueño por las noches y, aún más, creyendo firmemente en que hacían lo correcto. Me pregunto cómo alguien puede tratar a seres humanos como si fueran poco más que cucarachas, ratas o piojos y no darse cuenta del sin sentido de lo que hace.
Pero al final me queda un poco de esperanza. Porque, entre tanto sin sentido, encuentro a un personaje que fue capaz de apartar el odio y la sin razón para traer un poco de justicia a un significante número de gente. Como dice el final de la película “Quien salva una vida, salva al mundo entero“.
Leo un twitt de Alberto y me entero de que algo se está cociendo entre los chicos de Toledo. Intento buscar en su web pero no encuentro ninguna información cierta. Deduzco a través de los vídeos que está preparando algo. En unvlog Jero ha escrito a su madre y dice algo de que se marchan a Madrid una semana para grabar las bases. Seguro que son las bases de algo grande, como siempre. Es todo lo que se pero suena bien así que ¡suerte!
Actualización: Se confirma lo que me esperaba. The Sunday Drivers está grabando nuevo disco. De momento, cumplen su promesa de mantenernos informados a través de vídeos, aunque una servidora andaba despistada. Podremos estar al día por aquí.
Desde que descubrí Spotify, estoy enganchada. Ayer hablando un rato con mi amigo Moeh le pedí que me empezase a recomendar música que escuchar. Sabe bien qué recomendarme porque me conoce y creo que, hasta ahora, siempre ha acertado.
Ayer dio en el clavo sumergiéndome en la música de Jacques Brel. Confieso que no tengo ni idea de francés y, por tanto, no entiendo lo que dicen sus letras, aunque buceo por la red para averiguar un poco. Pero tiene una voz que es una delicia.
Siendo objetiva creo que debería sugeriros que escuchéis el Ne me quitte pas porque es una canción de las que deben pasar a la historia.
Sin embargo, soy rara y me he enamorado de La Tendresse que, para colmo, está acompañada por un oboe.
Hace poco mi prima Marga se casó con Chemita. Me gustó que en el viaje de novios se acordasen de nosotros y nos trajesen un souvenir típico de cualquier buen guiri.
Creo que de pequeños todos hemos tenido un bolígrafo de estos. Tus abuelos iban a Fátima (por poner un ejemplo) y a la vuelta traían bolígrafos para todos. Color azul o negro, diseño bastante cutre y la mitad superior rellena de un extraño líquido transparente en el que flotaban algunas figuritas que se movían de arriba hacia abajo al antojo de tus manos.
Pues a mis 26 tacos tengo un señor bolígrafo con soldados flotantes traído nada más y nada menos que desde Mónaco. Lo mejor de todo es imaginarme a la pareja de recién casados buscando el detallito por todas las calles del principado…
Imagino que muchos de vosotros ya conocéis el proyecto de Malviviendo. Hasta ayer no saqué un hueco para ver el primer capítulo de esta serie lanzada con un presupuesto de tan sólo 40€ y para internet. Un proyecto lleno de imaginación y genialidad más que de recursos.
Este proyecto se gestó “durante una charla entre amigos, pero como tantas que llegan y se olvidan. Sin embargo, la situación nos llevó a retomar el tema y a aprovechar el tiempo libre forzoso que todos teníamos”.
Nos cuentan la historia deEl Negro(un mal estudiante metido a gorrilla) y sus amigos: un camello de alto virtuosismo y un cleptómano narcoléptico. El mejor momento: las lecciones de «gorrismo» a cargo del «Baryshnikov de la palmera».
Confiesan en su web que son de los que creen que el hambre agudiza el ingenio, y después de ver el primer capítulo, lo creo a pie juntillas.
Cada año por estas fechas hay algo que me recuerda que se acerca la navidad. Mi madre llama por teléfono para recordarnos que hay que escribirle la carta a los Reyes Magos. Tengo 26 años y creo que, desde que lo hice por primera vez, no me he escapado ni una sola navidad sin dirigirme a Sus Majestades. Pueden llamarme infantil si quieren, pero lo disfruto.
Me encanta la navidad. No se por qué, pero me parece una época profundamente entrañable y … me pone tierna, ¡qué quieren que les diga!. Es algo que viene de familia y me encanta.
A pesar de que ya todos somos grandecitos, nos encanta vivir la mañana del 6 de enero. El día anterior nos acostamos temprano y a las 7.30 de la mañana como un clavo mi hermano nos despierta nervioso y a gritos para ir a ver los regalos. Después de ver los de casa, llega la hora de la pelea rutinaria con mi madre: ella que desayunemos algo; nosotros que estamos nerviosos y que queremos seguir viendo regalos.
Suena el teléfono. En casa de mi abuela o alguno de mis tíos ya nos están esperando impacientes. Me lo paso pipa abriendo regalos en familia en todas las casas y espero que esto nunca se pierda.
Este año ya he escrito la carta. La he intentado hacer diferente y creo que ha quedado bien. Empecé con peticiones entrañables, pasé por mis típicos toques de humor y acabé, como era de esperar, siendo un poco materialista.
Quizás caiga una cazadora de cuero, ropa, gafas de sol, algún billetito de avión, un bancohotel…. Aunque con lo buena que he sido, se podían dejar caer con la Canon Eos 45D ¡quién sabe! Por algo son magos ¿no?
Han dicho algo…