Hellas Hell, una mirada a la inmigración en Grecia y pagar a la salida del cine

Hace un par de meses escuchaba hablar del proyecto Hellas Hell por primera vez. Sabiendo que Antonio Rull andaba detrás de ese trabajo, he esperado impaciente a ver el resultado final hasta hoy.

Antonio, Gabriel y Romina se han hecho muchas preguntas, han intentado responderlas y nos enseñan las conclusiones. Nos acercan una realidad que a muchos nos ha sorprendido por desconocida: Grecia como principal entrada a Europa de inmigrantes que buscan alcanzar el sueño de una mejor vida que nunca llega. Se juegan la vida para colarse en un camión y cambiar su destino. Pero no lo consiguen. Grecia para ellos no es la Europa que esperaban. Y entonces comienzan a planear de nuevo cómo salir de ese país y escapar a otro mejor. La persecución, la burocracia y el día a día son los peores enemigos.

Además de todo eso, Antonio, Gabriel y Romina nos dan una lección de cómo innovar en el sector audiovisual. ¿Reclamabas conocer esta historia? Perfecto. La han trabajado para tí con sus propios recursos. Mírala, disfruta y evalúa su trabajo. Después de haberlo visto, valora el esfuerzo y aporta el dinero que creas que merecen y que les permitirá en el futuro seguir poniendo en marcha proyectos de este tipo.

Es justo. De hecho, es más que justo. Es Pay After View. No pagas antes de ver una cosa, como no pagas una prenda antes de comprobar que te sienta bien. Antonio lo decía esta mañana en su blog; estás pagando a la salida del cine. Periodismo riguroso, responsable y de calidad. Ese periodismo que casi siempre falta pero que algunos nos regalan.

“Hellas Hell: El infierno de los refugiados en Grecia” from Sinergy Project on Vimeo.

huella-digital-thumb2536043De vez en cuando nos encontramos justo con lo que llevábamos tiempo deseando leer en alguna parte. A través de Luis Rull, llego a este artículo cargado de grandes verdades que muchos piensan pero no quieren pensar… por aquello de tener miedo de la realidad que nos rodea. ¿Estamos en tiempos de exilio inteligente? Carlos Mármol nos contesta.

En su blog pueden leer el artículo completo, pero no me resisto a entresacar algunas frases.

(…) Los hechos no son nuevos. Aunque hay que admitir que hasta hace poco eran silenciosos. Privados. Íntimos. Un hijo que se iba y que volvía distinto. Una hija a la que le daban la beca Erasmus. Alegría y terror. Un sobrino que se marchaba a ver mundo y que empezaba a darse cuenta de que La Campana, más que el Aleph de Borges, era simplemente una mera confluencia de calles. En realidad, ni siquiera llega a plaza (…)

(…) Después de lustros financiándonos a través de los fondos de cohesión, la locomotora europea busca aquí los cerebros que necesita su economía a un coste aceptable. De donde se deduce que, pese a las inversiones en infraestructuras y a toda la cantinela de las sucesivas modernizaciones, el capítulo humano no lo hemos trabajado nada bien. ¿Si no valoramos lo que tenemos por qué ellos no iban a hacerlo? (…)

(…) Es una cuestión fundamentalmente de entorno. El paisanaje que contempla cualquiera que haya viajado un tiempo y viva en Sevilla, al menos en los círculos concéntricos por los que discurre la ciudad oficial, es la principal invitación al exilio. Castas, linajes (nuevos y antiguos, ideológicos y de sangre), favoritismo y, en general, cierta atonía intelectual. Toda la energía se nos va en el circo: cofradías, subvenciones y la guerra eterna por ganar espacios de representación social (…)

(…) Si se van los cerebros será una tragedia, dicen. Depende. La única forma de que una sociedad, Sevilla en este caso, se dé cuenta de que su teatro cotidiano es absurdo es que un día, sin esperarlo, se quede sin auditorio. Sin aplausos. Igual hasta resulta ser un comienzo. Quién sabe. (…)

A propósito del muro…

Parece que esta semana no hablo de otra cosa, pero quien me conozca sabrá que la historia reciente de Alemania y Berlín me apasiona. Mi amigo Moeh ha publicado un post en su blog a propósito del aniversario de la caída del muro por el que quiero felicitarlo.

No sólo porque me haya hecho llegar un vídeo de Rostropovich tocando al lado del muro, ni tampoco por haberme arrastrado a esta fantástica galería de imágenes, ni siquiera por llevarme hasta esta entrevista.

Cuando el trabajo está bien hecho, hay que reconocerlo.

Veinte años sin el Muro de Berlín

content_berlin_wall Hoy se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín, símbolo de la división de Alemania y de Europa.  La noche del 12 al 13 de agosto de 1961 Berlín quedó dividida en dos por orden de las autoridades de la República Democrática de Alemania (RDA) mediante una valla de alambres partía físicamente a la ciudad.

El muro, considerado “de la vergüenza” en Occidente y “muralla de protección antifascista” por el Este, permaneció en pie 28 años, dos meses y 27 días. Durante ese tiempo, algo más de 155 kilómetros atravesaron Berlín y rodearon la parte occidental, convirtiéndola en una “isla”.

Su origen hay que buscarlo en la “división de Alemania, decidida por las potencias vencedoras (EEUU, URSS, Reino Unido y Francia) en la Segunda Guerra Mundial, que acabó en la creación de dos países en 1949, la República Federal de Alemania (RFA) y la RDA.

Berlín fue el símbolo de la fractura de Europa en dos bloques por la “Guerra Fría”, mantenida por EEUU y sus aliados occidentales y la URSS y los países de su órbita al Este de Austria.

La  noche del 9 al 10 de noviembre de 1989 los berlineses sorprendieron al mundo con el derribo del Muro, tras varios meses de protestas y amparados por la “perestroika” (reestructuración) del líder soviético, Mijail Gorbachov.

El 18 de octubre el presidente de la RDA, Erich Honecker, de la “vieja guardia”, fue sustituido por el reformista Egon Krenz, que propuso aprobar el “visado de salida”. Y en la tarde del día 9, el portavoz del politburó, Günther Schabovski, anunció la emisión inmediata de visados.

A los pocos minutos, un periodista de Associated Press afirmaba que Alemania Oriental abría sus fronteras. Formalmente el Muro cayó a las diez de la noche, cuando se abrió el primer paso fronterizo en Bornholmerstrasse.

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