Parece que esta semana no hablo de otra cosa, pero quien me conozca sabrá que la historia reciente de Alemania y Berlín me apasiona. Mi amigo Moeh ha publicado un post en su blog a propósito del aniversario de la caída del muro por el que quiero felicitarlo.

No sólo porque me haya hecho llegar un vídeo de Rostropovich tocando al lado del muro, ni tampoco por haberme arrastrado a esta fantástica galería de imágenes, ni siquiera por llevarme hasta esta entrevista.

Cuando el trabajo está bien hecho, hay que reconocerlo.

content_berlin_wall Hoy se cumplen 20 años de la caída del Muro de Berlín, símbolo de la división de Alemania y de Europa.  La noche del 12 al 13 de agosto de 1961 Berlín quedó dividida en dos por orden de las autoridades de la República Democrática de Alemania (RDA) mediante una valla de alambres partía físicamente a la ciudad.

El muro, considerado “de la vergüenza” en Occidente y “muralla de protección antifascista” por el Este, permaneció en pie 28 años, dos meses y 27 días. Durante ese tiempo, algo más de 155 kilómetros atravesaron Berlín y rodearon la parte occidental, convirtiéndola en una “isla”.

Su origen hay que buscarlo en la “división de Alemania, decidida por las potencias vencedoras (EEUU, URSS, Reino Unido y Francia) en la Segunda Guerra Mundial, que acabó en la creación de dos países en 1949, la República Federal de Alemania (RFA) y la RDA.

Berlín fue el símbolo de la fractura de Europa en dos bloques por la “Guerra Fría”, mantenida por EEUU y sus aliados occidentales y la URSS y los países de su órbita al Este de Austria.

La  noche del 9 al 10 de noviembre de 1989 los berlineses sorprendieron al mundo con el derribo del Muro, tras varios meses de protestas y amparados por la “perestroika” (reestructuración) del líder soviético, Mijail Gorbachov.

El 18 de octubre el presidente de la RDA, Erich Honecker, de la “vieja guardia”, fue sustituido por el reformista Egon Krenz, que propuso aprobar el “visado de salida”. Y en la tarde del día 9, el portavoz del politburó, Günther Schabovski, anunció la emisión inmediata de visados.

A los pocos minutos, un periodista de Associated Press afirmaba que Alemania Oriental abría sus fronteras. Formalmente el Muro cayó a las diez de la noche, cuando se abrió el primer paso fronterizo en Bornholmerstrasse.

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Lo ponía Juanlu en Facebook esta mañana y llamaba mi atención. Esto existe en Europa.

  • Unos 160 menores inmigrantes no acompañados están encarcelados en el Centro de Detención de la isla griega Lesbos.
  • Tienen entre doce y diecisiete años, la mayoría proceden de Afganistán, Somalia e Irak, viven hacinados en celdas con más de 100 personas y han pasado cuatro días en huelga de hambre por unas condiciones que el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura calificó de “abominables”.
  • Esto está ocurriendo en un país de la Unión Europea, en Grecia. Y es la segunda vez que ocurre.

Y en P+DH nos explican más de esta espeluznante situación.

Hasta hace apenas unos días no habíamos tenido acceso a unas imágenes que mostrasen las condiciones de insalubridad y hacinamiento en las que cientos de personas malviven en los centros de internamiento griegos. Hoy tenemos acceso a ellas gracias a la Plataforma Noborders Camp Lesvos, compuesta por organizaciones antiracistas europeas,  que está dirigiendo una campaña desde la isla Levos contra “la política inhumana para los refugiados del gobierno griego, y un cambio fundamental en las políticas de inmigración europeas”. En el video pueden ver cómo conviven más de 160 niños y adultos en una celda de 200 m2, con las letrinas en el interior, con literas de tres y cuatro camas de altura y colchones tirados por el suelo. Hombres y niños desesperados.

I am Amstedam

A pesar de que la última semana de trabajo ha sido cansada, no ha estado nada mal andar por Copenhague y Ámsterdam grabando. Me quedo con un viaje pendiente especialmente a esta última ciudad. Necesito pasear tranquilamente por sus canales, sentarme en una terraza, parar a comprar flores, dar una vuelta en bicicleta… Pero para haber sido un vistazo rápido a ambas ciudades, ha sido fantástico.

Quizás Copenhague me haya impresionado un poco menos. Me recordó a algunas de las ciudades Suizas que visitamos el año pasado. Edificios majestuosos, grandes avenidas, mucha bicicleta, escaso tráfico, enormes parques, gigantes lagos… Eso sí, la famosa sirenita es enana. Si miras de lejos hacia la piedra en la que está, ni siquiera la ves.

Pero me quedo especialmente con sus edificios. Tienen una arquitectura moderna sencillamente increíble. Por supuesto, hoteles y oficinas de compañías tienen construcciones impresionantes. Pero lo mejor es la zona nueva de viviendas que parece casi una exposición. Cualquier edificio de viviendas es una auténtica obra de arte.

Edificios Copenhague from Ana Asuero on Vimeo.

Después llegas a Ámsterdam y no tiene nada que ver. Gran error el de pensar que iban a ser siquiera parecidas. Ciudad cosmopolita donde las haya, de pequeñas casas, canales, barcos, bicicletas, gente rara, puestos de patata, coffee shops, puestos de flores… Podéis llamarme rara, pero lo que menos me gustó fue el Red Light District (Barrio Rojo). Para algunos sonará carca y tradicional, pero no me llama nada la atención ir por ahí oliendo a marihuana y observar a señoritas en escaparates en medio de la calle que esperan al siguiente cliente mientras hablan por el móvil. Más allá de que a mí no me gustase, es un sitio que hay que ver por lo que tiene de diferente y curioso.

Un poco de Amsterdam from Ana Asuero on Vimeo.

Tuvimos casi todo lo típico aunque en brevísima dosis. Paseo por el canal, mercado de flores, vacas, visita a una planta de tulipanes, molinos…

Los 20 grandes países del momento andan reunidos en Londres intentando encontrar soluciones para la que se nos viene (o que ya tenemos, más bien) encima. Como era de esperar, ya empezaron las disensiones y los desacuerdos. Mientras la mayoría hace apuestas por ver cómo acabará todo, Mafalda tiene bastante claro cuál es el quid de la cuestión.

frase_mafalda

Que internet es una enorme ventana abierta al mundo es algo indiscutible. Pone infinidad de cosas a nuestro alcance y nos ha cambiado (al menos a mí) muchos hábitos.

Pero, especialmente para niños, es una herramienta con muchos peligros. Veo en La Tejedora un post de Ícaro que me gusta especialmente. El Ministerio de Trabajo, Asuntos Sociales y Familia de Francia ha puesto en marcha una campaña para alertar a los padres de la necesidad de controlar lo que sus hijos ven por la red.

Me gustan los proyectos que comienzan siendo tan ambiciosos pero ¡ojo! porque éste podría ser uno de esos casos en que una buena idea muere de su éxito inicial.

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La Unión Europea lanzó ayer Europeana, un ambicioso proyecto que pretende ser una inmensa biblioteca cultural digital con archivos de todo el continente. Esta plataforma pretende reunir en un único acceso millones de recursos digitales de archivos, museos, bibliotecas y colecciones audiovisuales europeas.

Muchos ya hablan de él como el museo virtual europeo, que, ofrece acceso gratuito a libros, cuadros, vídeos y otros documentos digitalizados procedentes de centros culturales de toda Europa.

El proyecto ha sido impulsado por Francia ante la constatación de que internet se está convirtiendo en la fuente más potente de búsquedas, lo que exige que documentos relevantes estén accesibles en línea. Quizá por eso, la mayoría de los 2 millones de artículos que ya están disponibles son aportaciones francesas; pero ahora el resto de países deben seguir enriqueciendo el fondo.

Personalmente, me parece una herramienta fabulosa con la que podremos buscar cosas que necesitemos y pasar infinidad de tiempo curioseando sobre asuntos que sean de nuestro interés. Pongamos por ejemplo que soy una fanática de Mozart y que quiero ver cosas sobre él.

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Hace varios meses que estuve en Berlín, una ciudad que me enamoró. Me pareció un lugar muy interesante en el que aprender y recapacitar sobre la historia mundial reciente. Berlín te hace pensar a cada paso, recordar la historia, reflexionar sobre por qué pasan ciertas cosas…

Hubo algo que me pareció intuir y que llamó mi atención. Creo que todavía los alemanes no saben muy bien qué hacer con la figura de Hitler. Siguen asfixiados por ese lamentable capitulo de su historia. Es complicado. Dejarlo en el completo olvido sería absurdo, pero tienen miedo a que cualquier intento de recordarlo se interprete como atrevimiento. Además, se encuentran con el problema de que necesitan evitar a toda costa cualquier lugar o imagen que se pueda convertir en alguna especie de santuario para los neonazis.

En el centro de Berlín, justo al lado del monumento judío, hay una explanada de tierra que sirve de aparcamiento para coches. El genial guía que teníamos nos llevó allí y no entendíamos por qué. De repente, lo descubrimos. Estábamos sobre el búnker en el que había muerto Hitler.

Nunca había pensado en qué habría sido de ese lugar, pero desde luego no me imaginaba que estuviese totalmente olvidado. Ingenuamente pensé que se podría visitar. Lo intentaron destruir, pero sólo lo consiguieron en parte. Así que decidieron dejarlo enterrado para evitar que fuese lugar de recuerdo del dictador. Sólo una pequeña placa indica al turista en qué lugar se encuentra.

Ahora este problema se repite en el Museo Tussaaud de Berlín. Exponer al dictador supone divulgar un símbolo nazi. Ha habido mucha polémica sobre si exponer o no una figura en cera de Hitler en su búnker. Han intentado cerrar el asunto haciendo una figura del dictador en su momento de decadencia, encerrado y cercado por las bombas aliadas. Además, no se le puede fotografiar ni tocar para evitar el culto de los ultraderechistas. Sin embargo, el primer día de visita un visitante le ha arrancado la cabeza.

¿Qué crees que se debería hacer?

La semana pasada hablábamos del enorme e indignante retroceso social que supondría la ampliación de la jornada laboral a 65 horas como se pretende desde la Unión Europea. Si se aprobase, sería una buena patada en los huevos que mandaría nuestros derechos directos al cubo de la basura.

Creo que no podemos quedarnos callados. Por eso me uno a una protesta que se ha puesto en marcha en blogs. La cibercampaña ¿65 horas? Ni de coña. Hoy lanzan una web donde agruparán todas las protestas que se vayan generando en torno a este tema.

La propuesta de la comisión europea de aumentar la jornada semanal a 65 horas representa una lamentable involución y un atentado contra los derechos de los trabajadores.

Han sido muchos años de lucha, muchas generaciones de movilizaciones las que han hecho de Europa un lugar donde el concepto “derechos sociales” significa algo concreto. Si algo debe ser Europa es un espacio social donde los derechos de los ciudadanos deben respetarse y la propuesta de la comisión nos devuelve al siglo XIX, a las jornadas de sol a sol y a los sueldos de miseria.

La infame propuesta de la comisión, para ser efectiva, debe ser ahora aprobada por el parlamento europeo, e Internet debe convertirse en la vanguardia de la oposición a la misma.

Desde ayer estoy indignada. Parece que todavía no trabajamos bastantes horas al día. Es insuficiente empezar en la oficina a las 9 de la mañana y salir a las 7 de la tarde (eso sin contar por supuesto las horas extra que nos quedamos con demasiada frecuencia). Me resulta una auténtica ironía que pretendan ampliar nuestras horas de trabajo. Vamos a tener que limitarnos a vivir para trabajar y dejaremos los domingos para nuestras familias, amigos, parejas, ocio, entretenimiento, descanso, relax… Total, ¿para qué necesitamos más? Toma patada en los huevos (ups, perdón. Se me escapó).

La Unión Europea ha aprobado un acuerdo que permitirá ampliar la jornada laboral hasta las 60 horas semanales. Hay quien todavía nos dice que no tenemos por qué alarmarnos. Total, lo único que rompe es un derecho social consagrado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hace 91 años. Poca cosa. Es que somos muy exigentes.

Ahora no se llevan los derechos de los trabajadores, sino el opting out británico. Mola más para las derechas europeas. Éste es el sistema que ha ejercitado el Reino Unido desde el año 1993 y permite que cada trabajador pueda pactar con su empresario libremente el tiempo de trabajo. Ahora se va a convertir en norma general europea. ¡¡Vivan los avances sociales!!

Lo único que me consuela es que España se ha opuesto desde el principio a una norma que ha necesitado seis intentos y cuatro años de negociaciones para salir adelante. La iniciativa estuvo desde el principio bloqueada por España, Francia e Italia. Pero claro, ha sido llegar Sarkozy y Berlusconi y se han ido todos los derechos sociales al cubo de la basura.

De todos modos, no se me alarmen. Tranquilos. Que dicen que hay contempladas salvaguardas para garantizar que el opting out sea aceptado por los trabajadores voluntariamente y no forzados por temor al despido. Sólo tendremos que firmar un bonito consentimiento por escrito para trabajar más de 48 horas y renovarlo cada año.

Bueno, ahora ya me veo más protegida. A ver si lo he entendido bien. La norma no me obliga sino que es voluntariamente aceptada. O sea, que si ahora ya me cuestra bastante sudor salir de la oficina más o menos a mi hora y llevar un ritmo de trabajo que no me ahogue demasiado (como máximo salir a las 9 de la oficina, algún sábado currando y peticiones de varios clientes que atender con máxima urgencia y prioridad), después sólo tengo que contarle a mi jefe que a mí no me va el opting out y me dejará a mi libre albedrío.

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