huella-digital-thumb2536043De vez en cuando nos encontramos justo con lo que llevábamos tiempo deseando leer en alguna parte. A través de Luis Rull, llego a este artículo cargado de grandes verdades que muchos piensan pero no quieren pensar… por aquello de tener miedo de la realidad que nos rodea. ¿Estamos en tiempos de exilio inteligente? Carlos Mármol nos contesta.

En su blog pueden leer el artículo completo, pero no me resisto a entresacar algunas frases.

(…) Los hechos no son nuevos. Aunque hay que admitir que hasta hace poco eran silenciosos. Privados. Íntimos. Un hijo que se iba y que volvía distinto. Una hija a la que le daban la beca Erasmus. Alegría y terror. Un sobrino que se marchaba a ver mundo y que empezaba a darse cuenta de que La Campana, más que el Aleph de Borges, era simplemente una mera confluencia de calles. En realidad, ni siquiera llega a plaza (…)

(…) Después de lustros financiándonos a través de los fondos de cohesión, la locomotora europea busca aquí los cerebros que necesita su economía a un coste aceptable. De donde se deduce que, pese a las inversiones en infraestructuras y a toda la cantinela de las sucesivas modernizaciones, el capítulo humano no lo hemos trabajado nada bien. ¿Si no valoramos lo que tenemos por qué ellos no iban a hacerlo? (…)

(…) Es una cuestión fundamentalmente de entorno. El paisanaje que contempla cualquiera que haya viajado un tiempo y viva en Sevilla, al menos en los círculos concéntricos por los que discurre la ciudad oficial, es la principal invitación al exilio. Castas, linajes (nuevos y antiguos, ideológicos y de sangre), favoritismo y, en general, cierta atonía intelectual. Toda la energía se nos va en el circo: cofradías, subvenciones y la guerra eterna por ganar espacios de representación social (…)

(…) Si se van los cerebros será una tragedia, dicen. Depende. La única forma de que una sociedad, Sevilla en este caso, se dé cuenta de que su teatro cotidiano es absurdo es que un día, sin esperarlo, se quede sin auditorio. Sin aplausos. Igual hasta resulta ser un comienzo. Quién sabe. (…)

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