Flo6x8, flamencos activistas

La crisis agudiza el ingenio. Lo agudizan las situaciones extremas, límite. Las injusticias son situaciones extremas. La crisis, el paro, los políticos corruptos, los bancos rescatados…

Todo eso cabrea a muchos y entre esos muchos se encuentra la gente del colectivo Flo6x8. Acabo de conocer lo que hacen; creo que tarde porque me he perdido mucho. Son amantes del flamenco y activistas. Decidieron unir ambas cosas y protestar bailando y cantando. Dicen que lo que hacen podría definirse como arte político.

La clave de su éxito es que lo hacen de la manera más fácil e inesperada. En cualquier oficina bancaria. Entran, se ponen a la cola y empiezan a actuar. Cantan y bailan contra el sistema financiero. Gritan desaprobación, indignación e ilusión de cambio. Dicen que han encontrado una forma de hablar de tú a tú a los banqueros. Porque, por supuesto, no creen que los políticos vayan a hacerlo. Por lo que leo, han hecho hasta un documental con todas sus acciones.

Lo último ha sido a propósito del rescate de Bankia. No quieren que Rodrigo siga trajinando como si nada. Se han colado en una oficina de la entidad y han empezado la “actuación”. Bulerías “Bankia, pulmones y branquias”.

12M. Algo no funciona.

Nada más levantarme me he propuesto a mí misma un ejercicio de periodismo. He encendido el ordenador, he abierto las webs de todos los diarios españoles. Hablaban de desalojo, policía, porrazos. Después, he buscado las portadas de esos mismos diarios en papel. Hablan (los que no lo ignoran o lo criminalizan) de un movimiento retomado, casi resucitado, con ciertas esperanzas mezcladas con parte de desilusión, incredulidad y un hilo reluciente de optimismo y de aliento recuperado.

Ayer la gente salió a la calle y llenó sitios como Sol. Para gritar un ¡eh, seguimos aquí! y recordarle al mundo que lo que tenemos no es lo que merecemos ni lo que queremos. No pasó sólo en España. El #12mglobal se extendió a muchas otras ciudades.

El objetivo era retomar las plazas, volver a analizar, hablar, pensar, verse las caras, comprobar que no eres el único que piensa diferente. Ver si se podía reactivar la memoria de un sueño porque lo que ha quedado claro es que el futuro no está en casa ni en el regazo de mamá y papá. Los ciudadanos están abochornados y lo que muchos tenían en mente era un ¡Ojalá! el 15M. Sí. Ha pasado un año.

Antes de que llegara la fecha se hablaba de qué iba a pasar ese día. Unos con nostalgia por lo que se consiguió pero con la esperanza perdida de recuperarlo, otros con miedo, muchos con ilusión. Sólo había clara una cosa: iba a pasar algo. El qué estaba aún por definir. El reto era cumplir las expectativas. ¿Se ha hecho?

Para mí sí. La gente ha salido a la calle y ha protestado. Ha demostrado fuerza. Ha dicho ¡yo con esto no estoy contento! ¿Hay que esperar más? Puede. Hay muchos análisis. Para mí el movimiento en sí es sólo eso. Un movimiento de protestas horizontal que no pretende más. Tampoco puede pretenderlo porque no funcionaría. Es “sólo” un movimiento ciudadano. Busca gritar y decir al mundo lo que la gente piensa; demostrar que no cualquier cosa vale, que no estamos dormidos, que no nos conformamos con cualquier cosa. Que ¡ya está bien!

A pesar de todo, es bien cierto que ayer era un día importante. El movimiento se enfrenta estos días a su madurez o su declive. Hay mucha gente implicada que se mira como pensando ¿seguiremos adelante?

El caso es que ayer todo cambió a las 5 de la mañana. El movimiento había llenado plazas y calles de España. La prensa enseñaba filas de gente con pancartas, caras de ilusión, de cabreo, de indignación. Pero a las 5 la policía entró en Sol y desalojó a los que andaban por allí. Se deja de hablar de euforia, de ganas, de fuerza. Se habla de palos, porras, gritos, tirones, detenidos, carreras.

¿Qué va a pasar ahora? Habrá que verlo. Habrá que esperar a ver qué pasa hoy. Esta tarde hay nuevas convocatorias a las 17:00 horas.

Lo único que no puedes hacer es ignorarlos

Nada se ha perdido. No hay decepciones después de las elecciones. Esto era sólo el inicio de lo que esperemos sea una larga carrera de fondo.

Puedes citarlos, estar de acuerdo, glorificarlos o satanizarlos. Lo único que no vas a poder hacer es ignorarlos. Porque están ahí. Y van a seguir estándolo.

 

Hay mucho que ver. Hay mucho que leer estos días. De momento, pueden empezar por leer a Muñoz Molina. Hora de despertar.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

 

La trampa del “No es válida vuestra queja si no presentáis una propuesta”

Llevo toda la semana escuchando a muchos lanzar críticas contra todo el movimiento que se ha gestado en torno al #15m #nolesvotes #spanishrevolution y #democraciarealya. Ya me parece un logro que hayamos conseguido hablar y debatir de estos temas, algo que por desgracia no hacemos con toda la frecuencia con la que deberíamos.

Sin embargo, he escuchado demasiadas veces opiniones de algunos que, desconociendo profundamente todo este movimiento, se atreven a emitir juicios demoledores. Hay mucho que aclarar:

1. Los que nos movilizamos no pretendemos meternos a políticos, ni fundar un partido. Queremos que los partidos nos escuchen y que cambien su manera de gobernar en base a lo que exigimos.

2. No hay un promotor y un nombre detrás de todo esto. No es necesaria ninguna bandera que nos aglutine a todos para salir a quejarse. De hecho, es tan heterogéneo el grupo de gente aglutinado en este movimiento que sería imposible ponernos a todos de acuerdo bajo una misma idea. No hay un sólo promotor ni un sólo nombre; hay miles de promotores, miles de nombres. Los de cada una de esas personas que salen a la calle estos días.

3. No estamos en la calle para hacer propuestas. Al menos, no de momento. Abran sus oídos: Son quejas, NO son propuestas. Primero nos organizamos, nos quejamos, salimos a la calle. Después, aportaremos las soluciones que consideremos necesarias, cada cual a su manera.

4. ¿Por qué ahora sí y no antes? Había algo que iba a explotar y, sencillamente, ha sido ahora cuando ha explotado. Porque muchos pensamos que las elecciones locales son la antesala de las nacionales. Y para ésas si tenemos que tener claro qué queremos hacer.

Ahora sí hay mucho que nos une. No queremos votar a los partidos mayoritarios que hacen caso omiso a nuestras opiniones y propuestas. No podemos votarles. No debemos votarles. Han estropeado el concepto que teníamos de democracia.

¿Qué queremos? Queremos que haya un cambio en cómo se está gestionando la democracia. Ésa es nuestra QUEJA. Lo decimos alto y claro. Y no vamos a caer en la trampa de que “no es válida vuestra queja si no presentáis una propuesta“.

Porque tenemos claro que primero hay que quejarse. Y después, ya se presentarán las soluciones. Personalmente, espero que esas soluciones vengan de los propios partidos tras la reflexión que les estamos obligando a hacer.

Queremos otra política, otra relación con el gobierno, otra relación con nuestros representantes. Porque la democracia ya no puede ser sólo representativa, sino que debe ser deliberativa.

Fotografía: Antonio Rull. Plaza de la Encarnación (Sevilla)
Si llegas tarde, algunos enlaces de todo esto recopilados en delicious.