Flo6x8, flamencos activistas

La crisis agudiza el ingenio. Lo agudizan las situaciones extremas, límite. Las injusticias son situaciones extremas. La crisis, el paro, los políticos corruptos, los bancos rescatados…

Todo eso cabrea a muchos y entre esos muchos se encuentra la gente del colectivo Flo6x8. Acabo de conocer lo que hacen; creo que tarde porque me he perdido mucho. Son amantes del flamenco y activistas. Decidieron unir ambas cosas y protestar bailando y cantando. Dicen que lo que hacen podría definirse como arte político.

La clave de su éxito es que lo hacen de la manera más fácil e inesperada. En cualquier oficina bancaria. Entran, se ponen a la cola y empiezan a actuar. Cantan y bailan contra el sistema financiero. Gritan desaprobación, indignación e ilusión de cambio. Dicen que han encontrado una forma de hablar de tú a tú a los banqueros. Porque, por supuesto, no creen que los políticos vayan a hacerlo. Por lo que leo, han hecho hasta un documental con todas sus acciones.

Lo último ha sido a propósito del rescate de Bankia. No quieren que Rodrigo siga trajinando como si nada. Se han colado en una oficina de la entidad y han empezado la “actuación”. Bulerías “Bankia, pulmones y branquias”.

6 artículos para entender la Ley de Transparencia

Soy consciente de que llego tarde; pero también pienso que nunca es tarde para intentar entender una ley tan importante como ésta. Si te ha pasado como a mí y no has tenido tiempo de enterarte demasiado bien de en qué consiste, creo que es momento de ponerse al día leyendo a los que ya la han analizado.

En palabras de Juan Varela, es una ley de transparencia para blindar los recortes. El anteproyecto de ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno ata a políticos y administraciones a cumplir las obligaciones de estabilidad presupuestaria y financiera impuestas por el gobierno para atajar la deuda pública y calmar a los mercados.

La anhelada ley de acceso a la información pública restringe el acceso a datos que puedan perjudicar la política económica y monetaria (art.10.1.d) e intenta frenar a los políticos derrochadores con el control público de sus actos y el sometimiento a un código que más de buen gobierno es una imposición ideológica y producto de las presiones de los mercados.

1. Gonzalo Fanjul en El País lo dijo clarito: Una ley de transparencia para luchar contra la corrupción

El debate actual sobre una nueva ley de transparencia y acceso a la información pública nos ofrece una oportunidad sin precedentes para darle un vuelco a la plaga de la corrupción y nepotismo en España. Pero va a hacer falta una enorme ola de presión pública para que no acabemos con una legislación timorata e ineficaz.

Durante décadas, se ha ido arraigando en España una cultura de secretismo oficial que ha servido de abono para la propagación y ocultación de prácticas corruptas favoreciendo que la gestión de lo público haya sido a menudo pésima. La lista de contratos y licitaciones públicas irregulares, pelotazos urbanísticos, facturaciones fraudulentas es escalofriante. Resulta escandaloso que a día de hoy, 35 años después de la llegada de la democracia, España continúe siendo el único país de la Unión Europea con más de 1 millón de habitantes que no cuenta con leyes que regulan el acceso de los ciudadanos a la información pública.

2. Antonio Gutiérrez-Rubí hacía algunas aportaciones y valoraciones personales al proyecto

3. César Calderón tachaba la ley de amortizada, analógica y sin ambición

A pesar de que existe todo un epígrafe dedicado a la “transparencia activa”, no hay en la ley ni una mención a la apertura y reutilización de datos de las administraciones, el ya famoso “open data” , lo que situa a la ley fuera de la realidad de los paises más avanzados de nuestro entorno.

4. Juanlu Sánchez planteaba dudas

¿Será una ley buena, mala o regular? ¿Insuficiente como en Italia o ejemplar como en Eslovenia o Reino Unido? La línea roja entre lo que sería satisfactorio y lo que no está en el ámbito de aplicación de la ley: ¿a qué datos y cargos públicos va a afectar? ¿quedarán fuera los jueces o el funcionamiento del Congreso? ¿incluye las agendas oficiales, los informes o la información estadística y demográfica? ¿habrá un órgano de revisión independiente de transparencia al que recurrir?

Una buena Ley de Transparencia sería la respuesta a muchas preguntas: ¿cuántas guarderías públicas gestiona la empresa Clece? ¿A quién han ido a parar las subvenciones en materia de Cooperación? ¿Cuánto cobra un alto funcionario del Ministerio de Defensa? ¿Quién ganó el concurso de ejecución de la obra del viejo edificio demolido en mi barrio? ¿Cuáles son los niveles de contaminación en mi ciudad? No se trata de que un funcionario responda directamente a estas preguntas tras horas buceando entre papeles, sino de que te faciliten la información en bruto, las bases de datos o documentos de los que se pueda extraer tu interés particular.

5. Rocío Romero aplaudía la ley pero con reservas

La opacidad que generalmente ha reinado en la gestión pública desde que se instauró la democracia en nuestro país ha facilitado lo que más bien parece una  plaga de corrupción que padecemos día sí y día también por todo el territorio. Además de alabar el cumplimiento de una promesa electoral y aplaudir el paso al frente dado en esta materia, debemos entrar a analizar en detalle una norma que, si se desaprovecha, puede correr el riesgo de quedarse en un mero consenso de mínimos.

Lo mejor del Anteproyecto de Ley es obligará a las instituciones del Estado a publicar información esencial como sus presupuestos, sus gastos, los sueldos de los altos directivos, su personal, sus leyes, la adjudicación de contratos, etc. Pero apunto varios aspectos de la futura norma que merecen un análisis crítico, en mi opinión.

6. Mar Cabra reflexionaba sobre si la ley va por buen camino

Es difícil valorar un texto legislativo sin leerlo, aunque parece que el nuevo borrador de anteproyecto se publicará en los próximos días, según lasreferencias del Consejo de Ministros. Por lo que se ha conocido hoy, quedan fuera las principales peticiones de los colectivos pro-transparencia:

  1. El derecho de acceso a la información no será reconocido como un derecho fundamental (como lo son el derecho a la intimidad o a la libertad de expresión). Esto contraviene lo reconocido por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos o la Corte Iberoamericana de Derechos Humanos.
  2. El silencio administrativo seguirá siendo negativo, con lo que se podría perpetuar la situación actual de que una de cada dos peticiones de información quede sin contestar, según el último estudio de la ONG Access Info Europe. Aún así, parece que el nuevo borrador de Anteproyecto incluye sanciones por el “incumplimiento reiterado de la obligación de resolver en plazo las solicitudes de información presentadas”. Habrá que ver cómo se mide esta reiteración.
  3. Quedan fuera de la ley la Casa Real y la actividad no administrativa del poder legislativo y judicial. Por ejemplo, no podremos saber quién hacelobby en el Congreso.

 

12M. Algo no funciona.

Nada más levantarme me he propuesto a mí misma un ejercicio de periodismo. He encendido el ordenador, he abierto las webs de todos los diarios españoles. Hablaban de desalojo, policía, porrazos. Después, he buscado las portadas de esos mismos diarios en papel. Hablan (los que no lo ignoran o lo criminalizan) de un movimiento retomado, casi resucitado, con ciertas esperanzas mezcladas con parte de desilusión, incredulidad y un hilo reluciente de optimismo y de aliento recuperado.

Ayer la gente salió a la calle y llenó sitios como Sol. Para gritar un ¡eh, seguimos aquí! y recordarle al mundo que lo que tenemos no es lo que merecemos ni lo que queremos. No pasó sólo en España. El #12mglobal se extendió a muchas otras ciudades.

El objetivo era retomar las plazas, volver a analizar, hablar, pensar, verse las caras, comprobar que no eres el único que piensa diferente. Ver si se podía reactivar la memoria de un sueño porque lo que ha quedado claro es que el futuro no está en casa ni en el regazo de mamá y papá. Los ciudadanos están abochornados y lo que muchos tenían en mente era un ¡Ojalá! el 15M. Sí. Ha pasado un año.

Antes de que llegara la fecha se hablaba de qué iba a pasar ese día. Unos con nostalgia por lo que se consiguió pero con la esperanza perdida de recuperarlo, otros con miedo, muchos con ilusión. Sólo había clara una cosa: iba a pasar algo. El qué estaba aún por definir. El reto era cumplir las expectativas. ¿Se ha hecho?

Para mí sí. La gente ha salido a la calle y ha protestado. Ha demostrado fuerza. Ha dicho ¡yo con esto no estoy contento! ¿Hay que esperar más? Puede. Hay muchos análisis. Para mí el movimiento en sí es sólo eso. Un movimiento de protestas horizontal que no pretende más. Tampoco puede pretenderlo porque no funcionaría. Es “sólo” un movimiento ciudadano. Busca gritar y decir al mundo lo que la gente piensa; demostrar que no cualquier cosa vale, que no estamos dormidos, que no nos conformamos con cualquier cosa. Que ¡ya está bien!

A pesar de todo, es bien cierto que ayer era un día importante. El movimiento se enfrenta estos días a su madurez o su declive. Hay mucha gente implicada que se mira como pensando ¿seguiremos adelante?

El caso es que ayer todo cambió a las 5 de la mañana. El movimiento había llenado plazas y calles de España. La prensa enseñaba filas de gente con pancartas, caras de ilusión, de cabreo, de indignación. Pero a las 5 la policía entró en Sol y desalojó a los que andaban por allí. Se deja de hablar de euforia, de ganas, de fuerza. Se habla de palos, porras, gritos, tirones, detenidos, carreras.

¿Qué va a pasar ahora? Habrá que verlo. Habrá que esperar a ver qué pasa hoy. Esta tarde hay nuevas convocatorias a las 17:00 horas.

Lo único que no puedes hacer es ignorarlos

Nada se ha perdido. No hay decepciones después de las elecciones. Esto era sólo el inicio de lo que esperemos sea una larga carrera de fondo.

Puedes citarlos, estar de acuerdo, glorificarlos o satanizarlos. Lo único que no vas a poder hacer es ignorarlos. Porque están ahí. Y van a seguir estándolo.

 

Hay mucho que ver. Hay mucho que leer estos días. De momento, pueden empezar por leer a Muñoz Molina. Hora de despertar.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.