Packing to Dublin

Hace justo una semana, más o menos a esta hora, facturé una maleta en el aeropuerto de Málaga. Una horita después, me despedía de mi madre (del resto de gente me había despedido los días previos) y embarcaba rumbo a Dublín. Hoy cumplo una semana en esta ciudad que, aunque no tiene fabulosos rincones que ver ni grandes sitios que visitar, me parece preciosa por la vida y el movimiento que tiene.

Hacía 5 meses que había perdido mi trabajo en España y sentía que estaba perdiendo el tiempo. Una mañana decidí que tenía que poner fin a la rutina de seguir en Sevilla sin hacer nada y aprovechar para tomarme unos meses perfeccionando inglés. Al día siguiente estaba todo cerrado y la fecha decidida.

No son buenos tiempos en España para trabajar, pero es peor aún quedarte allí si no tienes trabajo y te pasas un día tras otro sin “nada” que hacer. Decidí que si las oportunidades no venían a mí, tendría que salir a buscarlas. Y aquí estoy.

Aterricé y vine a casa de la señora con la que estoy viviendo. La primera impresión fue catastrófica: mi rinconcito en Dublín no podía ser más espantoso. Pero sólo 5 minutos después supe que estaba en el sitio adecuado. Nuala, la señora que me acoge, es encantadora; se preocupa porque esté bien, cocina de escándalo (cosa que no debe ser nada frecuente aquí según me cuentan mis compañeros que llevan 7 días comiendo verdura hervida y puré de patatas) y me ayuda a entender expresiones y a enriquecer vocabulario. No debe ser común que te inviten a pasar tiempo con ellos y yo veo con ella todas las noches las noticias en su pequeño salón con chimenea.

Se que los próximos 6 meses no serán probablemente los mejores de mi vida. Echaré de menos a mucha gente -familia, amigos, grandes, pequeños- pero sé que es la mejor decisión que podía tomar. Eso sí, la he tomado gracias a quien he dejado allí, porque se ha preocupado de empujarme cada vez que dudaba.

Hasta ahora, el balance no puede ser mejor. Internet me mantiene perfectamente conectada con España y la escuela me tiene 100% atenta a mi objetivo: ser capaz de hablar perfectamente bien y ganar en vocabulario, que es lo que me hace falta. La ciudad ayuda y mucho. Hay que reconocer que llueve casi todos los días, pero no todo el tiempo ni con demasiada intensidad. Pero las calles llenas de gente y de música, los bares interminables, la música en directo, los sitios por descubrir y la gente a la que estoy conociendo de sitios tan dispares ayudan a que los días acaben siendo casi perfectos.

En una semana ha habido tiempo para todo. He descubierto el que será uno de mis rincones favoritos en el Trinity College, he probado la Guinness, he ganado una guerra de láser, he jugado a los bolos por primera vez, he estudiado y he visto la ciudad desde lo alto de la fábrica de Guinness.

Os iré contando más cosas de la ciudad, pero poco a poco, para no cansaros. Sabía que tenía que venir, vine y acerté.

Ilustración: “Prepare” por Laura Kay