Ámsterdam

Cuando se publique este post, estaré despertando en Ámsterdam con tres maravillosos días por delante para disfrutar de una ciudad que me enamoró hace un par de años cuando pasé como un rayo por allí por motivos de trabajo. Tengo unas ganas enormes de descubrir qué esconde esta pequeña venecia del norte.

Desde hace unos meses me propuse cuidar la que es la mayor pasión que tengo: viajar. Creo que no hay nada que me ilusione más y que me haga disfrutar con tanta intensidad. La emoción empieza en el mismo instante en que compro el billete de avión. A partir de ahí, buscar alojamiento, bichear guías de viaje, buscar consejos, ojear fotografías, ver documentales sobre la ciudad…. para al final llegar a lo mejor: pisar suelo en el destino y disponerte a disfrutar. Y a la vuelta, recordar instantes inmortalizados en fotografías y escribir impresiones y lugares vistos para quienes en un futuro me pidan consejo.

Desde que me propuse mimar esta pasión más aún de lo que lo hago hace más o menos un año, he hecho bien los deberes. Escocia en verano, Roma en otoño y Barcelona y Ámsterdam en invierno. Prometo contar a la vuelta.

Te borro del Facebook

Salvo con mi familia, soy una persona con excesivo sentido del ridículo. Me encantaría que no fuese así, para poder hacer el chorra y quedarme tan tranquila. Cuando veo cosas como ésta de gente que se lo pasa pipa haciendo el idiota, siento envidia. Es cutre pero ¿y lo que se habrán reido viendo las caras de la gente que se cruzaba con ellos mientras grababan? ¿Supera aquello de no te metas a mi facebook?

BICHOS CALLEJEROS (II)

Sigo redescubriendo Roma a través de las fotos que hice en la escapada de noviembre. Recuerdo perfectamente la noche en la que disparé ésta. Estábamos destrozadas después de casi 12 horas sin parar de caminar y ver cosas. Hacía frío, buscábamos con ganas un sitio donde sentarnos a cenar algo, pero cuando me encontré esta esquina con una farola que iluminaba mágicamente los adoquines de la escalera y a la gente que pasaba bajo ella no supe resistirme a disparar durante un rato.

Tardé en encontrar lo que buscaba, mientras mi madre empezaba a desesperarse. Al final creo que lo conseguí, mejor o peor. Una foto que captara ese instante. El resultado ha sido una fotografía que apenas he necesitado procesar. La primera con la que me sucede esto. Me gusta justamente tal y como la capté. Y a tí ¿qué te parece?

Rincones de Roma