Mi rizo de pensar

Hace más o menos 8 años que adquirí una manía de la que ahora me está siendo muy difícil librarme. Era yo una pipiola con 17 añitos cuando me fui a Madrid para convertirme en periodista. Cuando empecé a estudiar en la biblioteca, cogí por costumbre tocarme el pelo mientras me concentraba leyendo los apuntes o memorizando alguna cosa.

Empezó siengo algo sin importancia. Siempre que estudio suelo tener el pelo recogido, así que mi entretenimiento era sacarme un mechón fuera de la coleta y empezar a jugar con él entre mis dedos. Liar, desliar; liar, desliar…

Como digo, al principio era algo sin relevancia. Pero poco a poco me di cuenta de que lo de tocarme el pelo conseguía relajarme y concentrarme, y extendí la costumbre a muchos otros momentos. Mientras escuchaba en clase, leía el periódico, charlaba de algo importante con una amiga, iba pensativa en el metro, veía una película…. yo erre que erre con el pelito.

Sin darme cuenta, lo de tocarme el rizo se convirtió en una costumbre que no puedo evitar cada vez que hago algo en lo que pongo toda mi atención. Conociéndome como me conoce, mi amiga Nata (compañera de habitación por entonces en el colegio mayor) lo bautizó como el rizo de pensar. La ecuación no fallaba: Ana pensando en algo = Ana tocándose el mechón de pelo.

Y ¿por qué cuento a estas alturas todo esto? Pues porque se ha convertido en algo que empieza a atormentarme. Intento evitar la costumbre porque me parece un gesto feo pero, en cuanto me descuido, me descubro a mí misma con mi dedo dando vueltas al maldito rizo.

He decidido que esto tiene que acabarse. Más que nada porque he adquirido tanto vicio con mi dedo índice en liar y desliar que me hago verdaderos nudos.

Voy a hacer un tremendo esfuerzo así que, por favor, cuando me vean tocándome el rizo de pensar, griten, háblenme o ¡digan algo! Ahora lo que me preocupa es que sin mi rizo ¿seré capaz de seguir pensando?