… y por fin llegó el milagro.

alegria Después de una tortuosa relación de amor-odio con la ayuda de renta básica de emancipación del gobierno, puedo decir que estoy un poco más cerca de volver a creer (algún lejano día)  en las ayudas sociales que divulga a plena voz  Zapatero.

Han sido 15 meses de espera, de retrasos injustificados, de llamadas sin fin, de escuchar voces sin solución, de recibir correos de gente en la misma situación… 15 meses de atender a explicaciones absurdas, de mover uno y mil papeles buscando en alguna parte el motivo de la espera…

Lo máximo ha sido escuchar la voz de semi-desesperación de la gente de la atención telefónica del servicio de la renta de emancipación. Me repetían una y otra vez que, después de los obstáculos previamente salvados, ya todos mis papeles estaban en orden y sólo tenía que esperar la transferencia con el dinero.

Literalmente una amable señora me dijo: “Hija, ya está todo en orden. No hay nada más que puedas hacer. La orden de pago está dada, así que sólo te falta sentarte a esperar en el banco de la paciencia”.

Esa frase me la dijeron allá por el mes de julio. Me senté en el banco de la paciencia después de haberlo encontrado a golpe de cabezazos contra varios muros. Y, una vez lo encontré, me senté a esperar.

Hace unos días llegó el ingreso. Por supuesto es una buena noticia, aunque no podía ser completa. El Ministerio de Vivienda (aún me pregunto para qué narices sirve) ha tenido a bien ingresarme el dinero que me debía de los 13 últimos meses.

Sin embargo, aún se reserva el pago de 2 meses (más los que discurran en adelante) para dentro de un tiempo. Yo sospecho que llevan demasiado tiempo sin escucharme y deben echarme de menos. Presiento que la relación de amor-odio se alargará un poquito más.

LA NO-RENTA BÁSICA DE EMANCIPACIÓN… y las tortas que me estoy llevando mientras la espero 11 meses después…

toi-negroTengo un cabreo con la Administración Pública de mil demonios. Pretendí escribir sobre el asunto ayer pero de mi boca no salían más que insultos encadenados, así que decidí esperar y frenar los sapos y culebras que iba a disparar de manera irremediable.

Empecemos por el principio. El pasado mes de junio decido cambiar de piso y abandonar la vida de comparto-piso-con-desconocidos-que-siempre-me-salen-rana. Después de la horrible tarea de encontrar un piso de precio lógico, comienzo los trámites para recibir la famosa ayuda al alquiler del Estado.

Descargo de internet los formularios que hay que presentar y la relación de toda la documentación necesaria. Me planto un día a primera hora de la mañana con todos mis papeles estudiados bajo el brazo. Y ahí llega… la primera torta en la frente.

La ventanilla no abre hasta las 10 de la mañana, pero no tengo por qué preocuparme si estoy perdiendo horas de trabajo… ¡¡hasta tengo suerte!! Así puedo ser de los primeros en coger número para ser atendida.

Después de dos horas mirando el techo del edificio y pasando sin interés las páginas de uno de esos odiosos periódicos gratuitos, llega mi turno. Me planto en la mesa de la chica que me atiende contenta. Iba a terminar pronto porque lo tenía todo en regla. Pues nada, segunda torta del día.

La señorita de la ventana: “Uf hija… Es que esos son los documentos que se piden desde el Ministerio, pero aquí la Junta ha hecho algunos cambios”

Una servidora: “Pero hombre ¿y eso no lo actualizan en internet?”

Nuevamente la señorita de la ventana: “Es que claro, esa página depende del Ministerio y ellos la actualizan con su información”

Decido que es mejor no entrar en este diálogo de besugos. Pregunto qué papeles me faltan y digo que volveré al siguiente día. Me marcho a casa, lo preparo todo y al día siguiente vuelvo a ir. Ahora ya no me pillan de novata levantándome tan temprano ¡ésta es la mía! Llegaré sólo con tiempo de coger número para la ventanilla que abre a las 10.

Cojo número, espero mi turno y me planto ante la señorita.

“Ay hija… no… es que aquí es para la primera tramitación… para entrega de documentación pendiente es allí”. Tercera torta. Miro hacia donde indica su dedo. ¡Perfecto! Cola de unas 13 personas. Me lleno de paciencia, espero, espero, espero… y al final lo entrego todo. Estamos a 9 de julio y ya tengo el sello que indica que mi solicitud está en trámite.

Pasan unos meses. Noviembre. Recibo la notificación de que la ayuda me ha sido concedida con fecha 9 de Julio. Estupendo. Todo cuadra. En breve me llegará una carta que tendré que entregar al banco para que gestione el pago del alquiler automático y a partir de ahí comenzará a llegar el dinero prometido.

La famosa carta no llega hasta enero. En febrero empieza a pagarse automáticamente el piso cada mes. Pero del dinero ni rastro. Llamo para preguntar qué sucede… “Uf hija… no te preocupes… Es que eso tarda unos meses… Danos plazo”. ¿Creía yo que iba a ser fácil? Cuarta torta.

En abril sigo llamando y en mayo, ante mi voz de desesperación, un telefonista me da la clave:

“No mira… es que desde que empieza el pago automático de tu piso por el banco tienen que pasar tres meses… Cuando lleves 3 meses pagando así, te empiezan a ingresar de manera automática”.

Vale, hagamos cuentas. Empiezo a pagar en febrero. Junio es el mes. Me tienen que empezar a pagar. 1 de junio, 2 de junio, 3 de junio, 4 de junio, 5 de junio…. Antes de que llegue San Fermín decido volver a llamar.

Quinta y definitiva torta. Llamo, explico todo y me contestan mediante una absurda conversación…

Telefonista: “Pero bueno chica, es que tú ya deberías estar recibiendo la ayuda… que ya han pasado más de 3 meses desde que hiciste el último trámite…”

Una servidora: “Pues eso digo yo… es lo que me explicó la última vez un compañero suyo… pero sigo esperando y nada”

Telefonista: “Claro, pero es que desde que solicitaste la ayuda no has llamado nunca por ninguna incidencia…”

Servidora: “¿Cómo que no he llamado? Más de 5 veces y de ahí que sepa todo el proceso y haya estado esperando los 3 famosos meses…”

Telefonista: “Bueno, puede ser… pero lo has hecho como consulta… no señalando que era una incidencia…”

Servidora (cada vez más negra): “¿Me está diciendo que ahora el fallo es mío porque he llamado más de 6 veces para preguntar pero no he dicho la palabra incidencia?”

Telefonista: “Yo sólo te puedo decir que ahora tenemos que ver cuál es la incidencia… y ya te llamaremos”

Tengo que esperar unos minutos para que revise todos mis datos. Repetir mi nombre, DNI, dirección del piso… Y al final para nada… Dicen que ya me llamarán para explicarme la incidencia.

He deducido que llamarán incidencia a la crisis, la falta de fondos… El caso es que yo sigo sin ayuda, cabreada cada vez más y encima han intentado que pase por tonta. Y todo esto, 11 meses después. El 9 de julio por favor felicítenme en mi primer aniversario de la no-ayuda del alquiler.