El día que internet perdió la virginidad

Si te preocupa lo que está pasando con internet y la #leysinde en España, creo que deberías leer este artículo que publica hoy Mangas Verdes. Para mí señala algunas de las grandes verdades, nos despierta, nos achucha, nos vapulea, nos zarandea, nos dice que hay que hacer más, nos recuerda que moverse en internet NO es aún suficiente.

Y lo hace de manera inteligente, con intención crítica al principio pero dejando claro cuál es el reto que tenemos por delante para triunfar en esta batalla.

Desengañémonos. Hoy no hemos perdido nada, no ha habido traición ni viraje, no hay derrota alguna ni Internet ha muerto más de lo que podría estar muerta ayer o tres meses atrás. El acuerdo PSOE-PP (PDF) para resucitar la ‘Ley Sinde’cerrar filas en torno a la industria y las gestoras de derechos, hace ya algunos años. Más allá de los disimulos y los paripés, de los amagos y de los titubeos, de las tomaduras de pelo a la comunidad internauta y de la ingenuidad acrítica de ésta ante ciertas farsas. Ni el PSOE ni el PP ni prácticamente ninguna formación que aspire a gobernar en España se ha tomado jamás en serio la modernización de los derechos de autor ni la defensa, en este ámbito, del derecho general frente al particular.

Internet ha perdido la virginidad: nos hemos dado cuenta de que tiene quien le escriba, pero no quien la defienda… ¿pero no quién la defienda?…

Creo que la auténtica lección que nos deja el acuerdo firmado hoy entre PSOE y PP es que hemos despertado de un sueño, del sueño de considerar que este debate podría resolverse de otra manera. De un modo diferente al que se está resolviendo en EEUU, Inglaterra o Francia. Que éramos capaces de convencer a los partidos de la necesidad de un cambio necesario y de progreso, evitando la confrontación directa en la aplicación práctica de una ley decimonónica y restrictiva en un medio transparente y de futuro como la Red. No es así. Hoy por hoy es imposible.

Pero este partido se va a jugar ahora en la Red y tengo para mí que son otros a los que aún les queda por perder una virginidad aún más dura y sangrante: la de comprobar el tremendo abismo que separa a la actual clase política de la realidad tecnológica, ideológica y cultural de su ciudadanía. La ciberciudadanía activa, crítica y consciente del siglo XXI. La ley es, simplemente, inaplicable, no sólo por sus posibles rasgos inconstitucionales, sino porque se enfrente a un medio ágil, inteligente y cambiante donde cualquier intento censor se transforma en papel mojado en cuestión de segundos.

Los defectos que ha mostrado la comunidad internauta para batallar en el mundo real son las mejores virtudes para alcanzar el éxito en el virtual. Para estos partidos, y sólo para ellos, será terrible comprobarlo.

Y no será porque no se lo hayamos advertido.

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