Viaje por Cantabria | Día 5: Picos de Europa, Covadonga y Cangas de Onís

Lo se. Esto llega con retraso, con demasiado retraso. Pero aún así, no quería dejar sin completar la publicación de la ruta que hemos hecho este verano.

Dejamos Cantabria temprano y ponemos rumbo a Asturias por la autovía en dirección a Oviedo. En el tramo en el que la autovía se convierte en carretera más vale armarse de una paciencia infinita. El denso y lento tráfico sólo se soporta gracias al camino que discurre en un entorno privilegiado. A la derecha, la playa con imperfectos acantilados y el cantábrico medianamente revuelto; a la izquierda, se levantan los imponentes Picos de Europa que presiden el paisaje.

Poco antes de llegar a Ribadesella nos desviamos hacia Arriondas y entramos en el Parque Nacional Picos de Europa. Después de poco menos de media hora, llegamos a nuestro hotel justo a la entrada de Covadonga.

Como de momento tenemos sol, decidimos subir a los Lagos de Covadonga, teniendo en cuenta que una servidora viene con la experiencia previa 3 años atrás de una tremenda mojada en este mismo sitio.

Nada más llegamos arriba, entendemos lo que nos ha dicho el conductor de que aquí “huele a la más pura Asturias”. Y Asturias huele a tierra y vaca. No es de extrañar, porque estamos rodeados de estos simpáticos animales y sus correspondientes moñigas.

Lagos de Covadonga

Dando el primer paseo, comenzamos a subir y atravesamos la antigua mina en dirección al lago Enol. Mientras camino, pienso en lo extraño que me resulta este paisaje si tengo en cuenta que esto en lo más alto de los Picos de Europa. Apuesto a que si no pusieran aquí de repente sin ver la subida, pensaríamos tranquilamente que estamos en medio de cualquier valle.

Decidimos alejarnos de las hileras de turistas. Buscamos un rincón junto al lago en el que sentarnos a cmer. Sólo tenemos que disfrutar del aroma y el paisaje, un tremendo espectáculo que nos tenía reservado la naturaleza.

Hey you!

Después de haberlo visto y disfrutado todo, comenzamos a bajar y perseguimos a alguna pobre vaca con la que hacernos una foto. Estoy cansada y pienso en los atrevidos ciclistas que consiguen llegar pedaleando hasta aquí.

A la vuelta, toca hacer la visita de rigor al santuario de Covadonga. Antes de subir a la pequeña y poco entrañable capilla excavada en la roca, hay que cumplir con la turistada. Beber en la fuente de los 7 chorros y lanzar una moneda de espaldas al manantial, petición de deseo previo mediante.

Covadonga

Para rematar el día, vamos a dar un paseo por Cangas de Onís. Superado el reto de aparcar aquí en agosto, vamos a ver el puente romano, una preciosa construcción de la Edad Media y de cuyo arco central cuelga una reproducción de la cruz de la Victoria, símbolo fácilmente reconocible de Asturias.

Después de caminar un poco por sus callejuelas y toparnos con algún bonito edificio, decidimos volver. Tras chocar con las masas de turistas, lo mejor es abortar el plan de tomar una sidra y optamos por una cena tranquila en el hotel. El último día de vacaciones se antoja duro con el esperado descenso del Sella en canoa. Después de todo, Sevilla nos espera y tenemos que llegar vivas.

Viaje por Cantabria | Día 4: La comarca de La Liébana

Salimos en dirección a UNQUERA por la autovía y tomaremos la N-621 hasta adentrarnos en el DESFILADERO DE LA HERMIDA, sin duda la carretera más bonita del interior de Cantabria. Entramos en la garganta del Río DEBA, una garganta de 20 kilómetros donde el río ha ido escarbando en las rocas calizas de las primeras montañas de Picos de Europa y tallando un precioso camino para sus aguas.

La carretera se estrecha tanto que obliga a ir a una velocidad que permite disfrutar del paisaje. Éste es un recorrido para memorizar bien en la retina, ya que lo estrecho del camino que discurre entre el río y las piedras de la montaña no permite bajar del coche para hacer una fotografía casi en ningún punto.

Desfiladero La Hermida

El Liébana aparece ante nuestros ojos como un fértil valle de tierra verde cuya belleza se antoja mimar para no alterar nada de su fisonomía. Este trayecto invita a la intimidad de uno consigo mismo. La serenidad, la quietud y el sosiego del campo alrededor acompañan a un aire saturado por el sencillo olor del campo y a una naturaleza con razones para presumir de exuberancia.

Acompañados por el Río Deba llegamos hasta LEBEÑA, donde hacemos un alto en el camino para visitar la Iglesia de Santa María de Lebeña, una preciosa y pequeñísima joya mozárabe del siglo IX que descubrimos en medio de la montaña rodeada de árboles.

Lebeña

Este monumento fue patrocinado por los Condes de Liébana con la intención de depositar en él los restos de Santo Toribio trayéndolos desde el monasterio donde se encontraban. Aunque no lo lograron, el lugar quedó como sitio de predicación y posteriormente de peregrinaje.

Desde aquí, seguimos por el desfiladero hasta llegar a Cabezón de Liébana, desde donde llegaremos a PIASCA, una diminuta aldea de apenas un par de casas que conserva un monasterio románico precioso, el Monasterio de Santa María, aunque de conservación dudosamente bien planteada.

Volvemos por FRAMA y nos dirigimos hacia POTES, plato fuerte del día, que se alza ya sobre el Río Quiviesa, y principal localidad de la comarca. Potes es una antigua ciudad militar y señorial que creció con el apoyo de Diego Hurtado de Mendoza en la época medieval, lo que nos hace entender su porte señorial e histórico.

Potes

El enclave es imponente; un sitio bordeado por los Picos de Europa que nos observan desde lo alto. Además de sus calles empedradas, destacan la Torre del infantado y la Torre del Orejón de la Lama, que presiden el viejo barrio con puentes que sortean el curso del río. Es un buen lugar donde comer, aún a riesgo de necesitar después un buen paseo por sus rincones y callejuelas para bajar entre las casonas la copiosa comilona.

Cantabria-4

Subimos después al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, gran centro de peregrinaje cántabro. desde la montaña en la que se eleva es posible ver todo el valle de Potes y situarse algo más cerca de los Picos de Eurpa que están erguidos a nuestra derecha. Cuenta la tradición que Santo Toribio refresó de su viaje a tierra santa portando importantes reliquias de alto valor que decidió proteger en este lugar construyendo un monasterio, a donde hoy llegan gran cantidad de peregrinos que caminan hacia Santiago.

Picos de Europa

Pensamos si acercarnos  Fuente Dé pero desechamos la idea. Lo que nos ofrecerá será una vista desde lo alto de los Picos y pensamos que eso podremos cubrirlo con la visita de mañana a los Lagos de Covadonga, ya en Asturias.

Terminaremos así un día dominado por impresionantes paisajes, profundos desfiladeros, ruidosas aguas y preciosas carreteras. Antes de volver a casa, y teniendo en cuenta que mañana abandonamos Cantabria, decidimos acercarnos a SANTANDER a dar un paseo.

Santander

Aparcamos el coche por la zona de El Sardinero y caminamos por el paseo marítimo que bordea la playa viendo toda la bahía. Desde ahí, vamos subiendo por la playa de la concha hasta llegar a la Península de la Magdalena, donde disfrutamos del Palacio Real y las preciosas vistas hacia la isla.

Decidimos no pasar por la zona del centro, porque en base a lo que nos han dicho, es todo comercios e intuimos, por lo visto hasta el momento, que Santander no es una ciudad de calles ni edificios especialmente bonitos, sino de paseos con el mar de fondo.

Así ponemos punto y final al día subiendo al Faro de Cabo Mayor y sorprediéndonos con la belleza de sus sugerentes acantilados.

Viaje por Cantabria | Día 3: Valle de Cabuérniga y la Costa Occidental (San Vicente de la Barquera, Comillas, Santillana del Mar y Suances)

Salimos en dirección a CABEZÓN DE LA SAL desde Torrelavega por la N-634, lugar que pasamos de largo hasta llegar a UCIEDA. En este punto, la carretera se convierte en un estrecho camino asfaltado con curvas que sortean las casonas típicas montañesas y bordean los muros de piedra que separan las fincas de ganado de la carretera.

Nos adentramos en el PARQUE NATURAL SAJA-BESAYA, también conocido como Bosque de Ucieda. Entramos en un tupido bosque verde y asombrosamente húmedo, por donde correo el Río Saja que nos acompaña en un agradable paseo a pie más que recomendable para empezar el día. La frondosidad apenas deja pasar la luz, aunque algún débil rayo se cuela por entre las ramas reflejándose en las brillantes hojas y dando aún más magia al lugar.

Bosque de Ucieda

Gracias a la humedad, los helechos se amontonan a ambos lados del riachuelo, las enredaderas diminutas y grandes trepan los troncos de los árboles y el musgo cubre sin excepciones piedras y raíces tiñendo de verde todo el panorama. Esto, unido al olor a tierra mojada que tanto me gusta, el sonido del agua correr y el ruido de los pájaros junto con algún que otro cencerro que suena a lo lejos, nos dan la tranquilidad para disfrutar de la mañana.

Bosque de Ucieda

Después continuamos camino a RUENTE, donde paramos para ver la famosa Fontona, un manantial natural que surge del interior de una pequeña cueva formando un riachuelo. A parte de que es un rincón acogedor, no hay mucho más con lo que entretenerse.

Nos ponemos en marcha hacia BÁRCENA MAYOR y atravesamos el VALLE DE CABUÉRNIGA por una carretera que se presta como de costumbre a la embobada contemplación.

En las distintas aldeas se dispersan valiosas construcciones representativas de la región. Las casonas populares se mezclan con los palacetes nobles formando conjuntos homogéneos donde la piedra de sillería y la madera de roble se convierten desde el principio en una constante.

Nada más aparcar en BÁRCENA MAYOR y ver la diminuta aldea que es a lo lejos, presiento que el lugar va a enamorarme. Me atrevería a decir que éste sea el pueblo cántabro de interior más auténtico y mejor conservado con el que voy a encontrarme.

A orillas del Río Argoza, nos ofrece un conjunto arquitectónico tradicional denso y concentrado en sus escasas pero maravillosas calles. Una aldea donde la piedra lo domina todo dejando en calles y casas el sabor de lo típico, lo rural y lo remoto; un lugar donde todo es tradicionalmente homogéneo, donde nada desentona y todo se cuida.

Barcena Mayor

Absolutamente todo es de robusta piedra y oscura madera, ambas cosas salpicadas de los colores de las macetas que adornan la balconada de cada casa. Un conjunto histórico típico de su lejano pero permanente origen rural y montañoso. Es una delicia pasear por sus calles hasta llegar al puente que cruza el río y darse un capricho culinario con una buena carne.

Vaques

De vuelta, atravesamos el resto del valle y llegamos a CARMONA. Sus calles esconden más casas adornadas con blasones familiares muy bien conservados. Además de ser casas algo más grandes que las vistas, ser una aldea más extensa y gozar de un enclave más bonito, no hay nada más que ver en detalle, a pesar de la tan pretendida fama.

Terminamos así la ruta interior y nos dirigimos a la costa, la que quizás sea la parte más conocida de Cantabria de todas las que vamos a visitar.

Comenzamos con una primera parada en SAN VICENTE DE LA BARQUERA, un pueblo marinero bañado por el agua de su ría y donde ¡no, no me encuentro con David Bustamante!

San Vicente de la Barquera

Comenzamos viendo el puente, la zona del puerto y un santuario bello por fuera pero de dudoso gusto por dentro. Además, conserva un curioso conjunto medieval de construcciones en la conocida como puebla alta, la zona antigua donde destacan un castillo del s.XIV y la iglesia gótica de Santa María de los Ángeles. No obstante, lo mejor aquí son las hermosas vistas de la ría desde lo más alto.

San Vicente de la Barquera

En la carretera desde aquí a COMILLAS paramos en un mirador para ver la costa y el paisaje del PARQUE NATURAL DE OYAMBRE, una de las zonas litorales más bellas de Cantabria donde conviven diversos ecosistemas de la costa en una exclusiva superficie de 5.000 hectáreas.

Oyambre

Llegamos a COMILLAS, antigua villa señorial y aristocrática de veraneo que vive su esplendor en el siglo XIX gracias al Marqués de Comillas. Un pueblo cuya entrada impresiona al contemplar la explanada que deja ver en lo alto el exquisito PALACIO DE SOBRELLANO y a su lado el CAPRICHO DE GAUDÍ, construcción que, de no ser por el nombre del arquitecto, pasaría bastante desapercibida.

Comillas

Desde aquí vemos en la colina frente a nosotros la UNIVERSIDAD PONTIFICIA, a la que decidimos no subir por estar en fase de reconstrucción, parcialmente tapada y rodeada de grúas.

Aquí las casonas rurales dejan paso a palacetes y casa nobles que convierten la localidad en un lugar más señorial. Terminamos en la empedrada plaza del ayuntamiento y nos marchamos.

Nos ponemos camino de SANTILLANA DEL MAR, una villa medieval de empedradas calles y casas y uno de los centros culturales de la comunidad. La villa se articula en torno a varios centros: la Plaza de las Arenas con la Colegiata de Santa Juliana, una villa sobria y elegante del románico cántabro; la Plaza de Ramón Pelayo y la Plaza Mayor.

Santillana del Mar

Es una localida preciosa que se hace complicado describir por su deliciosa sencillez. Sólo ver las casas, las calles y su perfecta conservación es impresionante. Además, se puede disfrutar de nobles edificios como el PALACIO DE LOS VELARDE, la CASA DE LOS HOMBRONES o LA CASA DE LOS ABADES. Hay que pasear, pasear y pasear y perderse por los rincones.

Sin tiempo de nada más y con el día totalmente exprimido, nos saltamos la visita a Altamira, algo que tampoco me apena teniendo en cuenta que la cueva original no puede visitarse.

En Santillana sólo pondría un punto negativo: hay que armarse de paciencia y respirar hondo para sobrellevar las masas de gente y sortear la enorme cantidad de turistas que abarrotan las calles.

De vuelta a casa, aún decidimos pasar por SUANCES. Paramos en UBIARCO para ver el acantilado y la ERMITA DE SANTA JUSTA refugiada entre las rocas. Terminamos el día viendo anochecer en el acantilado de la playa de los locos en Suances.

Ubiarco

Viaje por Cantabria | Día 2: Valles del Pas, Pisueña y Miera. Las Villas Pasiegas.

Salimos de Torrelavega por Vargas en dirección a Castañeda por la N-634. Nuestra primera parada será PUENTE VIESGO, una pequeña localidad que nos enseña lo que será una constante a lo largo de todo el día: pequeñas localidades ubicadas en preciosos enclaves naturales de extraordinaria y verde belleza.

Puente Viesgo

Es reseñable su iglesia, la arquitectura civil y el agradable paseo que ofrece caminando junto al río Pas que atraviesa el centro del pueblo. Es un sitio algo más turístico que lo visto hasta ahora, al tener un balneario y un hotel donde se aloja bastante gente; pero a cambio se pueden encontrar bastantes bares y rincones en los que tomar algo.

Puente Viesgo

Destacan las cuevas del yacimiento prehistórico de MONTE CASTILLO que coronan la montaña que se alza alrededor del pueblo. Este monte esconde en su interior un laberinto de 5 cuevas de 15.000 años de antigüedad: El Castillo, Las Monedas, La Pasiega, Las Chimeneas y La Flecha, aunque sólo las 2 primeras son visitables (aconsejable concertar cita en días previos).

La localización en un lugar estratégico desde el que se podía controlar el paso de las manadas que servían de sustento a los grupos humanos lo convierten en un fabuloso asentamiento y refugio, de forma más o menos continuada, de grupos que dejaron importantes vestigios.

Visitamos la Cueva Las Monedas, primero conocida como Cueva de los Osos por los restos encontrados de esqueletos de osos de las cavernas en su nave principal. Posteriormente, se cambiaría su nombre al hallarse en el interior de una fosa un lote de monedas acuñadas en tiempos de los Reyes Católicos perdidas probablemente por algún visitante en el s. XVI. La cueva esconde un auténtico espectáculo geológico. Columnas, coladas, estalagmitas y estalactitas llenan las distintas salas y niveles de la caverna donde los minerales colorean el blanco de la calcita dando lugar a deliciosas formaciones multicolores. Al final del recorrido vemos en una pequeña sala pinturas paelolíticas con 12.000 años de antigüedad, algo que nos invita a reflexionar sobre el progreso y la vida humana. Representan caballos, cabras, osos, bisontes e incluso renos; figuras todas que reflejan el medo frío que dominaba en el cantábrico a finales del paleolítico.

Desde aquí, tomamos dirección ONTANEDA, donde es agradable el paso por preciosas casas blasonadas. Desde ENTRAMBASMESTAS tomamos la CA-263 y nos adentramos en el VALLE DEL PAS. Ésta es una pequeña y preciosa carretera de montaña para disfrutar viajando despacio. Frondosa y verde vegetación alrededor; a la derecha remontamos el RÍO PAS que vemos en algunos tramos y adivinamos por el verdor en otros; un camino salpicado por las magníficas casonas de montaña que combinan robustas maderas y piedras junto a alguna que otra vieja ermita perdida en algún camino.

Vega del Pas

Después de disfrutar la carretera, llegamos a VEGA DE PAS, corazón del valle y reconocida capital cántabra del sobao pasiego y la quesada. Casas tradicionales con balconadas, preciosas vistas de la alta montaña, plaza central y calles empedradas. Un entorno espectacular y un pintoresco ambiente con sabor antiguo.

Vega del Pas

Nos ponemos camino a SELAYA por la CA-262, otra magnífica carretera de montaña para deleitar a los sentidos. Pasamos el Puerto de La Braguía, con miradores que ofrecen geniales vistas panorámicas al valle completo y sorteamos más casonas y gracioso prados en alto y laderas por donde pastan tranquilamente las vacas y ovejas.

Llegamos a SELAYA, donde el río PISUEÑA hace el valle pero donde ni siquiera se antoja parar el coche. Es una localidad demasiado urbana para la zona y con exceso de coches y gente.

Villacarriedo

Vamos directamente a VILLACARRIEDO a ver el precioso Palacio de Soñanes, hoy convertido en hotel, y la magnífica calle central con casas de balcones repletos de macetas que colorean el ambiente con geranios y orquídeas.

Palacio de Soñanes

Después de eso, ponemos rumbo a LIÉRGANES por la CA-260, quizás la carretera más bonita del día. El paso y el paisaje por el Puerto de Las Alisas es precioso. A pesar de las curvas y alguna nube que se empeña en fastdiarme la vista, merece la pena ir parándose a ver las perdidas y escondidas casonas pasiegas.

Finalmente llegamos a LIÉRGANES, la primera villa más señorial y monumental de lo visto hasta ahora. Después de un ratito de suplicio para aparcar, logramos bajar del coche y paseamos por las calles del centro llenas de casonas y algún que otro antiguo palacete noble. Una localidad perfectamente conservada cuyas calles y rincones conservan todo el sabor de lo antiguo. Son típicas las casonas con largas balconadas adornadas con flores y escudos familiares.

Es agradable el paseo hasta el puento para ver el paso del río MIERA y conocer la leyenda del hombre pez, sobre el que cuentan que se cayó al río y fue arrastrado por sus aguas hasta Cádiz. Es tradicional pasear por el mercadillo medieval y degustar un típico chocolate con churros. Nosotras llegamos tarde y nos lo perdimos.

Lierganes

Aquí ponemos punto y final a un día marcado por los paisajes repletos de verdes prados, elevadas montañas y ambiente típicamente rural donde os pueblos se diseminan en incontables casonas y cabañas.

En resumen, una ruta para vivir la cultura pasiega cántabra y para disfrutar de la tradición, que conserva la zona de su forma de vida tradicional por el aislamiento, dispuestos a pasar más de un rato mirando por la ventanilla del coche.

Viaje por Cantabria | Día 1: Cuenca del Saja-Besaya o la Ruta del Románico

Hoy es nuestro primer día por Cantabria y tenemos unas ganas enormes de empezar a ver todo. Aunque decidimos no madrugar, nos levantamos relativamente temprano para aprovechar bien.

Partimos de Torrelavega, capital del Valle del Besaya por la N-611 en dirección a Reinosa. Nuestro plan inicial es ir parando en todos los pueblos que encontremos entre estos dos puntos a lo largo del día.

Nuestra primera parada llega cerquita, en la Villa Real de CARTES, donde vemos las casas románicas montañesas del s.XII construidas en el antiguo camino real, vértebra principal (prácticamente única) de esta pequeña población. Cartes era el antiguo centro administrativo medieval de la zona. Disfrutamos de la calle estrecha, empedrada y repleta de coloridas macetas. Algún que otro vecino sale a la puerta haciendo gala de lo cuidado que está todo. Veo las primeras casas de piedra con balconadas balaustradas de madera y puertas pequeñas con arcadura coronadas por arcos y escudos familiares.

Villa Real de Cartes

Continuamos camino de RIOCORVO, una diminuta aldea al lado de Cartes por donde continúa el camino real que hemos visto. Mirando a nuestro alrededor, entendemos que las preciosas casas, las balconadas y las macetas se van a convertir en una constante en todo Cantabria. Nos quedamos mirando las casonas de los siglos XVII y XVIII organizadas en torno a una sola calle en lo que nos explican es la organización típica de aldea montañesa rural.

Villa Real de Cartes

Antes de seguir el camino, tomamos una carretera de apenas un par de kilómetros que nos lleva hasta YERMO. Tenemos nuestro primer contacto con el olor y  el color de Cantabria. Entendemos por qué nos han dicho que Cantabria huele a tierra y vaca y sabe a color verde. Más allá del bonito camino por carretera, no tiene demasiado que ver si tenemos en cuenta que su joya, la Iglesia de Santa María de Yermo, un antiguo monasterio del s.XIII que intuimos precioso, está cubierto de hierba y pastos y cerrado a cal y canto.

Seguimos bajando en dirección a Arenas de Iguña, por donde pasamos rápido porque no hay nada interesante que ver, y llegamos a MOLLEDO. De aquí me gustan las construcciones, esas casas que antes he descrito y que se apelotonan a los dos lados de la carretera. Pasamos la primera iglesia románica del día, la Iglesia de San Martín de Quevedo del S.XII, vemos algunas calles y continuamos hacia SILIÓ.

En el camino, merece la pena ir despacio en el coche para disfrutar del paisaje. Nos llaman la atención las grandes casonas, especialmente los jardines y terrazas que esconden tras los muros que las separan del asfalto. Conduciendo sin prisa, el camino se disfruta bastante porque sólo ver las casa merece la pena. Así llegamos a SILIÓ, una pequeña aldea donde es obligado visitar su iglesia románica de los santos Facundo y primitivo, una joya del s. XII guardada por una sosa y algo estúpida mujer a la que es mejor no hacer ni caso.

Iglesia Silió

Desde aquí, ponemos rumbo a BÁRCENA DE PIE DE CONCHA, una preciosa villa rural del s.XII que se brinda a un agradable paseo. Pasamos las calles más llenas (¡hasta aquí no habíamos visto a ningún turista!) y llegamos al puente que sortea el río que atarviesa la localidad. Llegamos a la Iglesia de San Cosme y San Damián, cuyo exterior da idea de lo bonito que debe ser un interior que nos perdemos por estar cerrado, según nos cuentan porque la autoridad religiosa competente en esa zona ha prohibido que entren turistas a fotografiar. Para terminar, seguimos subiendo hasta la antigua calzada romana y nos cruzamos con mimadas casonas montañesas y algún que otro vecino cabreado con los turistas despistados que saturamos su única calle donde sólo cabe un coche en una dirección.

Verde Cantabria

Decidimos parar a comer en REINOSA. La carretera que la separa de Bárcena de Pie de Concha también se presta al disfrute y el relax. Hay preciosas vistas de la montaña cántabra, la espesura de los árboles que se apelotonan en las laderas buscando el sol, el verde de nuevo, el río Besaya que va regándolo todo a la derecha y las vacas y caballos que salpican el paisaje. Una vez allí, paseamos por un pueblo bastante grande, donde lo que más merece la pena son las calles del centro donde se sitúan las construcciones oficiales y nobles típicas antiguas de la época bajo medieval (Plaza del Ayuntamiento, Iglesia barroca de San Sebastián y calles aledañas), las casas con galerías  y el puente que cruza el río Ebro.

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