Películas que ver antes de viajar a Irlanda

Me pasé 2012 en Irlanda. Vivía en Dublín, donde estudiaba inglés y vivía con una señora a la que todavía llamo mi madre irlandesa. Viajé muchísimo por todo el país, hablé con los irlandeses hasta agotarlos con mis preguntas y leí todavía más sobre un país que, a pesar de no haber despertado jamás mi interés previamente, me fascinó desde el primer momento.

Me enamoré de su gente, de su música y de sus paisajes. Vi muchas películas y de algunas escribí una breve reseña en el blog sin más pretensión que recordarlas. Si vas a viajar a Irlanda o piensas pasar una temporada allí, te gustará verlas. Al menos algunas.

1. Michael Collins

2. El viento que agita la cebada

3. Leap year

4. Once

5. En el nombre del padre

6. El hombre tranquilo

7. Mi pie izquierdo

Seguro que me dejo atrás alguna interesante que conozcas. Si es así, dímelo en los comentarios para poder verla ahora. ¡Gracias!

 

Social Business: el “It’s not the software stupid” y la importancia de la cultura corporativa

Uno de los grandes errores que comenten muchas compañías que quieren dar el salto hacia la Empresa Social es pensar que sólo con implementar las herramientas de las que muchos les hablan será suficiente. No es en absoluto así.

En post anteriores que he escrito para Zyncro ya he apuntado que ser una Empresa 2.0 es mucho más que usar herramientas sociales o abrir perfiles para hablar en redes con tus clientes o empleados. Las herramientas son sólo eso: el vehículo para lograr el objetivo que no es otro que transformar las organizaciones en estructuras más horizontales, mejor comunicadas, donde se intercambia el conocimiento y se promueve el aprendizaje colaborativo.

La implementación de una herramienta sin nada más llevará a la empresa al fracaso. Antes de eso es imprescindible un cambio de cultura de la compañía, un giro hacia una nueva forma de gestionar el negocio y las personas en el que la directiva debe tener un papel activo esencial para que los nuevos genes sociales se expandan al resto de la organización.

Hoy leía un artículo muy recomendable de Fernando Polo (@abladias) de Territorio Creativo que me ha hecho volver a reflexionar sobre este tema y que me ha hecho escribir este post. En él, Fernando mencionaba esa misma idea de que lo importante no es una herramienta, sino el cambio de cultura organizacional sin el cual la herramienta será un absoluto fracaso.

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3 cosas que tu empresa necesita para ser social

[Este artículo lo escribí y lo publiqué antes en Zyncro]

La Empresa 2.0 es una realidad desde hace ya varios años. El concepto de Social Business hace tiempo que dejó de ser una moda para convertirse en una realidad empresarial. Pero ¿sabes de verdad qué es ser una Empresa 2.0 y practicar el negocio social?

Algunos siguen pensando que esto va de tener cuentas en canales sociales como Twitter, LinkedIn o Facebook, pero no es así. Ser un negocio social es mucho más que estar presente en herramientas sociales. Ser una empresa social implica creer y poner en marcha un proceso de transformación de la forma de trabajar y hacer negocio de las organizaciones, aplicando las nuevas formas de comunicación de las redes sociales al mundo empresarial y aprovechando las oportunidades que brindan para transformar las empresas en organizaciones mejor comunicadas, más conectadas, colaborativas y productivas.

Cosas que tu empresa necesita para ser social

Ser un negocio social no es sólo una cuestión de herramientas. Implica un cambio cultural y de procesosque cambia la organización en todas sus capas. Una empresa 2.0 es nueva forma de comunicación, una nueva forma de gestión, una nueva forma de interación, una nueva forma de cooperación necesaria dentro de las compañías. Una evolución, al fin y al cabo, de los patrones empresariales tradicionales. De hecho, hay rasgos concretos que caracterizan a estas organizaciones y a los profesionales que trabajan en ellas.

Es necesario evolucionar hacia ese modelo empresarial pero ¿cómo se consigue?

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La Barceloneta, una historia de amor-odio

Una de las cosas que más aprecio de vivir en Barcelona es que sea una ciudad con mar. Cuando un día de invierno sale el sol, un largo paseo o una carrera por la playa rematado con una cerveza y un buen arroz suena a un plan perfecto. Y esto (saltándome la parte del arroz por falta de acompañante) es justo lo que he hecho hoy.

Sábado por la mañana, sol radiante y ganas de pasear. He cogido un libro, música y me he ido a la Barceloneta. Si le dices a alguien de Barcelona que esta zona te gusta, es muy posible que te mire con cara de ‘tío, cómo se nota que no eres de aquí’. Vale, es territorio de guiris de esos que salen a tostarse con bermudas y chanclas aunque sea febrero pero… ¿sólo por eso hay que robarle todo el encanto?

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Mi relación con la Barceloneta es de amor-odio. En otoño e invierno me encanta ir por ahí. Me relaja ver el mar, sentarme a leer con el sol dándome en la cara y el viento que te despeina, me invita a pensar y me anima a observar qué hace la gente que pasea. Pero es cierto que en verano puede ser uno de los lugares más odiosos de toda la ciudad; atestado de gente que quiere venderte algo, de turistas borrachos con la piel color gamba o de graciosillos que intentan ligar.

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Cosas que he aprendido en el último año

Creo que escribo este post para mí misma. Hoy se cumple justo un año desde que llegué a Barcelona y necesitaba hacer un balance personal de lo que ha pasado en este tiempo.

Hace 365 días aterrizaba con muy pocas ganas en una ciudad en la que no me apetecía estar. Lo hacía por un buen motivo profesional, pero en un momento en que lo que me pedía el cuerpo era estar en otra parte.

Por segundo año consecutivo, mi vida cambiaba un 6 de febrero. En 2012 ese día llegué a Dublín para pasar casi 9 meses allí que fueron estupendos. En 2013, el 6 de febrero volvía a reiniciar mi vida en un momento en el que estaba aprendiendo a disfrutar por primera vez de las pequeñas cosas.

Todo estaba bien en ese momento, salvo el trabajo. ¡Ups! Un factor importante. Así que cuando salió la oportunidad de incorporarme a un proyecto muy interesante en Barcelona, no pude negarme. Eso era lo que decía la parte racional de mi cabeza, el cerebro de la Ana profesional.

Venía con pocas ganas de estar lejos de aquellos a los que estaba logrando disfrutar tanto desde la vuelta de Dublín, así que eso lo complicaba todo. Tenía la sensación de que iba a costarme adaptarme a vivir en Barcelona (¡muchos me lo decían antes de llegar!) pero jamás me imaginé que los primeros meses me iban a resultar tan duros. ¡Jolín, que yo he sobrevivido a vivir en distintas ciudades y siempre sin problemas! ¿Por qué ahora iba a ser diferente? Pues sí, resultó serlo.

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