Películas para conocer Irlanda (VI): El hombre tranquilo

La primera película de John Ford de mi vida y no es western. Muchos querrán matarme. Sin embargo, creo que el comienzo de mi relación platónica con Ford ha sido el mejor. Resulta sorprendente descubrir que el maestro del western ganara todos sus Oscar en películas que nada tienen que ver con los indios y vaqueros: El delator (The informer, 1935), Qué verde era mi valle (How green was my valley, 1940), Las uvas de la ira (The grapes of wrath, 1941) y El hombre tranquilo (The quiet man, 1952).

Volver de Gallway y Connemara y ponerte El Hombre Tranquilo es una de las mejores cosas que puedes hacer.

Ford era hijo de inmigrantes irlandeses y sabía que le debía una película a su país. A los Estados Unidos emigraron masivamente los irlandeses y es por eso que el tema irlandés es recurrente el cine americano. Supone para muchos un regreso a sus raíces. Irlanda es el paraíso perdido, una tierra mítica, entrañable, que se perdió por culpa de la pobreza y la emigración.

Ford se fue al oeste del país con su nostalgia y rodó la vida cotidiana en el que podía ser un pueblo cualquiera. Allí da rienda suelta a su nostalgia por sus raíces celtas y a su añoranza de la Irlanda en la que podía haber crecido.

Contiene todo lo que uno tiene en la cabeza antes de venir a Irlanda: un pueblo perdido en medio de la nada, prados verdes, tormentas, acantilados que caen sobre el mar, puentes de piedra sobre lagos que aparecen a los pies de preciosas montañas, ovejas, pubs con cerveza negra, charlas de vecinos, canciones de borrachos en tabernas, peleas, protestas, católicos, IRA, ingleses…

Sean Thornton es un famoso boxeador que vuelve a Innisfree, a su casa de Irlanda que le vio nacer. Allí conoce a Mary Kate Danaher una joven pelirroja, intrigante y de gran carácter de la que se enamora. Sin embargo, el hermano de Mary Kate, un grandullón de gran peso en el pueblo, no ve con buenos ojos la relación y tardará en dar su aprobación.

 

 

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