A menudo, el estrés, la falta de tiempo y los agobios hacen que nos olvidemos de cosas básicas y nos anquilosamos en una rutina que difícilmente tratamos de romper. Cuando nos hemos acomodado en ella, la abrazamos como si fuese un cojín bien mullidito del sofá.

Era un domingo cualquiera, de un fin de semana cualquiera, algo monótono por haberlo pasado en encerrada en casa estudiando. Ella llevaba días aburrida, como desganada y hacía las cosas casi por inercia más que por ganas. Pero esa tarde de domingo hubo algo que la sacó de aquel aburrimiento y fue lo más sencillo del mundo: una sonrisa arrancada por una fugaz visita de sus sobrinos.

Sonreir

A veces, me gusta observar a la gente mientras se hacen fotos. Es curioso ver cómo unos se ponen delante de la cámara con desgana, algunos posan con indiferencia y otros se transforman con posturitas, muecas y sonrisas para recordar ese momento de la manera más feliz posible.

En Santillana del Mar, me encontré en una esquina con este padre que tardó unos 10 minutos en conseguir que los niños sonrieran del modo que él quería.

Sonriendo a papá