Lo tremendo del despido de Jorge Ibeas

Se que llego tarde a comentar esta noticia, pero no podía perdonarme el no haber dicho nada al respecto. Jorge Ibeas se ha convertido ya en algo así como un héroe del periodismo.

Ibeas trabajaba en Canal Bizkaia, una cadena en la que se han sucedido en los últimos meses los despidos. El último conocido ha sido el suyo. Después de que pusieran en la calle a 5 compañeros, Ibeas se atrevió a denunciar en su programa la disconformidad con estas decisiones y a criticar directamente la incompetencia de su jefe.

Obviamente, lo han echado por una falta grave y sin indemnización. Imagino que Jorge ya sabía que eso ocurriría mientras lo hacía, pero decidió irse cantando verdades y demostrando tener agallas. Por desgracia, cada vez más vemos que en el periodismo se buscan meros reproductores de notas de prensa y se crucifica a las mentes críticas, consecuentes y que quieren contar las cosas como de verdad son, sin maquillaje alguno.

Ha demostrado ser un profesional de raza y aunque muchos medios deberían estar rifándoselo, todavía sigue sin trabajo. Como dice Sergio, ése es el problema de las empresas periodísticas.


También Perogrullo ha dicho las cosas claras en este asunto

Cuanto mayor es el escepticismo de los periodistas, cuanto más crítica lleven puesta ente las orejas y menos se crean la propaganda y el masajeo de datos con que empresas, organizaciones e instituciones bombardean a los medios, mejor será el producto. La gente de la prensa tiene que ser agresiva, descreída, desconfiada y recelosa para que lo que escriben, presentan o locutan tenga algún interés. De lo contrario el periodismo que producen es banal, plano, una mera traslación de comunicados de prensa y relaciones públicas; en suma, algo carente de interés.

Pero es cierto que en el mundo de la empresa los Jorges Ibeas no son bien recibidos. Las empresas de la Era Industrial son estrictamente jerárquicas y conceden un valor desproporcionado a la obediencia y el amoldamiento a la cultura particular de la compañía. El conformismo personal se sobreentiende, valora y demanda; la crítica se rechaza y castiga.