Semana Santa ’08

Ésta ha sido mi segunda semana santa desde que vivo en Sevilla. Por motivos que casi todos conocéis, hasta hace unos años era una fiesta por la que sentía cierta indiferencia y que ahora empiezo a saber apreciar en su justa medida (lejos de palizas interminables, carreras continuas y otras agonías por el estilo). Está claro que es una fiesta que Sevilla vive al máximo y, al final, es una sensación de alegría que contagia a cualquiera.

 

Poco a poco voy aprendiendo a tener criterio y he llegado (con ayuda) a la conclusión de que me gustan las hermandades más sobrias, serias, rancias o como quieran llamarlas. Sin duda, la que me deja siempre con la boca abierta es El Silencio. Para mí, la mejor por encima del resto.

 

Ya tengo mis preferidas y también algunas que no pretendo volver a ver. Del domingo de ramos me quedo con la Amargura. Impresionante. El lunes me perdí Las Penas, El Beso de Judas y San Gonzalo que me encantan y tampoco he podido conocer Santa Marta en la calle, cosa que sospecho también me va a gustar. El martes me puso la carne de gallina Los estudiantes. La lluvia del miércoles me fastidió Los Panaderos.

 

Este año decidimos dormir unas horitas en la madrugá y levantarnos temprano. Eso implicaba perderme El Silencio, pero tocaba un poco de sacrificio… Los Gitanos en la cuesta del bacalao estuvieron sencillamente impresionantes.

Er Manué nos dejó sin palabras subiendo la cuesta como si andase, con la giralda al fondo y con una banda que se lució tocando. Como colofón, una de las vírgenes más guapas de Sevilla. Las fotos que hice con la Giralda de fondo lo dicen todo.

 


Para rematar, nos fuimos a Triana a ver la Esperanza. Tampoco vimos la Macarena, pero después de esperarla durante 3 horas el año pasado, merecíamos un descanso. De todos modos, lo eché de menos porque por la tele lucía guapísima.

Vimos a la Esperanza en el puente y nos fuimos a esperarla a la Plaza de Santa Ana tomando unas cervecitas en El Bistec. La espera fue demasiado; la hermandad estuvo más que informal. Desde que pasó el misterio (al que apenas hice caso) pasaron 2 horas hasta que llegó la virgen. Pero mereció la pena.

 

Resumiendo, estoy mutando a medio-cofrade. Jeje.

4 Comments

  1. A todo aquél que no comprenda la grandeza de esta semana le invito a que pase conmigo unas horas y se impregne de todo lo que se vive durante la misma en esta preciosa ciudad.

    Y a todo aquél que no haya descubierto por qué el Manuel quita el sentío le invito a que pase conmigo una mañana de Viernes Santo, cuando empieza a despuntar el día, con el frío aún calándote los huesos. Esa morena figura corta la respiración chicotá tras chicotá y el que diga lo contrario es que no tiene ni idea de qué significa el arte. Y su Bendita Madre tiene una finura que ya quisieran otras “grandes”.

    ¡Ole la Hermandad de los Gitanos! y, como dijo una mujer en la Cuesta del Bacalao, ¡Ole los guapos que tienen bonitos hasta los pies!

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  2. “Desde que pasó el misterio (al que apenas hice caso) pasaron 2 horas hasta que llegó la virgen”

    Debería ser pecado no echarle cuenta al Cristo de las Tres Caídas.

    Bienvenida al club. El próximo Jueves Santo a los Oficios, juas juas juas…

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  3. Mi querida Zapat, hay mucha gente que no tiene ni idea de arte, desgraciadamente, ¡no saben lo que se pierden!
    Yo he vivido una Semana Santa más tranquila que otras, pero todos los días he tenido una dosis de momentos que, como dicen los buenos andaluces, sólo se pueden vivir en la Andalucía Occidental, en la Semana Santa y en el Rocio, momentos que marcan un antes y un después, momentos que nos quedan en nuestra retina para toda la vida, momentos que uno tras otro componen y escriben nuestra historia personal.
    Este año, los resumiría con un “¡Ole el cristo de los Gitanos!

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