Savia llevaba unos días en producción y algo no cuadraba. Las visitas llegaban — mucho más de lo que esperaba para ser un proyecto que acabo de lanzar. Pero esas visitas venían de mis redes y de esta newsletter. Gente que me sigue, que quería ver qué estaba montando, pero que no tenía en muchos casos una intención real de registrarse. Era curiosidad, no demanda. Y eso era completamente normal y esperado.
Lo que no era normal era que, entre los que sí tenían intención, la conversión era bajísima. Un 17%. No tenía claro cuál era el problema exacto. Así que antes de tocar una sola línea de código, había que invertir tiempo en entender qué estaba pasando.
Esta era la landing en aquel momento, para que entiendas al final todos los errores que cometí y que no vi a tiempo.

Antes de tocar nada, hicimos wireframes y preguntamos
Diseñé tres versiones alternativas de la landing con conceptos y copy distintos para entender qué funcionaba y qué no, y qué dirección merecía la pena explorar antes de invertir tiempo en implementación.
Un concepto más funcional y directo. Uno con más voz personal, casi narrativo. Y uno híbrido que intentaba combinar lo mejor de los dos.

Con los tres conceptos listos, los mandé a una pequeña encuesta. La conclusión cuantitativa decía que la landing actual era la que más claridad y confianza generaba. Pero cuando leí los comentarios abiertos, vi algo diferente:
«El titular de la actual + el contenido de la versión híbrida». «Me gusta la fuerza del mensaje actual, pero la otra explica mejor cómo funciona». «Las frases que hablan a dos personas distintas a la vez no casan».
Y entre las respuestas, un tuit de David Alarcón, un ex-compañero de Factorial y un máquina de hacer landing pages, que me lo dijo sin filtros: «Tu landing habla a dos públicos a la vez. La información está mezclada.»
Yo había pensado en eso al diseñarla. Había procurado poner titulares que hablasen a los dos targets a la vez. Había puesto una sección que diferenciaba explícitamente entre mentor y mentorizado. Lo había resuelto, pensé. Pero era obvio que no.
Lo que se me había escapado es que esa sección diferenciada estaba demasiado abajo en el scroll. Todo lo que venía antes — el hero, el mensaje principal, la primera impresión — hablaba principalmente a uno de los dos públicos. Epic fail. El que llegaba con el interés equivocado se iba antes de llegar a la parte que era para él.
Eso es lo más valioso que puede salir de una encuesta pequeña: no el dato, sino el patrón. Y aquí el patrón era clarísimo: hablar a dos audiencias en el mismo espacio, sin separación explícita, no le habla a ninguna.
El insight que cambió la dirección
El aprendizaje que más me quedó es deceptivamente sencillo: un hero, un target. Cuando intentas hablar a dos audiencias en el mismo párrafo, no le hablas a ninguna.
Cada persona que llega a tu landing busca verse reflejada — quiere leer algo y pensar «esto es para mí». Si el primer mensaje que recibe mezcla dos necesidades distintas, ninguno de los dos se siente interpelado.
Para un marketplace two-sided como Savia, esto es especialmente relevante. Necesitas atraer a los dos lados. Pero intentar hacerlo simultáneamente, en el mismo espacio, con el mismo copy, no funciona.
Tienes dos audiencias con problemas y motivaciones completamente distintas, y una sola landing para captarlas. La tentación es hablar a las dos a la vez para no dejar a nadie fuera. El resultado es que no conectas con ninguna.
Lo que decidí hacer
Haciendo research de landings dirigidas a dos públicos distintos, encontré un patrón que resolvía exactamente esto: una sola landing con dos narrativas completas que se alternan según quién está mirando.
No dos páginas distintas. No dos rutas distintas. Una sola página que cambia todo su contenido — hero, explicación, pasos, CTA — dependiendo de si quien la visita es mentor o mentorizado. Y lo hace de forma explícita, con un toggle visible que dice: «Quiero mentorizar» / «Busco un mentor».

Es un patrón que tiene mucho sentido para nuestro caso. Cada audiencia ve exactamente lo que necesita ver. El mentor no tiene que filtrar información que no le es relevante. El mentorizado tampoco. Y nosotros no tenemos que elegir a cuál de los dos le hablamos — les hablamos a los dos, pero por separado.
El proceso de escribir el copy para cada versión me obligó a frenar y reflexionar. Cuando te obligas a pensar solo en el mentor, la pregunta cambia: ¿por qué alguien con experiencia debería dedicar tiempo a esto? La respuesta no es la misma que ¿por qué alguien que busca orientación debería fiarse de Savia? Son conversaciones distintas, y merecen contenidos distintos.
Después de muchas iteraciones de copy — más de las que me gustaría admitir — llegamos a los titulares que mejor capturaban cada perspectiva:
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Para el mentorizado: «Aprende de quien ya está donde tú quieres llegar.»
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Para el mentor: «Si crees que tu experiencia puede ayudar a alguien, probablemente tengas razón.»
Son frases que hablan a una sola persona. Y eso, al final, era lo que necesitábamos. La conversión ha mejorado. El feedback de personas a las que les pasé el resultado final es que funciona mucho mejor para entender de un vistazo que Savia va de dos tipos de personas que quieren hablar entre sí.
Si tienes curiosidad por ver cómo quedó completa, puedes verla en savia.company. De paso, puedes registrarte si te apetece mentorizar a alguien o ser mentorizado. O incluso si quieres ser la dos cosas 😉 Y si estás construyendo algo con dos audiencias distintas y tienes dudas de cómo comunicar a las dos sin diluir el mensaje, me encantaría saber cómo lo estás pensando.
Artículos anteriores de la serie:
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Artículo 2: Savia está viva. Y así empecé en Claude antes de escribir una sola línea de código.
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Artículo 3: La IA no te quita el trabajo de pensar. Te obliga a pensar mejor.
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Artículo 4: Antes de escribir código, necesitas fontanería.
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Artículo 5: Cómo cumplir con la regulación para un side project en 2 prompts y con un agente
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Artículo 6: Así implementé una feature crítica en 1 hora tras recibir feedback de un usuario
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Artículo 7: Un bug tonto que tardé 15 rondas en arreglar (y lo que aprendí sobre debuggear con IA)
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Artículo 8: Le pedí a la IA que me dijera qué había hecho mal. Y convertí su respuesta en instrucciones.


