De vez en cuando me gusta curiosear los enlaces de algunos de mis enlazados para ver si entre tanto enlace encuentro un enlazado que me lance un buen lazo y cace mi curiosidad.
Bien, como iba diciendo (y dejando a un lado la anterior gilipollez que sólo puede salir de mi loca cabeza un viernes por la mañana), me gusta curiosear los blogs que recomienda la gente a la que conozco. A menudo, encuentro bitácoras muy interesantes que después sigo lo más asiduamente que mi escaso tiempo me permite.
Así, he conocido a muchos. Esto tiene consecuencias. Por un lado, consigo enriquecerme gracias a lo que más gente escribe; por otro lado, tengo que repartir mi tiempo entre más páginas interesantes.
Fue de este modo como llegué hasta Albert Ferre. Lo conocí a través de Chiqui, al que a su vez había conocido a través de Rosa, a quien conocí en la facultad a través de Moeh (hoy mi mente está un poco liosa, perdonen). Desde entonces, no he dejado de leer las miniguías con las que nos enamora a los que tenemos espíritu viajero. La de Guatemala me trajo muy buenos recuerdos; muchas otras sólo han conseguido darme envidia sana y pensar en que me quedan muchos lugares a los que ir…
Me gusta su afirmación de que viajar es una gran fuente de conocimiento. Creo que tiene toda la razón. Yo no consigo hacerlo con toda la frecuencia con la que me gustaría, pero poco a poco voy conociendo cosas. Y creo que tampoco voy mal de momento. Lo único es que el dinero me limita los destinos. Pero espero empezar pronto con la larga lista de destinos pendientes. Si nada lo impide, pronto será Kenia o Tanzania (todavía está por decidir).

Hemos superado un año más la nochevieja en el Rocío. Buenos amigos, estupendos ratos, geniales recuerdos… Ahora sólo nos queda un poco de resaca y falta de sueño. Me lo he pasado bien. Lo malo ha sido la dura vuelta a la realidad esta mañana. Encima con lluvia intensa que no ha parado en toda la mañana. ¿Por qué en Sevilla llueve como si nunca antes lo hubiera hecho?