«La piratería no existe»

huella-digital-thumb2536043Mientras unos cuantos se afanan en seguir gritando a los cuatro vientos lo piratas que somos desde la ignorancia del nuevo mundo que está creciendo a su alrededor y que acabará comiéndoselos, hay voces que ponen cordura en todo este asunto. Escuchar que no somos piratas y que es la industria la que debe adaptar su modelo de negocio a los nuevos tiempos tiene mucho más sentido cuando quien lo dice se gana la vida escribiendo y publicando libros. Este artículo de Juan Gómez Jurado no tiene desperdicio. Los deberes que deja encima de la mesa son sin duda el mejor broche a todos sus argumentos.

5 propuestas para el crecimiento digital

  1. Creadores, abrid los ojos. Aprendamos nuestros derechos y las opciones disponibles para monetizar nuestro esfuerzo, que no son siempre las tradicionales. Internet es, ante todo, nuestro mayor portal de exposición, y el mayor mercado del mundo. Y aquellos que navegan por él no son ladrones, sino personas como nosotros, tan dignas como nosotros aunque su trabajo brille menos que el nuestro.
  2. Ejecutivos de la industria, estudiad los modelos que funcionan. No infravaloréis a vuestro público. No deis cosas por supuestas. La España de pandereta ya no existe. Vuestra nueva audiencia es el ciudadano digital, y este no tiene el toro encima de la tele, entre otras cosas por que es extraplana, ya no cabe. Buscad economías de escala, mejor vender cien mil copias a un euro que mil copias a diez. Y por encima de todo, no compliquéis las cosas intentando que no copien. Lo harán igual, pero si es difícil lo que no harán será comprar.
  3. Consumidores, tened presente que copiar no es robar, pero también que hay alguien detrás de los productos que nos hacen felices. Hay un escritor detrás de los libros, y todo un elenco detrás de una película. Si es posible y hay una alternativa sencilla a un precio razonable, cómprala. Mientras lo permita tu economía, opta por lo original. Y por favor, no digas que una película o un libro son caros para luego bajar al bar y tomarte tres mojitos a 5 euros cada uno.
  4. Políticos, cread programas para ayudar a los autores a monetizar sus contenidos. Incentivad la creación de modelos de negocio novedosos. Luchad contra el IVA del 18% en las descargas, contra leyes como el precio único. Reformad la ley de la Propiedad Intelectual desde cero. Abolid el canon digital.

Para todos, no insultemos. Intentemos ponernos en el lugar del otro, pues en la actual tesitura todos tienen parte de razón. Y sobre todo, escuchemos, debatamos y reflexionemos. Que no nos cuelen más mentiras y gordas.

Era medianoche en Bhopal

El proyecto de Union Carbide en Bhopal (India) terminó siendo una de las grandes catástrofes humanas de los últimos años. Sin embargo, lo que terminó en tragedia por una peligrosa secuencia de decisiones empresariales había empezado siendo un proyecto con un más que interesante equipo de profesionales detrás.

Conocer la historia de cerca ayuda a comprender la magnitud de la catástrofe, los horribles errores que se fueron sucediendo hasta desencadenar en aquella noche en que una nube tóxica mataba a miles de personas en esta región, pero también la historia de aquellos ingenieros y miembros de la dirección de la empresa que se fueron quedando en el camino por no aprobar las decisiones que conducían progresivamente a la fábrica a la degradación y el total abandono.

Nadie sabrá nunca exactamente cuántas personas fallecieron durante la catástrofe. Las autoridades, preocupadas por limitar la suma del reparto de las indemnizaciones, fijaron de manera arbitraria el balance en la cifra de 1754 muertos. Sin embargo, la realidad apunta a muchos miles más.

Se calcula que unas 8.000 personas fallecieron en las primeras 48 horas, 12.000 en 72 horas y casi 20.000 lo hicieron en las siguientes semanas.

Las cifras no tienen en cuenta que un gran número de las víctimas no se contabilizaron. Entre ellas se encontraban inmigrantes que no tenían domicilio fijo. Durante la mañana del 3 de diciembre, los supervivientes cuentan que los camiones del ejército se llevaban montones de cadáveres anónimos hacia destinos desconocidos. Durante las semanas siguientes, cientos de cuerpos aparecieron flotando en el río Narmada.

Según los datos de los que realizaron las cremaciones, más de 7000 cadáveres fueron quemados y la asociación de fabricantes de tejidos declaró haber proporcionado material para confeccionar 10.000 sudarios para las víctimas hindúes. Las autoridades pusieron en duda la veracidad de estas cifras porque decían que excedían el número de solicitudes de indemnización recibidas. Lo que decidieron no contabilizar fueron las familias que murieron al completo sin que quedase nadie con vida que reclamase tal indemnización.

No se ha promovido ningún juicio contra Carbide por el crimen en Bhopal. Ni el gobierno indio ni los abogados norteamericanos consiguieron que la justicia del otro lado del atlántico se declarase competente en una catástrofe que había ocurrido fuera del territorio de Estados Unidos. Tuvieron que pasar años de regateos y negociaciones para que la empresa norteamericana y el gobierno indio cerrasen un trato, a falta de un juicio en toda regla. En enero de 1989, Union Carbide ofreció abonar 470 millones de dólares de indemnización con la condición de que el gobierno indio rechazase toda acción judicial posterior contra la empresa y su presidente. La cantidad era seis veces menor que las compensaciones reclamadas; sin embargo, los abogados del gobierno de Nueva Delhi aceptaron la propuesta sin discusión.

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