GUATEMALA, ¿POR FIN?

Hace bastante tiempo recordé los numerosos problemas que vive este país. Aprendí a querer y recordar con enorme cariño a Guatemala después de haber pasado algo más de un mes trabajando allí con una Ong. Hoy me sigo preguntando ¿qué pasa con Guatemala?

 

El pasado 14 de enero tomó posesión como nuevo Presidente de Guatemala Álvaro Colom Caballeros tras de la celebración de las últimas elecciones. Derrotó en la segunda vuelta a Otto Pérez Molina.

 

Hay muchas esperanzas depositadas en su mandato. Cantidad de promesas que cumplir. Es el primer gobernante socialdemócrata en la historia guatemalteca y parece transmitir esperanza a un país que ha sufrido mucho. La población de Guatemala se enfrentó durante años a crueles dictaduras de militares, cuyo máximo exponente fue Rios Montt. Además, tuvieron que afrontar una larga guerra civil que dejó miles de muertos y desplazados. Las guerrilas de izquierdas se enfrentaron a los ejércitos de los dictadores. Los «gobiernos» hicieron duras reformas agrarias para los campesinos e indígenas buscando el favor del empresariado; a cambio, estos se organizaron para defender sus tierras. Como resultado, unos de los grandes genocidios de la historia de América Latina.

Ahora, con Álvaro Colom muchos recuperan la esperanza de un futuro mejor para un país ahogado por la inseguridad, el crimen organizado y las mafias, las maras, el narcotráfico y la violencia. En su discurso de toma de poder, habló de la llegada de una época de cambios y transformaciones; cambios hacia un gobierno socialdemócrata, con enfoque social, madurez y profesionalismo.

Tiene clara cuál va a ser su prioridad: gobernar para el que menos tiene. Ha dicho que mantiendo la unidad nacional y a todos los guatemaltecos por igual, empieza ahora el privilegio de los pobres, el privilegio de los sin-oportunidad. Se muestra convencido de que, dándole al que menos tiene, el país aprovechará mejor su potencial. Habla de reducción de la pobreza con responsabilidad económica, del apoyo al Estado de Derecho y la lucha contra las mafias y el crimen.

Es paradójico que Colom hablase en su discurso de privilegios para los pobres mientras llevaba en la muñeca un reloj de oro de 18.000 euros. También es paradójico que en su gobierno sólo haya un indígena, con todos los problemas derivados de la división étnica en la región. Bastenier habla en El País de Guatemala como un Estado fallido y se pregunta si será la Somalia de América Latina.

Aún así, creo que se merece un voto de confianza. Muchos dicen que su familia siempre ha luchado por el país. Colom es hijo de Antonio Colom Argueta y Yolanda Caballeros Ferraté, y sobrino de Manuel Colom Argueta, antiguo alcalde de Ciudad de Guatemala que fue asesinado por los militares en 1979 justo después de la creación de su partido político.

Mientras escribo esto, recuerdo las imágenes que tengo de Guatemala. Creo que tengo miedo a posteriori, de todo lo que nos pudo pasar. Sin embargo, no nos pasó nada. Estuvimos entre indígenas, en una zona perdida cerca de la frontera con El Salvador (una de las mayores zonas de narcotráfico), usamos transporte público, viajamos al interior del país, a zonas más turísticas, a zonas donde casi no había nadie…. Pocos meses después de venir, me enteré de que habían robado todo lo que había en uno de los centros sanitarios en los que estuvimos. Gente de los narcos. Abusaron de niños. De momento, no podré volver. Me quedo con cada recuerdo. Espero que por fin, haya llegado la hora de Guatemala.

 

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KENIA, ¿LA NUEVA RUANDA?

Puedo decir que «Hotel Rwuanda» ha sido una de las películas más duras que he visto. Coincidió que cuando fui al cine a verla acaba de terminar de leer «Ébano» de Kapuscinsky, donde uno de los capítulos sobre África está dedicado a contar de manera muy clara en qué consistió este duro enfrentamiento racial entre los tutsis y los hutus. Un auténtico genocidio que comenzó en 1994 tras el asesinato del presidente ruandés.

En abril de ese año el asesinato de Juvenal Habyarimana (de etnia hutu) desencadena una multitud de masacres en el país contra los tutsis obligando a un desplazamiento masivo de personas hacia campos de refugiados situados en la frontera con los países vecinos, en especial el Zaire. En agosto de 1995 tropas zaireñas intentan expulsar a estos desplazados a Ruanda. Catorce mil personas son devueltas, mientras que otras 150.000 se refugian en las montañas. Con la vuelta, comienzan los enfrentamientos. Hubo matanzas en ambos bandos, pero los tutsis fueron especialmente masacrados.

Hoy leyendo a Moeh me entero de que todavía continúan la división étnica en este país. Los niños visten distintos uniformes según sean hutus o tutsis. No puedo evitar ponerme a pensar en lo que está pasando ahora mismo en Kenia y establecer paralelismos que puede que sean equivocados o acertados.

Escucho en la radio que, si no se hace algo, Kenia puede acabar siendo una nueva Ruanda aunque más «moderada» (si es que este calificativo puede usarse cuando se trata de hablar de personas muertas). La violencia ha brotado en Kenia desde la celebración de las elecciones en el mes de Diciembre.

Los opositores de Mwai Kibaki salen a protestar porque las elecciones lo han dejado en el poder. El opositor Radila Olinga y el Movimiento Democrático Naranja quieren que Kibaki renuncie a la presidencia. Acusan al gobierno de fraude electoral y dicen que se niegan a permitir que Kibaki convierta su país en una dictadura.

Esta crisis está provocando el colapso de una de las economías africanas más estables. De ella dependen en parte algunas zonas de Sudán, Congo y Tanzania. El principal problema es la abrupta caída del turismo desde el inicio de las matanzas. Pienso en mi viaje a Kenia y Tanzania con mi familia. Me temo que no podremos ir este año. Habrá que esperar. Un sueño retrasado.

Como en Ruanda, hay dos bandos enfrentados. Como en Ruanda, hay matanzas y miles de desplazados. Obviamente, en Kenia la situación no tiene un tinte racial tan claro. Pero hay ya quien resalta que la mayoría de desplazados son de la etnia kikuyu, a la que pertenece el presidente Kibaki. Casualidad, o no. Además, hay voces que señalan que este conflicto se está convirtiendo en una excusa para las etnias enfrentadas para matarse mutuamente. La oposición mata a la etnia del presidente; los soldados matan a las etnias opositoras al presidente. Como mínimo, son percepciones a tener en cuenta.

Hay quien dice que no volverá a pasar lo mismo porque tenemos la experiencia de Ruanda. Pero por ahora ¿qué estamos haciendo para evitarlo?

Fotografía publicada en "El País"