Conocer Perú en 16 días

Ana Asuero viaje a Perú

Los que me conocen saben que una de las cosas que más disfruto haciendo es viajar. Hoy es ése día del año en el que tengo cosquillas en la barriga porque se que empieza una nueva aventura: viajar a otro país para descubrir otra manera de entender la vida, otras costumbres, otras gentes, otras ideas, otros paisajes, otros climas…

Llevo la maleta cargada con la ropa justa y un planning de viaje preparado con mucho trabajo para que todo encaje y podamos conocer a fondo uno de los países que tenía en mi lista de destinos por conocer antes de cumplir los 40 (¡ojo, que para eso aún queda!).

Llevo lo necesario: dinero, pasaporte, la guía Lonely Planet a la que siempre soy fiel y el Kindle lleno de libros de Perú. Y también lo más importante: la cámara de fotos, más baterías y tarjetas de memoria de las que necesito y un cuaderno en blanco que se convertirá en mi diario de viaje y al que dedicaré como siempre la última hora de cada día para pensar sobre lo que he visto, fijarlo en la memoria y escribir para después contarlo.

Voy a pisar sitios con los que he soñado mil veces: Arequipa, Cañón del Colca, Cuzco, Aguas Calientes… Voy a subir a MachuPichu, voy a dormir con los Uros en mitad del Lago Titicaca y voy a ver un trocito de Amazonas en Puerto Maldonado… Voy a hablar con mucha gente, a esquivar la mala uva de las llamas, a beber Pisco Sour y a comer ceviche y todo lo demás que caiga en mi plato.

Este año Agosto es para América y Perú, con permiso de mi querida África. Voy a pasarlo muy bien y prometo contar lo que pueda desde allí pero, sobre todo, disfrutarlo, fotografiarlo y fijarlo en la memoria para contarlo a la vuelta. ¡Allá vamos!

Libros que leer antes de viajar a Perú (I): “Lituma en los Andes” Mario Vargas Llosa

Libro Lituma en los Andes

Si vas a viajar a Perú y no sabes nada sobre Sendero Luminoso, la vida en las montañas de Perú, el drama guerrillero y las tradiciones de sacrificios y supersticiones heredadas de los incas, querrás leer este libro de Mario Vargas Llosa antes de viajar a Perú.

“Lituma en los Andes” habla de todos esos temas usando como excusa la estancia del sargento Lituma en Naccos, una pequeña población en mitad de los Andes donde los habitantes intentan construir una carretera que atraviese parte de la cordillera y sobreviven bajo la amenaza de los asaltos de los guerrilleros comunistas de Sendero Luminoso.

En otro tiempo Naccos fue un buen sitio para vivir. Pero ahora es más bien una ruina donde sólo quedan los que trabajan en la mina Santa Rita. Poco rastro hay ya de la comunidad campesina que vivió allí y que llenaba las calles de comerciantes de todas partes, comprando y vendiendo llamas, aplacas, lana, maíz, cebada, quinua, sombreros o incluso lámparas.

Ahora la muerte le ha llegado a este pequeño rincón en el mundo donde ya nada sirve. Y Vargas Llosa utiliza esa decadencia para contarnos a través de estos personajes la vida en aldeas andinas en las que no sucede nada más que la rutina y donde sólo prevalecen el miedo a la guerrilla y las tradiciones incas que hablan hasta de sacrificios humanos para los dioses de la naturaleza.

ARGUMENTO

Lituma en los Andes cuenta la historia del cabo Lituma, quien, junto con su compañero, el guardia Tomás Carreño, llamado también “Tomasito” o “Carreñito” (ambos pertenecientes a la Guardia Civil), es destinado para servir en un puesto olvidado en Naccos, un pueblito de la sierra central del Perú, en medio de la guerra desatada por el grupo terrorista Sendero Luminoso. Allí se dedican a investigar la misteriosa desaparición de tres personas: el mudito Pedro Tinoco, el albino Casimiro Huarcaya y el capataz de la obra de carretera, Demetrio Chanca.

Esta investigación la realizan bajo la amenaza constante de los senderistas (autodenominados “guerrilleros”), quienes tratan de oponerse al sistema y al gobierno por medios extremadamente violentos y crueles. Las pesquisas de los dos protagonistas sacan a la luz extrañas y lúgubres leyendas andinas en torno al llamado pishtaco, especie singular de asesino que extrae la grasa a los hombres y practica el canibalismo, y a quien se le acusa de las desapariciones.

Sin embargo, Lituma se muestra escéptico y conjetura que los senderistas son los responsables de dichas desapariciones. Pero uno de los barreneros o peones de la carretera confiesa finalmente que los tres desaparecidos habían sido sacrificados a los apus, las deidades tutelares de las montañas, según la cosmovisión andina.